Suman 5 las muertes por fuga en envasadora

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En esta casa vivían tres de las víctimas mortales.

Santiago. La tragedia por la fuga en la envasadora Coopegas sumó dos nuevas víctimas mortales y ya son cinco los fallecidos y ocho los internos con quemaduras de gravedad.

Mientras que vecinos y parientes que sobrevivieron al impacto, dicen que viven un trauma psicológico permanente como secuela de daños dejados.

En la mañana del miércoles falleció en el hospital Ney Arias Lora de Santo Domingo Juan Francisco Santos Céspedes de 41 años, mientras que Juana Bisonó de 65 murió en el Hospital Metropolitano de Santiago.

El pasado lunes se produjo el deceso de Griseldi Padilla, esposa de Santos Céspedes, y abuelos del infante Braylin Ulloa de diez meses de nacido quien a su vez es hijo de la adolescente Grissel Santos, de 15 años, quien sigue interna en condiciones críticas en la unidad de quemados del hospital pediátrico Arturo Grullón.
Hasta el momento suman tres los integrantes de una misma familia muertos en el siniestro.

Tragedia

El niño falleció durante el impacto ocurrida el pasado sábado en la planta de GLP, ubicada en la carretera La Peña en el trayecto Licey –Tamboril y también se produjo el deceso del bombero Francisco Trinidad. Las condiciones críticas en que se encuentra Grissel Santos, madre del infante, le impide hasta saber del fallecimiento de su niña y de sus padres.

Las condiciones críticas en que se encuentra Grissel Santos, madre del infante, le impide hasta saber del fallecimiento de su niña y de sus padres.

Su esposo, Samuel Ulloa, de 18 años y padre de la criatura fallecida, también está en condiciones precarias en el hospital regional José María Cabral y Báez.

“Psicológicamente estamos traumatizados con esta tragedia. Cuando vemos cómo quedó la casa de nuestros vecinos, pensamos que pudimos ser nosotros”, expresa Casarín Arias.

Casas quedaron en total destrucción por llamas

El impacto en la casa levantada en concreto y habitada por las dos familias fue tal, que solo quedan restos de camas quemadas y abanicos destruidos En la sala, un estante convertido en cenizas y el congelador de la nevera preserva helados en funditas. La zona luce desolada, mientras los parientes de los afectados esperan la mano amiga de las autoridades gubernamentales.

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