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Wilfrido Vargas, el hombre divertido y titán del merengue

Redobles de tambores y los fuertes sonidos de varias trompetas de la Banda Municipal de Altamira, de Puerto Plata, anunciaron el nacimiento de este grande de la música dominicana, conocido como “El hombre divertido”. Wilfrido Vargas jamás imaginó&#

Redobles de tambores y los fuertes sonidos de varias trompetas de la Banda Municipal de Altamira, de Puerto Plata, anunciaron el nacimiento de este grande de la música dominicana, conocido como “El hombre divertido”. Wilfrido Vargas jamás imaginó que años después, la calidad de su música y el trinar de su trompeta llegarían a alcanzar un nivel casi mundial.

“Nosotros vivíamos al frente de la Banda Municipal de Música… Eso fue como un aviso de que ahí iba a haber algo…”, expresó Wilfrido con la mirada fija hacia el pasado.

Recuerda que creció solo con su madre, Bienvenida Martínez (Fifi), quien pese a ser una cantante de la época, no contaba con suficientes recursos económicos para costear sus estudios. Con la ayuda de Ramón Antonio Hiraldo, el saxofón tenor de la banda de música, quien además era amigo de su madre, a los nueve años de edad inició sus estudios en el área, por recomendación del músico.

Pese a recibir el cariño y apoyo de Hiraldo, Wilfrido sentía celos con su madre, y rememora que cuando apenas tenía seis años, él, junto a su hermano de cinco, Juan Antonio Vargas, agredió a pedradas la casa donde residían con su madre porque ésta había recibido la visita de Hiraldo, y es que… “tanta amabilidad confundía”. No se equivocó, luego Hiraldo se casó con su progenitora.

“Yo casi estaba renunciando a la bendición de mi vida, porque hasta la hora de su muerte él fue mi papá, Ramón Antonio Hiraldo. A los 9 años me llevó donde Joaquín Jerez, a estudiar solfeo en un método llamado Hilarión Eslava, que tenía 58 lecciones”, narró el también denominado “Rey del merengue”. “Cuando llevaba 22 lecciones, el profesor de música me entregó la trompeta más oxidada que había, que no se entregaban hasta completar todas las lecciones, pero él entendía que era talentoso o quizás porque era amigo de mi mamá”, agregó.

El merenguero aceptó la oferta de su maestro de continuar tomando las lecciones, y al terminar entraría a la banda. Antes de, consiguió su primer empleo, y recibió cinco pesos como primer pago, pero su madre quiso que renunciara porque temía que la trompeta le ocasionara algún problema en los pulmones, por lo que luego consiguió que el síndico lo nombrara como cartero, con un pago de RD$ 25.00; entonces hacía ambas cosas, hasta que inició el gobierno de Balaguer y perdió tanto la trompeta como el empleo, ya que las inclinaciones suyas y de su familia eran contrarias al nuevo gobierno, y es cuando se traslada a Santo Domingo.

Fábrica de artistas

Wilfrido Radhamés Vargas Martínez, nombre de pila del artista, siempre estuvo rodeado de músicos y cantantes. Su padre biológico, Ramón Emilio Vargas (Milito), tocaba la guitarra y el acordeón; su madre también era guitarrista y flautista, y su abuela tocaba la guitarra. Cuando llegó a Santo Domingo, recuerda que empezó a tocar jazz, bossa nova con la trompeta y guitarra, y se dio a conocer por no tocar lo usual con su trompeta. Trabajaba en una agrupación que se llamaba Los Tijuana Brass, aunque nadie sabía quién era hasta que Chery Jiménez le consigue un grupo y empieza a hacer pop y balada.

“Yo no estaba en merengue. Papi me dijo: – mijo’ mira, vamos a hacer esto, tú te vas para la universidad, te vas a morir de hambre con eso, aquí hambre y jazz es lo mismo; tú sí tienes talento para la música, pero no me vengas a joder con jazz, pop y esas cosas, ¿para vendérselo a quién?- y se ofreció a escribirme e hizo Las Avispas, Charo, El Calor, Búscame Mi Ropa, y otras”, narró. Si la memoria no le falla, dijo, escribió toda la producción “Wilfrido Vargas y sus Beduinos”, en 1973.

Aun sin estar de acuerdo siguió los consejos de su padre, y recuerda que cuando sintió que su mente no soportaba la cantidad de ideas que tenía y solo podía escribir 10 temas para un disco, tuvo que hacer “altoparlantes paralelos” para utilizar esas ideas que le sobraban.

“Tenía a Los Beduinos con el disco y para esos pensamientos que me sobraban salieron Los Hijos del Rey, La Tercera Brigada, La Patrulla del 15, The New York Band, Aguacalientes, Las Chicas del Can, Altamira Banda Show… y de ahí los distinto… Eddy Herrera, Fernando Villalona, Víctor Víctor, Miriam Cruz, Sandy Reyes, Ruby Pérez, Mickey Taveras, Roy Tavaré, Marcos Caminero, Peter Cruz, Bonny Cepeda, Los Kenton, etc.”, explicó.

Sobre el relevo

La primera justificación que ofrecen los conocedores del tema al hablar de la posible desaparición del merengue es “la falta de relevos o poco apoyo a los que hay”. Wilfrido Vargas no está del todo de acuerdo con esta postura. “Los relevos de hoy día no están a la vista del público; no existen a nivel visible, porque yo no le puedo llamar relevo a una agrupación porque sea más joven que yo, porque esté viviendo del oficio y salga en televisión”, explicó. Describió como “relevo” un artista que sea inédito, formado, conocedor de los códigos de tecnología, pensamiento musical y con información sobre cómo se maneja la industria actualmente.

“Hay que preparar nuevos códigos”

Wilfrido Vargas explicó que el relevo no es un grupo que viene a sustituir con el mismo merengue. “Eso se llamaría -el próximo que va a estar de moda-”, dijo. Resaltó que actualmente está trabajando con cuatro jóvenes potenciales en Barranquilla, Colombia por que, a su entender, los relevos son “producto de un productor”. “Donde quiera que yo encuentro un talento que creo que tiene importancia lo agarro y empiezo a formarlo, no con nuestras costumbres porque eso ya viene del 1970 al 2000 y eso ya no está funcionando. Eso se queda y nunca morirá pero hay que preparar los nuevos códigos porque ya son otros los tiempos”, manifestó.

Apoyo
“Quiero buscar relevos, pero necesito ayuda pública, privada y de la prensa, o tendré que utilizar mis propios recursos”.

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