Triste paradoja

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    El 9 de octubre de 2009, nueve meses después de juramentarse, Barack Obama aceptó, asombrado por su falta de méritos, el Premio Nobel de la Paz, que se otorga “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos y la promoción de procesos de paz”, sin imaginar que menos de cuatro años después, actuando contra la voluntad del mundo, estaría a punto de convertirse en Nobel de la Guerra, junto a Al Nusra y Al Qaeda, ahora mercenarios en Siria...¡Patrocinados por Estados Unidos!

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