Ulises Francisco Espaillat y el sistema de justicia (2-5)

Ulises Francisco Espaillat.

La Ley y solamente la Ley está llamada
a salvar esta sociedad. Es preciso, es
indispensable que la justicia sea una
verdad.
Ulises Francisco Espaillat.

El pasado 29 de abril la República Dominicana celebró el Día Nacional de la Ética Ciudadana en honor del ilustre político Ulises Francisco Espaillat, quien tomó posesión de la Presidencia de la República el 29 de abril de 1876 y quien dejó un valioso legado de rectitud y honradez a los servidores públicos y a la ciudadanía en general.

El 143 aniversario de la juramentación de Espaillat como presidente de la República ha encontrado un sistema de justicia marcado por una alta percepción negativa de parte de la sociedad, lo que hace necesario una trasformación en el sistema de justicia.

En los últimos años la justicia es una de las instituciones que menos confianza genera en la población, entre otras razones por no haber correspondido a los anhelos de justicia real que espera la sociedad dominicana. Tres ejemplos estadísticos de los últimos años ilustran dicha afirmación. En febrero de 2016 la encuesta Gallup señaló que “los dominicanos tenían una percepción extremadamente negativa sobre el sistema de justicia. Un 71% de los ciudadanos considera que la justicia funciona de manera deficiente; para el 74% no se castiga adecuadamente a los que cometen delitos, el 78% cree que los fiscales y los jueces son los responsables de que no se castigue debidamente a los delincuentes, y un 93 por ciento percibe que existe discriminación al momento de aplicarse las leyes”. En 2017 el Foro Económico Mundial situó al país en materia de independencia judicial en la posición 130 de 137 naciones.

En noviembre de 2018, la encuesta Latinobarómetro midiendo la confianza de la población en instituciones públicas y privadas señaló que en el caso dominicano el Poder Judicial tenía un 21% en el nivel de confianza. Lo que significa en términos estadísticos que el aparato judicial del Estado dominicano es uno de los menos confiables de la región.

Los expertos relacionan el descrédito del sistema de justicia con diversos factores, entre ellos, decisiones inapropiadas, movidas por el temor a los demás poderes del Estado, por miedo o complacencia con el crimen organizado, el tráfico de dineros o de influencias.

La confianza por parte del pueblo hacia la justicia es fundamental para el buen funcionamiento de la administración judicial. Un sistema de justicia confiable es piedra angular del desarrollo de toda sociedad y constituye una columna esencial para garantizar la seguridad jurídica y un adecuado clima de negocios e inversiones en el país. Además, la confianza en la justicia es un factor indispensable para la existencia de un verdadero Estado de Derecho y para el sano desempeño de la institucionalidad democrática en cualquier sociedad.

Uno de los grandes defensores de la aplicación rigurosa de la Ley y del buen funcionamiento de la justicia fue Ulises Francisco Espaillat. un firme defensor del fortalecimiento de la justicia. Defensor apasionado de la institucionalidad y el respeto que tanto ciudadanos como gobernantes deben guardar ante la ley.

En el contexto en que vivió Espaillat imperaba la impunidad que era parte de la vida política cotidiana y social administrativa. Ante esa realidad y la violación sistemática de las leyes siempre abogó por la instauración de una justicia efectiva. Como señala la Dra. Mu Kien en su libro Una utopía inconclusa: Espaillat y el liberalismo dominicano del siglo XIX, nunca desmayó en proclamar la necesaria limpieza del Poder Judicial, porque entendía que a través de él podrían detenerse las tropelías y atropellos sistemático a la Constitución, a las leyes, pero sobre todo a la condición esencial de los derechos ciudadanos. Señalaba que “la buena administración de justicia ha sido siempre considerada como la base fundamental de todas las sociedades, aun en las primitivas, el elemento de orden por excelencia, el medio más propio para ir restableciendo en nuestro país el principio de autoridad, casi reducido ya a una vana sombra, y el presente más precioso, en una palabra, que el Gobierno podría hacer a los pueblos”.

Consideró que la primera condición necesaria para que pueda marchar la sociedad era la aplicación de justicia. La primera propuesta para mejorar el Poder Judicial dominicano era la confianza que debían tener los ciudadanos en que el crimen no quedaría impune.

Abogó por una visión de la justicia imparcial. Todos los culpables debían ser igualmente castigados, sin importar origen social, posición política ni color de la piel. De no ser así decía Espaillat “podría inclinarse al lado del amigo o del gobernante, en favor del rico con detrimento del pobre, o en perjuicio o provecho de cualquiera que lleve uno de esos apellidos políticos que tan poco honran a los partidos”. El respeto a la Ley decía Espaillat era la única garantía de los ciudadanos, sin importar en absoluto sus preferencias políticas.

Ciertamente la implementación de un sistema de justicia sano, vigoroso, donde se aplique la ley en igualdad de condiciones para todos (as) y la recuperación de la confianza de la sociedad en el sistema de justicia es una deuda pendiente con el legado de Espaillat.

Hace falta una administración de justicia eficiente, eficaz y ética. San Óscar Arnulfo Romero decía que “la justicia es como la serpiente, sólo muerde los descalzos”. Muchas veces la población percibe que, en nuestro país, la justicia es el reflejo del poder, no su límite, y solo quienes forman parte del poder, político o económico, están protegidos de su rigor, mientras que el ciudadano más desposeído que apenas tiene para comer no escapa a la justicia. Esa justicia que protege a los poderosos y solo castiga a los pobres hay que desterrarla a través de la aplicación imparcial de la Ley y la Justicia.

Finalizo con unas palabras escritas por Espaillat en el siglo XIX pero que aplican para la realidad del presente cuando señaló: “es más que una aspiración, es una verdadera sed, es una necesidad, es un vacío, y una aspiración que no se ve realizar, sed que no se ha pensado en extinguir, necesidad que no se ha soñado en satisfacer, vacío que, quizás, estemos aún lejos de llenar. Esa aspiración es la de ver y sentir una buena administración de justicia; esa sed expresa el sentimiento que experimentan los seres organizados en lo físico, igual en todo al sentimiento moral que experimentan las sociedades en casos dados”.

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