La cultura del azar

Billete de 1927 en el gobierno de Horacio Vásquez.
¿Por qué se debe eliminar La Lotería Nacional y todas las bancas?

Usted mismo responderá a esta pregunta cuando recorra estas líneas de la Historia de La Lotería, pero llegue hasta el final.

La idea inicial de crear La Lotería provino del sacerdote Francisco Xavier Billini, quien fuera hermano del presidente Francisco y del escritor Hipólito. Eso fue durante el primer mandato del presidente Ulises Heureaux en el 1882 y se llamó “Lotería de la Junta de la Caridad” conocida como “La Lotería del Padre Billini” que era, mas que para hacerse rico, contribuir con una donación para enfermos, ancianos e indigentes.

Aunque usted ni Ripley lo crea, esta “Lotería del Padre Billini” era dirigida por 13 personas notables, honorables, cuando ese término se usaba debidamente. Su trabajo era, benévolo, o sea, no cobraban ni una mota por ese servicio caritativo.

Esta lotería fue declarada legal con la aprobación oficial de Lilís en 1890 justo al morir su fundador.

Ya para 1910, en la dictadura de Mon Cáceres, la Lotería empezó a dar un giro que es el impulso para convertirla en ese mecanismo de vicio que es hoy. El premio mayor era de $5,000 pesos que es como si dijéramos 50 millones.

El contralmirante Thomas Snowden de la Armada de Estados Unidos, pasó a administrarla muy brevemente porque había una ley que prohibía a los extranjeros desempeñar ese papel. Es por eso que los militares de la ocupación emitieron una orden ejecutiva, la 420, que prohibía la lotería en todo el territorio nacional.

Para 1920 flexibilizaron un poco y permitieron dos loterías: una en Santo Domingo y otra en Santiago. Ya para el 1927 y bajo el régimen del general Horacio Vásquez, la Lotería Nacional ya no se ve como una ayuda para los enfermos, dementes o huérfanos. Ahora representa una “renta pública” lo que se oficializa con la Ley 689.

En la Era de Trujillo se institucionalizó bajo la Ley No.3135 del 8 de abril de 1951 con Porfirio Herrera como director, cuyo hijo, fue director del Centro de Arte Nouveau en la Independencia casi Pasteur. Cariñosamente Olafo “el Horrible”.

Desde entonces se sigue con esta práctica que se ha generalizado como algo “normal” jugando con la ignorancia de la gente y la ilusión de convertirse en rico “di un día pa’ otro”.

A pesar de la persecución de la Guardia a riferos de campos, estos se las arreglaban para evadirlos, hasta hoy. Se buscaba que la gente no jugara números para que comprara billetes o quinielas y así beneficiar ese mecanismo de recaudar dinero “para las arcas del Estado”.

Cuando la Guardia sorprendía a infelices campesinos se los llevaba preso con los dados, barajas, listas de rifas y hasta con la mesa, como prueba del delito. Joseíto Mateo sacó un merengue en 1958 que hacía alusión a esto: “…a los jugadores, lo tan acechando, lo van a llevar, con la mesa al caco…”

¿Qué tenía de malo que un campesino rifara 100 números para ganarse 30 pesos y aliviarle un par de meses a algún infeliz que no había visto 50 juntos en toda su vida? Ahí no había trampa y la posibilidad matemática era 1/100 mientras que en la lotería era 1/20,000.

Pero uno de los puntos importantes del programa de gobierno de Juan Bosch era precisamente eliminar la Lotería y todos los juegos de azar. Aquiles se salvaba porque era pintor y el juego no era su talón.

Bosch explicaba, como todo un profesor, que el bienestar de la gente tenía que ser fruto del trabajo honesto y nada más y aprovechaba para dar lecciones de comportamiento para manejar cualquier institución del Estado con dinero ajeno. Esta insistencia de Bosch tanto en sus apariciones radiales, en sus ensayos y hasta en sus cuentos, tenían la intención de eliminar, con conciencia, esa cultura que venía desde lejos y que impedía que avanzáramos hacia una sociedad civilizada.

Pero, ¿cómo eliminar la superstición de un pueblo con un analfabetismo de más de un 80%?

