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Los medios de comunicación y las relaciones internacionales en el siglo XXI

La extensa gama de medios de comunicación, incluidas las redes sociales, resultan ser insuficientes para dar cobertura cabal a la intrincada red de relaciones entre sujetos internacionales -o nacionales pero con resonancia hacia lo externo- que se…

La extensa gama de medios de comunicación, incluidas las redes sociales, resultan ser insuficientes para dar cobertura cabal a la intrincada red de relaciones entre sujetos internacionales -o nacionales pero con resonancia hacia lo externo- que se tejen a diario en esta segunda década del siglo XXI.

Esto implica la idea de que, independientemente de que el producto derivado de la relación de estos sujetos sea beneficioso o perjudicial para la comunidad internacional, no hay forma posible de mantener a la opinión pública interesada hasta el final solo en un evento o en una serie de eventos en particular.

La semana pasada, por ejemplo, hablábamos de la peligrosa tendencia hacia la que los conflictos en Siria y Yemen empujan a países con poderío nuclear así como la estela de víctimas que se producen en esa región a diario.

Habíamos visto que esa semana el tema del conflicto en Yemen por primera vez era titular de noticias en distintos periódicos y medios de comunicación desde la primavera árabe, sin embargo ese país es asediado constantemente por ataques de una coalición de países árabes que desde marzo de este año combaten a los hutíes luego de que estos se hicieran con el gobierno.

La crisis que vive ese país es inescrutable. Millones de niños –adultos también- según datos de la ONU, son víctimas, no solo del conflicto armado, sino del estado de hambruna generalizada que padece.

Estos elementos no habían sido suficientes para que los medios se interesaran en ellos. Solo el ataque a un bombardero estadounidense y la respuesta inmediata de fuego hacia territorio yemení, atrajo de nuevo la atención de los medios hacia Yemen.

Antes de escribir este artículo he hecho una búsqueda rápida por algunos medios de importancia. Sorprendentemente, lo que pasa en Yemen ha salido del foco de atención y ninguno de los medios consultados toca el tema. Esto evidentemente se debe a distintas razones, a algunas de las cuales me referiré pues llaman particularmente mi atención.

En primer lugar, la fatiga de la compasión que sufre el mundo trae como resultado que la opinión pública internacional vea con ojos de resignación las montañas de escombros y víctimas que dejan los bombardeos alentados por las potencias en zonas en Alepo.
Hemos llegado incluso a percibir como eventos normales las filas de cadáveres –de niños en su mayoría de veces- envueltos en sábanas ensangrentadas en cualquier parte del golpeado medio oriente.

En segundo lugar, las relaciones entre humanos como entre Estados –y ahora entre Estados y grupos terroristas- son siempre dinámicas, nunca estáticas, por lo que, aun cuando interese al mundo lo que pasa en Yemen, no puede abstraerse de observar con cierto interés la multicolor cruzada -de enemigos entre sí incluso- que avanza desde hace unos días hacia la ciudad de Mosul en Iraq a tratar de desalojar de allí al autodenominado Estado Islámico.

Y al hablar de Mosul entonces y al ver que todos los medios de comunicación acompañan como si de una película hollywoodense se tratase la ofensiva de aliados en Irak uno podría pensar que esto ha sido porque de alguna forma milagrosa la crisis en Yemen ha amainado y que menos dolor ocurre en estos días en Siria, por lo que, en masa han decidido ir detrás de donde sí es necesario estar para informar.

Sin embargo, lastimosamente no es así y es esto lo que, en tercer lugar sucede con la información, que -atiborrada de intereses- se mueve de un punto a otro en el globo terráqueo, sin que algunos se percaten de que a alguien le conviene que el foco se ponga en Mosul, en momentos previos a unas sonadas elecciones.

Lo que sucede en Medio Oriente es preocupante. No importa que sea Yemen, Siria, Mosul o Irán. Las relaciones internacionales allí son difíciles de definir sobre todo cuando confluyen tantos intereses al mismo tiempo, no solo confesionales, sino de cualquier tipo imaginable.

Otros frutos de las relaciones internacionales

Paralelamente a lo que marcados intereses engendran como resultado de su interacción en el convulso Medio Oriente, hay otros productos interesantes de las relaciones internacionales que privilegian la vida de la gente y que por igual, merecen contar con todo el apoyo.

La cooperación y la solidaridad son algunos de estos productos. La sinergia positiva que se genera entre los Estados posibilita la germinación de políticas o de acciones directas por un entorno más justo, más inclusivo y progenitor de mejores repuestas a las necesidades de la gente.

En la cobertura a estos otros frutos de las relaciones internacionales debe tomarse en cuenta el contexto en el cual se desarrollan las diferentes acciones, de manera que no se caiga en la vorágine inmediatista de dar preeminencia a elementos que enturbian la esencia misma de la acción.

Extenderse la mano en momentos de situaciones de emergencia es uno de los deberes más sagrados de los Estados, independientemente de que haya que cubrir para ello un proceso jurídico legal que no solo legitime la buena acción sino que preserve en buen estado las relaciones bilaterales.

La ayuda que la República Dominicana ha prestado a Haití en momentos de crisis –no solo en la actual situación con respecto al huracán Matthew- ha surgido siempre del espíritu solidario del pueblo y Gobierno dominicano.

Lo que debe importar es que como país cumplimos con un deber sagrado no solo como miembros de la comunidad internacional, sino como países vecinos, aunque eso no implique desconocer que las formas de hacer las cosas pueden siempre mejorar.

Las críticas son el resultado de la lucha de poder que tiene lugar en Haití previo a las elecciones del próximo 20 de noviembre. Los estrategas del marketing político coinciden en que la percepción de la existencia de un enemigo exterior incide directamente en los resultados de las elecciones y, para ello, República Dominicana no podría ser mejor candidato. 

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