Santo Domingo, ciudad de primacías y promesas

Introducción

ESanto Domingo, además de ser la capital política de una nación, es la ciudad madre de la fe cristiana en América. Todo en ella habla de comienzos, de raíces, de primacías. Aquí floreció la primera diócesis del Nuevo Mundo, la primera catedral, el primer monasterio, la primera universidad, el primer hospital, entre muchas otras cosas, y desde aquí se organizó la primera gran obra misionera del continente.

Fundada bajo la protección de Santo Domingo de Guzmán, padre de una Orden llamada a predicar la verdad con caridad y firmeza, la ciudad recibió desde el inicio una orientación clara: ser un estandarte de fe, cultura, predicación y misericordia en medio del naciente mundo americano. La herencia dominicana, en el sentido espiritual y carismático del fundador, marcó el rostro de la ciudad desde sus primeros días: una fe profundamente doctrinal, atenta a las realidades sociales, con vocación de formar conciencias y estructuras.

Cercanos a celebrar la fiesta litúrgica de Santo Domingo de Guzmán y un aniversario más de la fundación de la ciudad, debemos sentirnos llamados a custodiar y actualizar esa vocación original. Las primacías de Santo Domingo no deben dormirse en la nostalgia, deben convertirse en impulso para seguir siendo una Iglesia en salida, con la sabiduría de la tradición y la audacia del primer anuncio. Esta ciudad, bajo el amparo de su santo patrono, está llamada aún a ser madre, cátedra y taller de evangelización para la nación y para América.

1- Primera ciudad del Nuevo Mundo
Santo Domingo fue la primera ciudad fundada de manera permanente por los europeos en América. Establecida en 1498 por Bartolomé Colón, y refundada por Nicolás de Ovando en 1502 en la margen occidental del río Ozama, fue desde sus inicios el centro administrativo, económico y religioso del incipiente mundo colonial. Esta ciudad fue el modelo sobre el cual se construirían luego las demás ciudades del continente.

El hecho de ser la primera ciudad implica una responsabilidad cultural y espiritual. Aquí comenzaron los primeros intentos de organizar una sociedad con estructuras civiles, jurídicas y eclesiales. Aquí se escucharon las primeras homilías en castellano sobre suelo americano, se impartieron los primeros bautismos, se celebraron las primeras misas, y se soñaron los primeros seminarios. Esta ciudad fue el germen de una civilización cristiana que intentó, en medio de luces y sombras, dejar una huella de fe.

2- Primera diócesis del Nuevo Mundo
Una de las primacías más relevantes de Santo Domingo es su condición de sede del primer obispado del continente. La bula Illius Fulciti Praesidio del Papa Julio II, en 1504, reorganizó las primeras circunscripciones eclesiásticas de América y confirmó a Santo Domingo como diócesis principal. En 1546, el Papa Paulo III la elevó a Arquidiócesis Metropolitana, concediéndole el título de Primada de Indias, una distinción que aún conserva con legítimo orgullo.

Desde Santo Domingo partieron los primeros misioneros hacia otras islas del Caribe, a México, Centroamérica y Suramérica. Desde sus púlpitos, sus seminarios, sus conventos y catedrales, se formaron los primeros pastores de América. Por tanto, el título de Primada es una llamada constante a ser guía y referencia.

Hoy más que nunca, esta arquidiócesis está llamada a vivir con coherencia y alegría su primacía no como privilegio, sino como servicio.

3- La primera catedral
Uno de los símbolos más visibles y elocuentes de la primacía de Santo Domingo es su Catedral Metropolitana, consagrada a Santa María la Menor. Fue comenzada en 1512 y concluida en 1541. Es la primera catedral del continente americano, y su arquitectura de piedra coralina guarda siglos de oración y de historia.

Allí han sido ordenados obispos, han sido acogidas delegaciones, se han despedido santos y se han sostenido generaciones de fieles en medio de guerras, ciclones y pandemias. Su campanario ha sido testigo del nacimiento de la nación, de su fe, de sus luchas y de su redención.

