Santo Domingo.— El fenómeno de El Niño ya se desarrolló en el océano Pacífico tropical y mantiene en alerta a la República Dominicana y al resto del Caribe, una región que los modelos climáticos señalan entre las más vulnerables a déficits de lluvia, aumento de las temperaturas y sequías prolongadas durante la segunda mitad de 2026 y parte de 2027.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó la formación del evento y emitió un aviso oficial de El Niño, al tiempo que prevé que se intensifique hasta un nivel fuerte o muy fuerte, con su pico hacia el invierno boreal 2026-27. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) elevó por encima del 90 % la probabilidad de que las condiciones se mantengan hasta fin de año, y varios especialistas ya advierten que podría tratarse de un evento de la categoría que algunos denominan “Súper El Niño”.
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Lluvias y sequía en el país
El Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) ha señalado que el desarrollo del fenómeno podría provocar una disminución gradual de las lluvias y aumentar el riesgo de sequía meteorológica en distintas regiones del país durante el segundo semestre del año. Aunque al cierre del primer cuatrimestre de 2026 el territorio mostró una recuperación de las condiciones de humedad gracias a las precipitaciones registradas, la institución advirtió que ello no reduce la vulnerabilidad climática prevista para los próximos meses.
Indomet ha indicado que persisten focos localizados de déficit hídrico, como en la zona de Hondo Valle, y que se anticipa una transición desde las actuales condiciones húmedas hacia un patrón más seco. En episodios anteriores de El Niño, buena parte del Caribe ha registrado déficits de lluvia, sobre todo en la segunda mitad del año, lo que presiona embalses, sistemas de riego y acueductos.
Impacto en la agricultura y los alimentos
Para una economía caribeña como la dominicana, donde sectores agrícolas dependen de condiciones climáticas favorables, una reducción prolongada de las precipitaciones podría afectar cosechas y aumentar la presión sobre los sistemas de riego. La OMM ha advertido que el alza generalizada de temperaturas incrementa el estrés térmico sobre los cultivos y acelera la pérdida de humedad en los suelos.
Analistas citados por organismos internacionales prevén que los efectos se sentirían especialmente en la agricultura, la energía y los alimentos, con posibles aumentos de precios. En el caso dominicano, los impactos podrían incluir consecuencias indirectas como el encarecimiento de alimentos importados, en un contexto de mayor calor y déficit hídrico.
Temporada ciclónica más débil, pero no exenta de riesgo
A diferencia de otros efectos adversos, El Niño tiende a inhibir la formación de ciclones en el Atlántico, ya que aumenta la cizalladura del viento que debilita las tormentas. Por ello, la NOAA pronostica para 2026 una temporada por debajo de lo normal, con la formación de entre 8 y 14 tormentas con nombre, de las cuales entre 3 y 6 podrían convertirse en huracanes y entre 1 y 3 alcanzar la categoría de huracanes mayores.
La cifra es inferior al promedio histórico, de unas 14 tormentas y 7 huracanes por temporada.
No obstante, las autoridades insisten en que una menor actividad no equivale a ausencia de peligro: basta un solo sistema que toque tierra para que la temporada resulte severa.
La temporada ciclónica del Atlántico inició el 1 de junio y se extenderá hasta el 30 de noviembre, con su tramo más activo previsto entre mediados de septiembre y octubre.
Llamado a la preparación
Especialistas y autoridades han llamado al sector público y privado a prepararse para un periodo de condiciones climáticas extremas que podría tensionar la productividad agrícola y la infraestructura hídrica del país.
Entre las recomendaciones figuran reforzar el monitoreo del agua en las presas, la humedad del suelo y los riesgos de incendios forestales, así como retomar y actualizar los planes nacionales de respuesta a la sequía en el sector agropecuario.
