Aprender de los errores

Equivocarse es de humanos. Solo quien ha dejado de existir dejará de cometer errores. Nada, ni nadie es perfecto. Todos nos equivocamos en lo que hacemos, decimos, con algún pensamiento que se anida en nosotros y nos lleva a sacar conclusiones con las cuales lastimamos a otros y nos lastimamos.
Muchas situaciones se nos ponen en frente para hacernos ver una realidad que no es tal.

Entonces juzgamos. Damos por un hecho lo que la rabia, los celos, y, a veces, los comentarios malsanos de un tercero nos hace ver, y a lo que sin serlo le atribuimos calidad de verdadero.
A veces las equivocaciones obedecen a cosas menos complicadas y no llegan a afectarnos más que en la parte superficial de nuestra persona, quizás algún dolor físico, una molestia o incomodidad, que no traerá mayores consecuencias, pero cuando nuestros errores llegan a lastimarnos y ocasionan dolor y frustración a quienes amamos, debemos cuestionarnos y tratar a toda costa de enmendar el daño.

Cada día y muchas veces por largos periodos de nuestra existencia vamos de error en error, eso hace que nos vayamos sintiendo incapaces de hacer las cosas bien, y llegamos a dejar de intentarlo, por temor a fracasar, por miedo a equivocarnos.

Sin embargo, errar es lo que nos permite hacer mejor las cosas en el futuro. Claro está, siempre y cuando aprendamos de las lecciones que nos deja cada intento fallido, cada confusión y dolor que causamos en nosotros y en los otros con nuestras actitudes.
Siempre se ha dicho que todos podemos caer, que estamos expuestos a eso, pero de ese mismo modo estamos obligados a levantarnos, sin excusas, sin rodeos, sin dejarlo para después. Creo en eso. Es así. Es el precio para seguir viviendo y todos tenemos que pagarlo.

Creo que tras cada caída estamos obligados a levantarnos más fortalecidos, con más precaución, con más cautela, pero conscientes de que con cada palabra y acción puede causar un daño irreparable en los demás.

Al igual que caer es permitido, también lo es errar, así, del mismo modo, estamos tan obligados a levantarnos como lo estamos a aprender de nuestro errores.