Nadie escapa de su realidad

Con frecuencia nos gusta autodefinirnos. Nos encanta decir, “yo soy de tal o cual manera. Yo jamás haría tal o cual cosa. Si se presentara la oportunidad, sin pensarlo dos veces tomaría esta o aquella decisión”. Creemos tener la certeza de quiénes somos y de lo que haríamos en cualquier momento por difícil que sea la situación que se presente. Creemos que tenemos el control de todo a nuestro alrededor. Nos olvidamos de que las circunstancias serán siempre las que determinarán las acciones que vamos a tomar. De los seres vivos, debe ser el humano el que menos aprende de sus errores. Pocas personas pasan por la vida sin repetir los mismos desaciertos, sin fallar una y otra vez ante las mismas pruebas. El ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra y hasta con el mismo pie. La obstinación por permanecer en un lugar, junto a algunas personas y el deseo de retener algunas posesiones, nos llevará a soportar condiciones y situaciones, que al final terminan por afectar nuestra salud y se robarán nuestra felicidad y paz. Aunque por momentos la sensatez hace asomo y pensamos que llegada la ocasión, lo que ha de ser será y ni el más grande esfuerzo que hagamos lo podrá impedir, que de nada valdrá que nos desgastemos en una lucha que estamos condenados a perder y cuyo saldo final será dolor, amargura y una profunda tristeza, una dolorosa derrota que nos deja sin fuerzas ni esperanzas para retomar el camino. Sin embargo, cuando pensamos en nuestra pretendida autosuficiencia, se nos olvidan las lecciones del pasado y tratamos de imponernos a la fuerza, de cambiar nuestro destino, aunque en la lucha por llevar el barco por otra dirección rompamos el timón y nos quebremos los brazos. Y es que aunque nos resistamos a aceptarlo, por alguna razón, existe una voluntad superior a la nuestra que mueve en silencio y secretamente los hilos de nuestras vidas y nos lleva a su antojo por donde mejor le parece, cuando quiere y como quiere. En algunos casos somos llevados exactamente por donde queremos y como queremos. Entonces en ese momento nos creemos que todo es producto de nuestro esfuerzo. Pero otras veces nos llevan por el camino que hemos estado evitando a toda costa. Es entonces cuando nos rebelamos y desafiamos nuestra propia realidad tratando de crear un mundo de fantasía que se desvanece en un abrir y cerrar de ojos.