Carlos Morales no tiene una calle

Carlos Morales Troncoso merece una calle en Santo Domingo. No para corregir su biografía, que no lo necesita, sino para corregir nuestra memoria.

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Siempre he creído que el servicio público es ingrato. No ama, pero tampoco guarda rencor. Simplemente olvida. Y a veces olvida con una eficacia que debería preocuparnos, porque un país que no recuerda a quienes lo sirvieron con decencia termina reservando sus homenajes para quienes hicieron más ruido.

Carlos Morales Troncoso fue vicepresidente de la República en dos ocasiones y uno de los cancilleres que más tiempo permanecieron al frente de la política exterior dominicana. Le tocó servir de puente en momentos políticos delicados, cuando había que explicar fuera del país a un gobierno y a un partido sobre los que todavía pesaban sospechas ideológicas. Lo hizo sin estridencias, con paciencia y sentido institucional.

Sin embargo, ni siquiera un aula de la escuela donde se forman nuestros diplomáticos lleva su nombre.
Existe un puente en La Romana que lo recuerda. Es poco para un hombre que dedicó tantos años al Estado. En el Distrito Nacional ninguna calle importante lleva el nombre de Carlos Morales Troncoso, mientras abundan nombres cuya contribución pública resulta bastante más difícil de explicar.

Fue condecorado por varios países, amplió la presencia diplomática dominicana, abrió embajadas y condujo asambleas internacionales con la serenidad de quien sabía que representar a un país exige algo más que pronunciar discursos.

También evitó, y algún día habrá que contar aquella historia completa, que una crisis con Haití alcanzara dimensiones mayores. Frente a un presidente con muchas luces, pero todavía sin suficiente experiencia para manejar aquel episodio, Morales actuó con la prudencia que solo dan los años, el conocimiento y el carácter.

No escribo esto para fabricar una estatua tardía. Las ciudades también cuentan su historia mediante los nombres que colocan en sus calles. Allí deciden a quién recuerdan y qué servicio consideran digno.

Carlos Morales Troncoso merece una calle en Santo Domingo. No para corregir su biografía, que no lo necesita, sino para corregir nuestra memoria. Hay homenajes que engrandecen al homenajeado. Otros, cuando llegan, dicen algo mejor del país que finalmente supo hacerlos. Y este es uno de ellos: justo y demasiado tiempo aplazado.
Demuéstrame que estoy equivocado…

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