Salud pública

Los datos que viene publicando este diario sobre enfermedades catastróficas que afectan a los dominicanos tienen que ser, necesariamente, motivo…

Los datos que viene publicando este diario sobre enfermedades catastróficas que afectan a los dominicanos tienen que ser, necesariamente, motivo de preocupación, de los ciudadanos simples y de las autoridades que tienen la  responsabilidad de velar por la salud colectiva. De acuerdo con los trabajos de Yanet Beltré, 3 millones 500 mil dominicanos, 35%, padece de hipertensión.

Agreguemos que no menos de un diez por ciento padece diabetes. Habría que pensar en el subregistro o en la inmensa cantidad de personas que no practican salud preventiva.

Probablemente, las agencias públicas de salud no se perturban demasiado, porque estamos dentro de ciertos parámetros globales. Estudios de la ONU indican que uno de cada tres adultos en todo el mundo tiene la tensión alta,  causa de muertes por enfermedades coronarias o cerebrales. 

Algo similar pasa con la diabetes, que uno de cada diez adultos en todo el mundo la padece. En el país igual andamos. Se puede decir que la diabetes y la hipertensión se dan la mano. Una diabetes no controlada termina generando problemas cardíacos, fallos renales y ceguera. Y ni hablar de los altos costos para mantenerlas a control.

Los programas públicos de asistencia médica para estos casos no existen y apenas dan para atender otras enfermedades a las cuales se les da algún seguimiento, a través de un programa denominado “Enfermedades Catastróficas de Alto Costo”, que no alcanzan necesariamente la dimensión de estas epidemias globales.

Si bien el estado no tiene capacidad para asistir a todos hipertensos y a los diabéticos, sí puede hacer mucho para evitar que tantas personas padezcan esas enfermedades. También puede contribuir a que muchas personas traten de acudir a los centros de diagnóstico para conocer su estado de salud, a tiempo.

Los programas de educación en salud mediante el uso de los medios electrónicos, acerca de los estilos de vida y de alimentación sana, podrían ayudar en ese sentido. Resultarían mucho más baratos que los costosos programas de asistencia a través del Seguro Familiar de Salud subsidiado. Serían muy útiles también para los exiguos bolsillos de los ciudadanos en general.

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