Quien fue niño, ha vivido la plenitud. De algún modo ha sido rey, héroe, astronauta, ha tenido cien amigos y ningún enemigo.
Dejó todo su ser en la mejilla de “alguien” con un solo beso, experimentó que con un abrazo puedes poner el mundo en sus bolsillos, comprobó que el universo le obedece solo porque vio caer una estrella, y porque Dios le contestó una oración enviada en un globo.
Ser niño es disfrutar tu risa aunque nadie más ría, cantar como el mejor sin necesidad de afinar, volar con el pensamiento, acariciar tan solo con la mirada, y creer que se puede obtener cualquier cosa solo porque Dios es tu Padre.
“De los tales es el reino de los cielos”, dice Mateo 19:14.
