La pasada semana, el presidente Fernandez reveló a la prensa que el  FMI aceptaría que el Gobierno aumente el gasto público en los últimos meses del presente año, lo cual permitirá que la población pueda estar “más contenta este fin de año con relación al pasado”.

Numerosos economistas, entre los cuales me encuentro, no han podido entender el alcance de estas declaraciones del Presidente, pues consideramos que en el documento que dio respaldo a la 5ta. y 6ta. revisiones del acuerdo con el FMI, recientemente aprobado, se habían acordado claramente las políticas que serían aplicadas en lo que resta del 2011. 

En efecto, aunque el FMI acordó a finales del 2009 con el gobierno dominicano un programa económico sumamente expansivo, sustentado por un masivo endeudamiento externo por parte del sector público, también se estipuló en dicho acuerdo que a partir del 2011 se tomarían medidas para garantizar la sostenibilidad fiscal, lo que en otras palabras quiere decir que el Gobierno tomaría medidas tanto por el lado del gasto como de los ingresos para poder reducir el déficit fiscal a niveles sostenibles.

De ahí las medidas recientemente adoptadas por el Gobierno para aplicar nuevos impuestos y para reducir el gasto corriente. Por eso resulta extraño que el FMI acepte ahora que el Gobierno flexibilice nuevamente su política fiscal, pues esto sería  contraproducente en un momento en que nuestro déficit de balanza de pagos se está acentuando y nuestras necesidades de financiamiento externo agravando.

Es natural que el Gobierno quiera tomar medidas para expandir el gasto con el propósito de cerrar la brecha con la que el candidato de la oposición aventaja actualmente al candidato oficial, de acuerdo con las últimas encuestas, pero no entendemos cómo el FMI participa en esa política. El problema de la economía dominicana no es que la población pueda estar más contenta en los últimos meses del año.

Nuestro verdadero problema es cómo podemos ser consistentes en la aplicación de medidas fiscales que garanticen que nuestro país no sufrirá en los próximos años una crisis de deuda externa de la magnitud que están padeciendo varias naciones europeas, las cuales tienen muchos más recursos económicos y políticos para sobrepasarla.

Si ya hemos entrado en lo que el FMI considera como un período de consolidación fiscal, debemos ser consecuentes con esas metas y tratar de que sea a través de una mejor canalización de las inversiones públicas que podamos lograr que un mayor segmento de la población se beneficie del crecimiento que aparentemente está teniendo la economía, para que puedan estar más felices, no sólo en los últimos meses de este año, sino también en los meses y años sucesivos. Esperamos que el Gobierno o el FMI puedan aclarar esta situación.
Carlos Despradel es ecomnomista

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