La gente creía y cree en los sueños hasta crear una especie de calendario o tabla con elementos equiparados a cada número. Haber tenido, en un sueño, a Fulano de Tal, obligaba al soñador a jugar el número de su cédula. Un puerco, un gallo, una vaca, un chivo, un muerto, una comida… tenía un equivalente numérico, sin contar que el bello durmiente se soñara directamente con cualquier número que se entendía era un mensaje del más allá para poner en buena al que no tenía ni con que arroparse. Esa actividad mental le ocupaba, a cualquier dominicano, gran parte del tiempo.

En la Era de Balaguer la Lotería beneficiaba “al pobre y al rico” y a los funcionarios que la dirigían sin que hubiese ningún escándalo, aunque era vox populi que el que estaba al frente tenía más suerte que un hijo de millonario.

Paradoja de la vida, el PRD y el PLD, fundados por Bosch, no solo “fortalecieron” la Lotería, sino que durante sus gobiernos salieron a la luz pública los primeros grandes escándalos.

Fulgencio Espinal, un alter ego de Benitín, socio de aventuras de Eneas en una tira cómica de elCaribe, tuvo que salir juyendo y nunca se supo con exactitud la cantidad de millones que decían que se había llevado. El PLD llegó más lejos aún al convertir las pequeñas bancas donde la gente apostaba a los equipos de béisbol de Grandes Ligas en bancas de loto legales y en competencia con la Lotería Nacional. El impulso desde el mismo Congreso las legalizó hasta hoy.

Juancito Sport, cuarto bate, vestía el uniforme morado, con el número 7 o el llamado Lucky Seven.

Durante el mandato de Danilo Medina, y siendo Francisco Peña Tavárez administrador, se propuso que los billetes de su sorteo especial llevaran la imagen de Juan Bosch. Se revivió aquel principio de don Juan cuando su sobrina Josefina Pérez Gaviño denunció como una “desconsideración” y recordó que su tío consideraba los juegos de azar como un indicador del atraso de un país. Tuvieron que dejar de lado el proyecto y hacer un desagravio público a la familia Bosch. Se demostró que las enseñanzas y principios hostosianos de Bosch no dejaron gran legado más que su nombre.

El último escándalo, protagonizado por un tal Luis Maissichell Dicent se ha convertido en una tragicomedia por la inclusión en el lío de un ciego que ahora don Eufemio llama invidente. Es en realidad el capítulo dos porque en el primero, dicen que Dicent se afeitó el caco y anunció que padecía de un cáncer terminal para sensibilizar a los perremeístas de Bonao a colaborar para su cura: ¡Más de tres millones recaudados! ¡Tigueraaaazo!

A tan solo nueve meses ha habido mas de 13 escándalos en el gobierno de Luis Abinader para confirmar que al cambio anunciado tiene mas de 13 posibilidades de repetir el fallido mandato de su aliado “el guapo de Gurabo” a menos que Luis le haga par de hoyo a su correa.

Con la operación 13 que el Ministerio Público lleva a los tribunales a un grupo de 10, se desvela al detalle la naturaleza de la institución, la cantidad enorme de botellas y el oscuro destino de las recaudaciones, muy lejos de lo que hacía el Padre Billini.

El momento es propicio para eliminar para siempre ese odioso mecanismo gubernamental que recauda miles de millones para beneficiar a un grupito de funcionaritos politiqueros y analfabetos que se burlan de la pobreza de la gente.

El momento es perfecto para que el Presidente, de un plumazo, elimine tanto la Lotería Nacional como las bancas y los juegos de azar, lo que no puede ser llevado al Congreso porque como “juez y parte”, muchos “congresistas” son dueños de ese negocio.

Se sabe que muchas bancas son lavadoras por el adecuado mecanismo de pago de impuestos.

Las probabilidades de pegar en la Lotería y en las bancas es la misma que tiene cualquier pitcher de ponchar a un bateador situado en la Luna.

El edificio de la Lotería sería perfecto para una fábrica de helados, de pizzas populares, de chimichurris para el pueblo, de zapatos, de “blumen”, o de lo que sea. O para una extensión del Robert Reid Cabral lo que le aseguraría la reelección a Luis.

Hay tres formas de hacerse rico: robando, trabajando y jugando lotería. ¿Cuál es la suya?

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