Vanguardia del Pueblo y la violencia mediática

Mi abuelo Celso era un hombre de pocas palabras. Debió inmigrar primero a Puerto Rico y luego llegó a nuestro país, el cual hizo el suyo. Siempre me hablaba de que había que tomar decisiones a tiempo, porque de lo contrario no sólo costaba más&#8230

Mi abuelo Celso era un hombre de pocas palabras. Debió inmigrar primero a Puerto Rico y luego llegó a nuestro país, el cual hizo el suyo. Siempre me hablaba de que había que tomar decisiones a tiempo, porque de lo contrario no sólo costaba más remediarlas, sino que el daño de no darle el frente podría causar situaciones irreparables.

Seguía diciéndome: “A pesar de que has perdido el tiempo, por la razón que sea, siempre invierte tu mejor esfuerzo en cambiar las coyunturas de crisis, porque eso hará la diferencia”.

Tenía 16 años cuando mi abuelo murió, pero su valor, fortaleza y principios siempre me han guiado en la vida.

Vemos ahora, cómo en un editorial de Vanguardia del Pueblo, órgano oficial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), dice: “La difamación, la irreverencia y la extorsión se abren paso en la República Dominicana en forma acelerada”.

Y yo me pregunto: ¿dónde estaba Vanguardia, que es ahora cuando se da cuenta del daño que ciertos medios y algunos mal llamados comunicadores hacen a diario a nuestra sociedad? A diferencia de los narcos, que cuando quieren adueñarse de algo apelan a “plata o plomo”; algunos medios y autodenominados “hacedores de opinión”, se valen del principio aberrante “plata o fusilamiento moral” para lograr sus malsanos objetivos.

¿Es que Vanguardia nunca ha oído cómo insultan a un funcionario o a un empresario durante semanas y de repente deciden calificarlos como “Súper Ministro” o como “Gran Empresario”, luego de sucumbir y pagar.

¿En qué país vivía Vanguardia cuando un supuesto programa popular impidió que se mencionara el nombre del candidato que hoy ocupa la posición más importante del gobierno, generando una división en su equipo de comunicadores, algunos de los cuales hicieron tienda aparte?

Reza Vanguardia en otro párrafo: “Con singular espanto, observamos, leemos y escuchamos cómo se hace añicos la imagen de un ciudadano, en una desenfrenada violencia mediática contra el pudor que alcanza todo estamento de la sociedad, incluyendo a la jefatura del Estado”.

Por años hemos adoptado la actitud del avestruz, escondiendo la cabeza frente a esta degradación moral a que se tiene sometido al país, como una forma de amasar fortunas y no con una sana intención de aportar a una sociedad mejor.
Siempre he dicho –y lo reitero- que no todos los medios de comunicación caen en esas malas prácticas. Los que se distinguen con los insultos y la ausencia de moral no son periodistas, sino mercenarios que han encontrado en el temor de funcionarios y algunos empresarios una forma de hacerse millonarios.

Sin duda que los principales cómplices de esos atentados morales han sido los dueños de esos medios de comunicación, que se han valido del miedo que han logrado sembrar con un micrófono como paredón de fusilamiento moral.

Vanguardia del Pueblo bien podría con este editorial, y con la influencia de ser el órgano del partido de gobierno, iniciar una campaña de adecentamiento de los medios de comunicación.

Pero más aún, no es posible que colocando un alto flujo de publicidad gubernamental y privada contribuyamos a degradar los valores del país, a crear millonarios que piden que les paguen en efectivo para no insultar, o que personas de escasos valores pretendan mediante el chantaje escalar posiciones políticas donde sin duda no servirán al pueblo, como no lo han hecho hasta ahora desde los medios de comunicación, sino que, por el contrario, con mucho más dinero podrán seguir su campaña de “plata o fusilamiento moral”.

Las iglesias; la gente buena de nuestro país, que es la mayoría; mis colegas empresarios; los periodistas profesionales que honran la profesión; las organizaciones de la sociedad civil, súmense a una campaña que estimule sólo escuchar y promover aquellos medios que orientan, que promueven valores, educan, instruyen, informan y manejan la opinión en forma responsable y fundamentada.

¿Cómo es posible que luego de una cadena de insultos se transmita un anuncio de una empresa con valores o un mensaje del gobierno promoviendo educación o acciones positivas de la Presidencia? Es inconcebible!

Felicito a Vanguardia por dar el frente a un mal que está destruyendo los valores de nuestra sociedad. Espero que esto no termine en un editorial, que, como bien dice, “bajo ninguna circunstancia un medio de comunicación, público o privado, debe estar en manos o servir de instrumento a portadores o forjadores de inconductas”.

Con esta presencia cotidiana de deslenguados o personajes pintorescos; nuestros hijos, que escuchan esos medios de comunicación, podrían entender que se trata de una forma natural de expresarse y que faltar al respeto a los demás es algo normal. No se debe permitir que presuntos comunicadores, generalmente amargados, llamen “basura” a otros, rumiando toda su frustración porque perdieron la alcancía con la cual lograron posiciones políticas que su escaso talento nunca les permitiría.

Ojalá haya llegado el inicio del cambio de muchas situaciones que hace tiempo debieron ser corregidas para lograr una mejor convivencia, basada en valores cristianos, en el respeto que Jesús nos dejó como enseñanza con su sacrificio en la cruz.

Mientras tanto, llévense del consejo que di hace mucho tiempo a uno de mis hijos, asqueado por los insultos lanzados por comentaristas radiofónicos, quienes sin el más mínimo rubor reclaman lo suyo en efectivo: “Cambia la emisora”. Y yo añado: dejemos de financiar a los chantajistas; no los escuchemos y ustedes verán cómo se ajustan o desaparecen.

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