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El tortuoso camino hacia la paz

En los días posteriores a la celebración del plebiscito en Colombia, cuyos resultados son hartamente conocidos, han sido muchos los argumentos explicados como elementos causales y como posibles consecuencias que derivarán de éstos.

En los días posteriores a la celebración del plebiscito en Colombia, cuyos resultados son hartamente conocidos, han sido muchos los argumentos explicados como elementos causales y como posibles consecuencias que derivarán de éstos.En esta entrega quisiera aportar unas ideas adicionales a la discusión, algunas de las cuales he tocado de forma somera en otros artículos pero que tienen mayor significado a la luz de la decisión que ha tomado el pueblo colombiano con relación a los acuerdos.

En primer lugar, los avances en los diálogos y el consecuente acuerdo de paz firmado entre el gobierno de Santos y las FARC, ha sido consecuencia colateral del restablecimiento de relaciones bilaterales entre Cuba y los Estados Unidos.

Las FARC han estado listadas por los Estados Unidos como por la Unión Europea desde el año 2002 como grupo terrorista. Algo muy parecido a la “lista negra” de países que, con diversas motivaciones también han creado.

Esta calificación respondía en el contexto a la tristemente célebre lucha contra el terrorismo desatada por el entonces presidente de los Estados Unidos George W. Bush y algunos de sus socios europeos contra grupos armados o países en Medio Oriente.

Incluir a las FARC en este listado servía en ese momento a la tesis que interesaba promoverse en la opinión pública mundial de que la lucha contra el terrorismo no obedecía a una lógica religiosa orientada básicamente contra el islamismo, pues en el caso de esta guerrilla sus motivaciones eran distintas, todas ellas lejos, bien lejos de la lógica de guerra que se desarrollaba en países como Irak y Afganistán.

Esta calificación, con la que las FARC nunca estuvo de acuerdo y que, apoyadas por algunos gobiernos de izquierda propusieron en distintos escenarios cambiar por la de “grupo beligerante” de modo que el derecho internacional le proporcionara un marco en el que fuera posible su reconocimiento como estructura política, le impidió hasta ahora avanzar en un acuerdo de paz en el que obtuvieran beneficios como los que estaban a punto de anotarse si el plebiscito no le hubiese sido desfavorable.

De ahí que, el nivel alcanzado por estos acuerdos, llevados a cabo incluso sin excluir previamente a las FARC del listado antes mencionado, solo fue posible cuando se planteaba para la política exterior estadounidense y muy especialmente para el legado político del presidente estadounidense que prometió cerrar la base de Guantánamo, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas bilaterales con Cuba. De no ser así todavía se estarían reeditando programas como el Plan Colombia.

En segundo lugar, la campaña por el SI y la contra campaña por el NO han sido un ensayo de lo que pasará en las elecciones de Colombia en el 2018.

Para mayo de este año 73 de cada 100 colombianos tenían una opinión desfavorable del presidente Juan Manuel Santos y solo un 23% estimaba que el país iba por buen camino. Por el contrario, las mismas encuestas mostraban la popularidad enorme que tenían los procesos de paz.

La aprobación de los acuerdos de paz por medio del plebiscito le hubiera dado la oportunidad a Santos de elevar su popularidad a niveles nunca antes alcanzados en sus seis años de gobierno, algo que, aunque no puede presentarse a la reelección a menos que someta un referendo, se reflejaría en la popularidad de su partido que tendría posibilidades muy reales de triunfo para las elecciones del 2018.

El premio Nobel de la paz, era otra de las motivaciones que hacían de esta jornada una lucha de fuerte tinte político pues la posibilidad del premio, finalmente otorgado al presidente Santos en el día de ayer “por sus esfuerzos en el proceso de paz acordado con la guerrilla de las FARC” y talvez considerado prematuro por la oposición y otros sectores de la opinión pública, no es algo que le hacía mucha gracia a los defensores del NO en el plebiscito.

Aun así, los resultados del plebiscito plantea otro escenario en el que el partido Centro Democrático de Uribe no solo tendría mayores posibilidades de triunfo en el 2018, sino que podría, de acuerdo a como se produzcan los acontecimientos, tener la última palabra en estas renegociaciones, siempre y cuando puedan arribar a algún entendimiento que prorrogue el cese el fuego más allá del 31 de octubre próximo.

La duda surge, justo en este plano de la política partidista en Colombia en si realmente Uribe y Andrés Pastrana, quien también era partidario del NO en este pasado proceso plebiscitario, se conformarían con la victoria obtenida el pasado domingo y estarían dispuestos a apoyar a Santos con la solución definitiva para culminar estos acuerdos antes del 2018, año de las elecciones. Posiblemente la presión que puedan ejercer los diversos sectores de la sociedad haga la diferencia.

En tercer lugar, la salida a un acuerdo definitivo salvaría a las FARC de la
desaparición que, por el desgaste físico de sus cuadros dirigenciales, fracturas internas y pérdidas de liderazgo, entre otras cosas, parece irremediable.

La mayoría de los líderes de las FARC tienen más de 60 años, lo que no le permite seguir viviendo una vida trashumante con el ejército colombiano pisándole los talones.

Fracturas internas aflorarán si no se logra pronto un acuerdo definitivo. Evidentemente, en un escenario en el que unos desean este acuerdo para no seguir viviendo en la selva y otros no lo desean tanto, por intereses de todo tipo, algunos grupos podrían comenzar a desconocer el liderazgo de Timochenko, que no es el de Marulanda estemos claros.

Sí hay oportunidad para la paz

En un escenario en el que los Estados Unidos están dispuesto a apoyar la construcción de una solución definitiva de paz en Colombia, sus esfuerzos estarán alineados a ese fin, aunque para ello tenga que bajar, como sucede actualmente, la presión sobre Venezuela.
El Premio Nobel a Santos es una señal del apoyo de la comunidad internacional al proceso aunque no se haya logrado la paz definitiva aún y pretende marcar la pauta para lo posterior a hoy. Saldada la deuda a los esfuerzos de Santos debería darse un diálogo integral con todos los sectores despojándose de la predisposición estratégica para las elecciones del 2018.

Para las FARC, es preferible negociar con Santos que con Uribe. Estos acuerdos son su última tabla de salvación para lograr cosas que de otra forma jamás lograrán por lo que tendrán que encontrar vías de avenencia con el Gobierno.

De no ser así, pienso que se producirá indiscutiblemente un relevo en sus cuadros de mando y que, siendo uno de los argumentos más fuertes en la sociedad colombiana el hecho de que no puede haber paz sin justicia, sus mandos medios tendrán que sacrificar a quienes ahora son las cabezas visibles abocándose luego a un nuevo acuerdo.

De no entenderlo así, mermadas, divididas, identificadas sus posiciones en medio de este proceso y sitiadas por un previsible nuevo gobierno posiblemente encabezado por sectores más conservadores, no habrá FARC más allá del 2020 y Colombia, ahora o entonces, habrá alcanzado definitivamente la paz.

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