La Catedral, podríamos decir con toda verdad, es un sacramento de la memoria. Cada piedra habla de generaciones que creyeron, trabajaron y oraron. Y frente a ese altar mayor, todavía hoy se arrodillan los fieles para pedir la intercesión de la Virgen María, Reina de la Paz.

4- Universidad y evangelización del pensamiento
Entre las grandes primacías de Santo Domingo se encuentra también la fundación de la primera universidad del continente: la Universidad de Santo Domingo, erigida en 1538 por bula del Papa Paulo III. Nacida del esfuerzo intelectual y misionero de los dominicos, esta casa de estudios fue semillero de saberes humanos, pero también guía de formación cristiana de quienes tendrían la misión de guiar los destinos de estas tierras.

Desde sus aulas se impartía también una visión cristiana del mundo, una comprensión del ser humano a la luz del Evangelio, una ética que buscaba humanizar los procesos coloniales. Allí se discutieron los derechos de los pueblos originarios, la dignidad de la persona, la necesidad de formar pastores con criterio, ciencia y corazón.

Hoy más que nunca, necesitamos retomar esa vocación. En un mundo donde las ideologías confunden y donde la cultura a menudo se fragmenta, es urgente recuperar espacios donde la fe y la razón dialoguen con profundidad. Santo Domingo puede, y debe seguir siendo una ciudad donde el pensamiento cristiano tenga voz, rigor y belleza.

5- Tierra de predicación profética
Uno de los momentos más luminosos y desafiantes de la historia de Santo Domingo fue la profética predicación de fray Antonio de Montesinos en el Adviento de 1511. Desde el púlpito del convento dominico, este fraile levantó la voz en defensa de los indígenas, denunciando con valentía las injusticias cometidas contra ellos.

Aquella homilía, pronunciada a pocos años del descubrimiento de América, es considerada el primer grito a favor de los derechos humanos en el continente. No fue bien recibida por todos, pero quedó como semilla evangélica en la conciencia cristiana. Desde entonces, Santo Domingo carga el honor y el deber de ser ciudad que custodia la dignidad humana. Es misión permanente de nuestra Iglesia local que la voz profética no se apague, que la fe nunca se divorcie de la justicia.

6- Santo Domingo de Guzmán, modelo y patrono para la ciudad
Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, fue un hombre enamorado de la verdad, lleno de misericordia y apasionado por la salvación de las almas. Su carisma se tradujo en una manera concreta de evangelizar: con inteligencia, con humildad y con ardor apostólico.
Los frailes dominicos que llegaron a la isla trajeron el nombre de su fundador, y también su estilo. Fundaron conventos, predicaron, promovieron el estudio y defendieron a los más débiles. Esa herencia permanece. Celebrar al santo patrono de la ciudad es renovar el compromiso de vivir la fe con la radicalidad evangélica que él vivió.

7- Una ciudad que debe seguir evangelizando
No basta con haber sido la primera, hay que seguir siendo fuente. Santo Domingo tiene la vocación de irradiar luz al resto del país y del continente. Por su historia, por su peso cultural, por su papel eclesial, está llamada a ser centro de renovación pastoral, de formación cristiana, de envío misionero.

Desde sus seminarios, universidades, movimientos apostólicos, parroquias y comunidades religiosas, la capital puede seguir nutriendo de fe a muchas otras regiones. Pero para eso necesita una vida interior robusta, una pastoral dinámica y una comunión profunda entre pastores y fieles. Si esta ciudad vuelve a escuchar la voz del Espíritu, será nuevamente “cabeza, madre y maestra” de muchas Iglesias hermanas.

Conclusión

CERTIFICO que al celebrarse próximamente la fiesta litúrgica de Santo Domingo de Guzmán y la celebración de un nuevo aniversario de la ciudad que lleva su nombre, he querido refrescar algunos datos sobre sus primacías y promesas de lo que debe ser y seguir siendo.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los dos (2) días del mes de agosto del año del Señor dos mil veinticinco (2025).

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