Vivir el presente

Desde chiquita he escuchado que decretamos lo que decimos y atraemos lo que pensamos. Mi madre siempre ha sido una mujer muy realista, una persona con muy buen sentido del humor, aunque también muy consciente de las adversidades que constantemente nos acechan. Su sentido de la realidad, sin embrago, no le impide soñar y confiar en que cada día las cosas buenas pueden ser aún mejores. Así siempre se lo inculcó a sus hijos, pero al parecer no fue suficiente. Para mí resulta a veces muy difícil pensar que una gran felicidad perdurará en el tiempo y me lastimo pensando que un día no será más. Por eso, y a propósito de la importancia de fomentar en cada ser humano la autoestima, recordé sus palabras y, aunque reconozco que no es fácil, trato de aprender a disfrutar el presente, sin pensar en qué pasará, cuando el hoy sea ayer. Una persona me dijo que tratara de vivir segura de que todo lo hermoso que disfruto en el presente es el resultado de todas las cosas que pedí en el pasado, es la suma de todos los sueños e ilusiones de otros años. En verdad es lo mejor disfrutar cada momento como el último, vivir intensamente las cosas que nos hacen felices, abrazar fuertemente a aquellas personas que amamos y que están en nuestras vidas sin ponernos a pensar que un día ya no estarán más. La pérdida de seres queridos y la distancia que existe entre nosotros y nuestros familiares más cercanos, nos vuelven temerosos, nos hace pensar que en cualquier momento nos volveremos a quedar solos, y es ese el peor error en que podemos incurrir, las sombras del futuro incierto logran nublar el brillo de una felicidad irrepetible, nos limita, nos impide disfrutar plenamente de esos momentos que van componiendo poco a poco nuestra historia de vida. Es verdad, todos tenemos un tiempo en el cual podemos decir que es el estado ideal, donde no nos falta nada. Es para nosotros un tiempo de felicidad real, que, por supuesto, no queremos cambiar por nada y, que por lo tanto, es un tiempo que no queremos ver acabar, pero si dejamos que nos gane el temor, dejaremos pasar inútilmente el que quizás o sin quizás, sea el mejor tiempo de nuestras vidas. Decreto que soy feliz, atraigo para mí tiempos aún más felices.

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