Variaciones sobre un tema (1)

A pesar del  enorme déficit presupuestario, se pueden contar por montones las yipetas y carros de lujo con placas oficiales estacionados en los parqueos de los restaurantes de lujo a cualquier hora del día. Las cuentas con toda seguridad pasan…

Variaciones sobre un tema (1)

Israel, contrario a lo que se vende, no es el resultado de una imposición imperialista en el Medio Oriente.

A pesar del  enorme déficit presupuestario, se pueden contar por montones las yipetas y carros de lujo con placas oficiales estacionados en los parqueos de los restaurantes de lujo a cualquier hora del día. Las cuentas con toda seguridad pasan a engrosar los gastos de representación de los funcionarios que en esos lugares se dan la gran vida en días laborables y no laborables en el calendario oficial.

Gobierno tras gobierno se le escucha reclamar respaldo a sus esfuerzos por nivelar las finanzas públicas, que la tendencia histórica al gasto sin control ha desnivelado.  Pero salvo una que otra medida más bien simbólica, no se imponen al sector público las mismas restricciones que a los ciudadanos comunes y corrientes. Las quejas se escuchan por doquier y periódicamente los transportistas amenazan con protestas callejeras, lo cual  muchas veces ocasionan confrontaciones innecesarias.

Cuando la gente de un gobierno actúa en riña con la austeridad que los tiempos y la ley imponen, la posibilidad de que sus demandas de apoyo encuentren eco es prácticamente nula.

Si quienes sufren los rigores de los vientos de calamidad que soplan sobre el país no ven ejemplos desde arriba que justifiquen sus propios sacrificios, no estarán entusiasmados con ofrecerlos. Nada irrita tanto como el que se quiera imponer mayores sacrificios y constreñimientos en el pretexto de que aquellos a los que el pueblo ha estado sometido son todavía insuficientes.

En definitiva, y contrario al pensar oficial, son muy pocos los que aquí “viven como ricos” y sí muchos, en cambio, los que están saturados de impuestos. Esa es una realidad que los gobernantes tienden a ignorar cuando los períodos iniciales de luna de miel empiezan a desaparecer y surgen las dificultades. Es cuando se olvidan de que están ahí para garantizar el patrimonio público, no para disponer de él como si fuera propio.

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Israel, contrario a lo que se vende, no es el resultado de una imposición imperialista en el Medio Oriente. Más bien nació y creció contra la voluntad de los grandes intereses petroleros de Estados Unidos y otras potencias coloniales, como Inglaterra que era entonces el gran poder colonial en el Levante.

La Unión Soviética defendió el derecho de los judíos de formar una nación y vivir en paz dentro de fronteras seguras, porque entendía que la creación de un Estado sionista constituiría un factor de deterioro de la influencia británica en la región, pues ya los judíos habían combatido el poder colonial de Londres. Estaba además la desconfianza que los señores feudales y jeques petroleros árabes infundían en el mundo comunista.

Las naciones árabes, especialmente Egipto y Siria, habían colaborado estrechamente con la Alemania nazi. Stalin y otros líderes de la Europa oriental, que apenas comenzaba a emerger de las ruinas de la guerra, tenían fresca en su memoria el hecho de que comandos musulmanes habían luchado dentro del ejército alemán en el Este de Europa.

Los largos meses del juicio de Nuremberg habían sacado a relucir las atrocidades que muchos de esos comandos habían cometido en los campos de exterminio de la locura hitleriana. Está hartamente comprobado que la máxima autoridad islamista de la región, el gran Mufti de Jerusalén, que encabezaba la oposición árabe en Palestina a la formación de un Estado judío como lo había aprobado las Naciones Unidas en su histórica resolución de noviembre de 1947, había encontrado refugio en el Berlín nazi, burlando la justicia británica. Desde las emisoras nazis, el líder religioso árabe exhortaba al mundo islámico a la rebelión contra los aliados.

Sus llamamientos habían encontrado buena acogida en Irak, Siria y Egipto, donde Hitler halló complacientes colaboradores y focos de resistencia contra Inglaterra.

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