La tragedia de Palma Sola, 52 años después

    En el paraje conocido como Media Luna, en la angosta carretera que une al municipio de Las Matas de Farfán con el distrito municipal de Carrera de Yeguas, en la provincia de San Juan de la Maguana, está la casa familiar del nonagenario León Romilio Ventura Rodríguez, históricamente conocido con El Mellizo de Palma Sola, líder sobreviviente de la matanza que en esa comunidad sureña puso fin al culto de alabanza al mesías popular Olivorio Mateo (Papá Liborio), silenciado durante toda la dictadura trujillista.

    Olvidado y estigmatizado por los criterios clasistas que desprecian las expresiones culturales provenientes de los sectores humildes y campesinos, Don León Romilio debió esperar 52 años para ser valorado oficialmente como un patrimonio cultural viviente, cuando el pasado septiembre el Ministerio de Cultura le entregó una placa de reconocimiento.

    Entrevistado en su casa por este reportero en fecha anterior al referido acto, El Mellizo repetía detrás de una cándida sonrisa: “algo bueno tiene que venirme, algo bueno tiene que venirme”, mientras se balanceaba en su vieja mecedora típica. A solo un paso de su altar, con imágenes de vírgenes, el profeta Elías, los arcángeles Miguel y Gabriel, el apóstol Santiago y del mismo Don León, expresaba su esperanza en que la suerte le cambiaría tarde o temprano, en pago por todos los sufrimientos con que le había golpeado la existencia.

    Como si creyera en las llamadas “leyes de causa y efecto”, o en las teorías kármicas de los hindúes, según las cuales los sufrimientos por las luchas nobles reciben tarde o temprano su recompensa, Ventura Rodríguez esperaba, aún en la ancianidad, el día de su redención, con honra, gloria y prosperidad como premios del Todopoderoso. l

     

    La Matanza: entre lo político y lo mágico religioso

    Pasadas las elecciones del 20 de diciembre de 1962, ganadas arrolladoramente por el profesor Juan Bosch, candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el poder represivo del Consejo de Estado, lastimado por la derrota sufrida por su favorito Viriato Fiallo, de la Unión Cívica Nacional (UCN), probablemente encontró el momento de hacer un “ajuste de cuentas” pendiente con un movimiento mesiánico que empezó a resurgir en los campos de San Juan de la Maguana tan pronto los vientos de libertad comenzaron a soplar en el país tras la decapitación de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina.

    El 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, se produjo la matanza que aún conmueve la conciencia nacional, en momentos que el Presidente Electo iniciaba un periplo por diferentes países en gestiones propias del gobierno que iniciaría el 27 de febrero de 1963.

    Palma Sola, paraje del municipio de Las Matas de Farfán, fue la meca del movimiento religioso inspirado en las creencias del mesías popular Olivorio Mateo, caído en combate contra las tropas interventoras de los Estados Unidos en el 1922, tras años de persecución en las montañas sanjuaneras.

    El credo olivorista, todo un sincretismo que incluía desde ritos mágico religiosos, farmacopea, tradiciones del catolicismo y del protestantismo, patriotismo y nacionalismo hasta las prédicas de justicia social, se mantuvo oculto entre los campesinos de la zona por la represión yanqui de la ocupación 1916-1924, continuada por la dictadura trujillista, renaciendo con nuevos líderes después del
    30 de mayo de 1961.

    Las semillas del olivorismo que durmieron durante cuarenta años en el subsuelo del campesinado sureño volvieron a germinar, provocando el temor de los mismos intereses que acabaron con la vida del inspirador, que no perdieron tiempo en desacreditar el movimiento como paso previo a su aniquilación.

    Entre el 1961 y el 1962, el olivorismo renació bajo el nombre de Unión Cristiana Mundial, con himno, escudo y bandera, teniendo como líderes fundamentales a los hermanos Plinio y León Romilio Ventura Rodríguez, conocidos como “Los Mellizos de Palma Sola”, cautivando con sus prédicas a miles de seguidores, lo que provocó la persecución y el genocidio de que fueron víctima.

