El Caribe

geólogo

Suelos y lugares para obras sensibles

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El hombre primitivo escogió las cavernas naturales como refugios familiares por ser lugares donde estaban protegidos de los animales depredadores, del viento, de las lluvias, del frío y del calor; porque la seguridad y la protección siempre han sido aspectos primarios para el ser humano.

El desarrollo nos ha llevado a cambiar de hábitat y a levantar edificaciones en diferentes lugares de condiciones disímiles, pues los suelos orgánicos son muy buenos para la agricultura, pero son muy malos para soportar edificaciones, y las rocas rígidas son muy buenas para soportar edificaciones seguras, pero son muy malas para la agricultura, y los seres humanos necesitamos ambas cosas y a veces es difícil conseguirlas en una misma zona.

Se entendía que los gobernantes y sus equipos tomadores de decisiones debían planificar el crecimiento urbano, agrícola, pecuario, hotelero, industrial y minero, en base a un correcto Plan de Ordenamiento Territorial, zonificando todo el territorio nacional en función de los recursos naturales existentes en cada región, cartografiando los diferentes tipos de suelos y rocas existentes en cada lugar particular, identificando la disponibilidad de agua potable, y definiendo el mejor uso que pudiésemos dar a esos recursos naturales, pero desafortunadamente nos negamos a hacer las cosas de manera racional, y ya estamos pagando un alto precio que cae en lo irracional.

Esta situación nos ha llevado a formar importantes núcleos urbanos sobre suelos arcillosos, limosos, arenosos, margosos, orgánicos, etc, donde haya abundante agua dulce para tomar y para la producción de alimentos para la subsistencia, por ser ambas las necesidades primarias del ser humano, pero lamentablemente ese enfoque primario de acercarnos a las fuentes de agua potable y a los suelos agrícolas, nos aleja cada día más de la seguridad de nuestras edificaciones.

Es mucha la gente que construye su casa en cualquier lugar, siempre que pueda estar cerca de sus objetivos primarios, y tan extensiva ha sido esa mala práctica ciudadana que ya el problema nos contagia a todos, incluyendo a los tomadores de decisiones, porque ya hasta las obras sensibles como escuelas, hospitales, torres habitacionales, iglesias, puentes, estadios, se construyen en cualquier lugar sin ponderar cuál sería el daño social en caso de un derrumbe o una inundación por vaguada, tormenta o huracán; en caso de una fuerte sacudida del suelo por un terremoto, o en caso de una inundación costera por efectos de un terremoto con epicentro marino.

Es común ver que se escoge cualquier lugar para construir obras sensibles, y se evita consultar a profesionales bien entendidos en el tema, pues ya lo importante es cómo va a lucir la obra del suelo para arriba, sin importarles lo que mañana ocurra del suelo para abajo.

Cuando no se entiende el comportamiento del suelo bajo la obra, principalmente bajo condiciones de saturación de poros y altas presiones intersticiales que reducen la resistencia al esfuerzo cortante y generan hundimientos y deslizamientos, bajo condiciones de aguas ácidas que disuelven materiales calcáreos, bajo condiciones de asentamientos de materiales orgánicos compresibles, bajo condiciones de aceleraciones sísmicas locales que amplifican las fuerzas sísmicas actuantes sobre las estructuras, y bajo condiciones erosivas que afectan obras cercanas a ríos y arroyos, los resultados son desastrosos, con grandes pérdidas de vidas y propiedades.

Ya son muchas las estructuras sensibles que muestran vulnerabilidades a crecidas de ríos, susceptibilidades a hundimientos y deslizamientos, y muy alto potencial de colapso sísmico, pero mientras las recomendaciones y las decisiones estén en manos de quienes no entienden los problemas de los suelos flexibles, seguiremos multiplicando los desastres por las malas respuestas de obras sensibles. l


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