El país de lo pendiente

Con el natural proceso de nuevas necesidades de la sociedad dominicana, en contraste con las eternas soluciones aplazadas, parecería que el…

Con el natural proceso de nuevas necesidades de la sociedad dominicana, en contraste con las eternas soluciones aplazadas, parecería que el nuestro, a diferencia de el de Alicia y sus maravillas, es el país de lo inconcluso, de lo tardío, de lo inacabado, tierra de lo pendiente.

Hace muchísimos años que los ladrones de accesorios de vehículos realizan sus ilegales tareas con absoluta impunidad, con ventas a la vista de todos y conocimiento de cuantos han pasado por los más altos niveles de la Policía, habiendo realizado uno que otro “operativo”, vendaval transitorio que nada resuelve y da carácter de eternidad al “negocio”.

Ayer, eran los “tapabocinas” que en la Avenida Kennedy le sacaban la lengua a sus propietarios reales mientras sujetos en “tricículos” los exhibían en cromado despliegue comercial y donde tantos tuvimos que recomprar los propios.

Hoy, con negocio crecido y establecimientos multiplicados, son gomas de repuesto, espejos, esquineros, adornos, remates, símbolos cromados y accesorios, que se “esfuman” como por arte de magia y que desaparecidos, se materializan en lugares de expendio en la Moca, José de Js. Ravelo, Marcos Ruiz, o en Villa Consuelo, La Fe, en la Capital. Inferimos que en cada ciudad dominicana, tienen sus espacios elegidos.

Toyota, Renault, Nissan, Hyundai, Khia, escogidos por la “facilidad” con que son removidas las partes de interés, deben evitar zonas particulares: Gazcue, Ciudad Nueva, Naco, Piantini, preferidas pero no exclusivas de ladrones con técnica, conocimiento y habilidades para la sustracción.

En las propias casas distribuidoras remiten a los afectados a los “negocios” ilegales para reponer lo desaparecido. De cualquier marca, una caja de espejos para que usted “coja el que le gute” y luego el regateo, con pleno conocimiento de ambos, del costo real “en la casa”, sin que el “vendedor” pueda mostrar “recibos”, ni facturas de compra, en la subterránea operación mercantil.

Inconcluso también, es el proceso de la AMET, institución con orígenes de innovadora concepción sustitutiva de la de-sacreditada Policía de Tránsito, con mística, autoridad, credibilidad y gerencia moderna.

Tras un proceso de degeneración, como simple departamento de la PN, anquilosada, con escasa valoración ciudadana y marcada por abusos de autoridad, por ineficaz, por no enfrentar los problemas nodales de un tránsito vehicular, que luce quedarle grande; por complicar situaciones y su peculiar horario de trabajo, inexplicable concentración en esquinas donde lucen indiferentes y entretenidos, ajenos al caos vehicular.

Cuerpo “especializado” con agentes femeninas que se destacan por su poca cortesía y abundantes atropellos, extrañamente potenciados cuando el “infractor” es mujer, a la que “le caen como lo pavo”, en grupo. l

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