Patricia, el regreso del sueño

“Cuando un cristiano abandona su fe y se va por caminos mundanos es más malo que el no creyente” –dicen por ahí–, quizás lo mismo iría para quien alguna vez abrazó causas justas y patrióticas en la cultura tal cual René Fortunato con sus audiovisuales (me analizan); Si es así, –digo yo- sería lamentable que tome ese camino y boicotee su prestigio de cineasta de ideas para convertirse en taxista de propaganda comercial; notamos inclinación al cine dominicano obsceno como el de los ´exitosos´ de este régimen de sordidez política, que por serlo nadan en olores infernales de dineros y nada más; cine al que se arrodilla quien se sacia del lucro por el lucro sin importarle nada más allá de su piel. Quiero citar a dos periodistas: “No es perfecta. “No es obra maestra… se debieron sostener mejor, los colores interpretativos y el control de personajes evitando, gritos o sobreactuación”, dice J.R. Sosa; o “Lleno de clichés…, comete el error de otras películas dominicanas, que buscan dejar un mensaje y que sacrifican el ejercicio de contar bien una historia.” P. Tejada afirma. O la nota del director: “…deja el mensaje de que no todos los dominicanos en el exterior se dedican a las malas acciones para conseguir dinero”. Y se les ocurrió meter ´mensajes´ publicitarios de las Edes, Turismo, Aster, y un Rent Car de ´ferraris´, por ejemplo. Andan elogios al filme en sus –para mí, cuestionables– ´dominicanidad´, su colorido y el “buen manejo del lenguaje”. Pero, quizás sin proponérselo, muestra apocadamente a la “sociedad dominicana que es una cosa en la forma y otra en la realidad. Los personajes se comportan en todos los aspectos de forma inestable y nada lo demuestra mejor que esas explosiones desmedidas de absoluta negación del ser social y político” (como diría Juan Bosch), pero no llega… se cae en su fehaciente ejercicio de lo políticamente correcto al excluir el conflicto de miseria que arropa al país, de ese que desmemoria y boicotea la identidad. Se aferra al melodrama, ante la ausencia de elementos narrativos emocionantes. Refleja sumisión ideológica y emocional y como es lógico sus inquietudes tienen el grueso de su círculo comercial; y lo horroroso es esa soberbia que lo ilegitima como producto cultural apreciable. Piropearlo es tener ojos en la cara y no verlo.

HH Género: drama Duración: 115 minutos.