    Previo a la matanza
    se montó el descrédito mediático
    Una obra que describe y analiza con criterios científicos el resurgir del movimiento mesiánico es la publicada por la socióloga y filósofa Lucitania Martínez titulada Palma Sola: Opresión y Esperanza, en la que incluso se encuentra una permanente reflexión sobre el estado anímico del campesinado dominicano tras los acontecimientos que siguieron al asesinato del dictador Trujillo.

    La investigadora Martínez dice que “aunque la religión liborista fue perseguida tenazmente por los americanos y por Trujillo”, sus seguidores se mantuvieron fieles a lo que entendían la dignidad de sus creencias, “ya que fueron sus antepasados que la practicaron”.

    Entiende la autora, que si bien la Iglesia Católica Dominicana no participó de los planes para masacrar a los palmasolistas, tampoco se opuso al acoso que sufrieron sus fieles por parte de las autoridades del Consejo de Estado.

    “La institución eclesial no podía ver esto con indiferencia, y debido a razones señaladas, aprobó la acción estatal posterior aunque sin rubricarla. Desde antes, la Iglesia no se esforzó por comprender y respetar el fenómeno social desarrollado en Palma Sola”.

    El terreno para la matanza fue abonado con denuncias en los medios de comunicación de la época, sobre prácticas inmorales que se estarían produciendo en Palma Sola, como embarazos de adolescentes, hechicería, sacrificios de animales, embrujos y otras supercherías que atentaban contra las buenas costumbres dominicanas.

    “Enterado el país y la población de San Juan de la Maguana de ese “peligroso” movimiento, las instituciones sanjuaneras, los hombres de empresa, comerciantes, industriales, profesionales, las iglesias de todos los credos, en fin, todas las organizaciones públicas y privadas levantaron su voz de “protesta” y presionaron al gobierno nacional y local para que reprimiera ese “foco de superchería” que amenazaba con perturbar la paz del país”, refiere la filósofa y socióloga.

    Una versión del periódico La Nación del 2 de diciembre de 1962 señala que los denunciantes pedían que la acción de las autoridades debía ser “rápida y fulminante”, como la amenaza de que si el Estado no actuaba con prontitud, la población iba a buscar la manera de poner fin al movimiento olivorista.

    La investigadora Martínez asegura que “dieron un plazo perentorio al gobierno que vencía el 12 de diciembre, para que pusiera coto al estado de intranquilidad pública. En el ultimátum no sólo se expresaba el apoyo a “cualquier” medida que se tomara para solucionar el problema, sino que, más aún, se responsabilizaba al Consejo de Estado de lo que pudiera suceder si el “pueblo” (nótese la manipulación del vocablo pueblo”), se hacía justicia por sus propias manos”.

    El periodista Santiago Estrella Veloz, quien estuvo en la zona como reportero de La Nación, recuerda que las autoridades civiles y militares optaron por aplicar tácticas dilatorias, tomando en cuenta que se encontraban en la víspera de las elecciones del 20 de diciembre, y que cualquier medida drástica podría empañar un proceso que era seguido por todo el mundo.

    “Se cerraron los caminos que llevaban al centro de Palma Sola y las demás ramificaciones del culto. Se prohibió portar armas blancas, debido a los rumores de que los “olivoristas” las usaban frecuentemente”, refiere Martínez.

    Se había publicado la versión de que los fieles de Olivorio Mateo habían repartido puñales ente sus gentes y que estaban transportando centenares de campesinos en camiones rumbo a Palma Sola entonando un estribillo que decía: “No mandará Viriato ni Juan Bosch/ mandará Plinio Ventura por obra de Dios”.

    En una entrevista con este reportero mientras trabajaba para el programa de investigación El Informe con Alicia Ortega, el mesías sobreviviente Don León Romilio Ventura Rodríguez, negó la versión de que tuvieran proclamas políticas, de que armaran a sus feligreses y de que fueran partidarios de Trujillo, como también se les acusó.

    Don León Romilio (El Mellizo), como le conoce el pueblo, dijo no explicarse cómo pudieron acusar el movimiento de trujillista, si precisamente fueron víctima de la dictadura, que le mató sus ascendientes y dispersó la familia, hasta el punto de que la noche del magnicidio fue motivo de celebración. l

     

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