“Ando interiormente vestido de médico”

El doctor Asilis ha multiplicado sus conocimientos como catedrático universitario.
Asilis, de los pioneros en el país en su especialidad, considera que en la práctica médica lo más importante es la confianza que inspira a los pacientes

En sus casi 50 años de ejercicio profesional, el doctor José -Joe- Asilis Castillo ha visto evolucionar la especialidad de oftalmología, con cambios tecnológicos significativos, a los cuales ha ido adaptándose a la par, pues vive en constante preparación, e incluyéndolos en el Centro de Oftalmología y Otorrinolaringología Especializada Dr. Asilis, ubicado en la Clínica Bonilla, de la cual es accionista. Pero lo que no ha cambiado en su ejercicio, es la pasión que le pone y el trato humano al paciente, tanto dentro como fuera de su consultorio, pues en su cotidianidad anda revestido de médico, es normal verlo en un supermercado o una actividad social revisando a alguien si le nota alguna afección, o indicándole una receta si así lo requiere.

1. Niñez agradable
De mi niñez agradable recuerdo que mi madre fue que inicialmente me educó. Nací en Moca pero vivíamos en una provincia que en la época de Trujillo se llamaba Julia Molina (Nagua). Allí hubo un maremoto cuando yo tenía dos años, me comenta mi madre que cuando el mar se retira y regresa, mis hermanos, que en paz descansen, me montaron en un caballo y tomaron un mango, lo aplastaron y me lo pusieron como si fuera una tetera para controlar el llanto. Nos mudamos a un pueblecito llamado El Factor, y a los 4 años nos fuimos a vivir a Santo Domingo; a los 10 años mi madre decide regresar a Nagua, recuerdo que yo era un muchachito travieso, a mi padre natural, el doctor Luis Bonilla, mi hermano mayor le dice: Joe no puede volver al pueblo contigo porque lo que vas a sacar de ahí es un pescador, yo me lo llevo para Santiago, y vine a vivir con él”.

2. Transición
Me tocó vivir momentos agradables de la niñez de esa época y de la adolescencia, pero también momentos difíciles, porque era el final de la tiranía de Trujillo, yo tendría 15 o 16 años, y teníamos cabecita caliente, en esa época había unos carros llamado Volkswagen, los cepillos, que eran de los militares, escuchábamos el sonido y de travieso le tirábamos piedra. Cuando yo estaba en cuarto año nos tirábamos a la calle, pasé 24 horas detenido una vez teniendo 15 años más o menos, o sea había una intención, una pasión de que había que sacar lo que había. Eso provocó que haya sido un poco maduro precozmente”.

3. Travesura
Una anécdota bonita que recuerdo de esa época, es que en verano mi hermano me mandaba a pasar un mes a Santo Domingo, y para el mes de julio hacían la Semana Aniversario, organizada por Petán Trujillo, en esa semana traían artistas internacionales. Recuerdo que iba a la Voz Dominicana, me infiltraba con amiguitos y subía al escenario a bailar con Casandra, con Tongolele, era travieso, y cuando salía a la calle me decían mira el muchachito que baila en televisión; pasé como tres años haciendo esa actividad y me hizo famoso porque era una persona decidida”.

4. Ingreso a la universidad
Después de graduarme de bachiller me voy a Santo Domingo, estudié gran parte de mi carrera de medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Me incliné por la medicina, yo diría que por algo genético, y luego algo condicionado por el ambiente en que trabajaba, porque mi padre fue pediatra, y mi hermano Luis Bonilla Castillo, fundador de esta clínica, también era médico. Viví con él desde los 10 años y yo era un ratón de clínica, desde pequeño me impulsó, me decía: usted se ocupa de arreglar el inodoro, los lavamanos y me va ayudar, usted va a hacer lo que usted guste, pero venga a ver lo qué es ser médico, yo entraba al quirófano desde los 12 o 13 años, recuerdo mi primera cirugía fue de las amígdalas, yo veía a mi hermano y me gustó, y en vacaciones iba al hospital Cabral y Báez como practicante y ayudaba al doctor Rafael Castro y otros médicos”.

5. Duelo y responsabilidad
En el 1965 por la revolución me fui a España un año, donde continúo mis estudios de Medicina, yo era una persona muy equilibrada, -mi hermano estaba enfermo-, llevaba una vida paralela desde un principio de estudios y de trabajo, pero de compromisos. Cuando regresé en el 1966, que entra Balaguer, me faltaba un año. De los momentos difíciles recuerdo cuando mi hermano muere en el 1967, yo heredo dos niñas de 9 y 10 años, esas niñas también habían quedado huérfanas de madre cuando tenían dos y tres años, entonces me caso con mi actual esposa Adaisa y regreso a España, termino mi carrera en Zaragoza, y me quedo a realizar mi especialidad de Oftalmología. Me fui un muchachito, a los 23 años, con cuatro mujeres: mi esposa, mis dos sobrinas y una nana para que nos ayudara, y logré terminar mi carrera”.

6. Metas claras
Hice mis estudios de Oftalmología en el Instituto Barraquel, que en esa época era el centro más importante del mundo. Yo tenía una fijación desde que comencé a estudiar: que me especializaría en oftalmología, y en el centro Barraquel. Ya yo estaba sin padre, me caso a la edad de 23 años y decido perseguir mis sueños y lo logré, gracias a la perseverancia, a la constancia, el equilibrio emocional que uno debe tener. Hay momentos buenos y momentos difíciles, pero yo digo cuando te toca momentos difíciles te hacen madurar, y esa madurez te lleva a aprovechar el tiempo a tratar de ser exitoso de ser consciente”.

7. Inicios
Al terminar la especialidad me pidieron que me quedara a trabajar en Barcelona, pero yo prefería ser cabeza de ratón y no cola de León. En Santiago había siete oftalmólogos con muy poca tecnología, entonces traje alta tecnología. Al abrir el consultorio, el primer día atendí 20 pacientes. Durante los primeros años mi señora fue mi secretaria y mi ayudante de cirugía, entonces veían la pareja y la gente se enamora del trato y me fue muy bien. Me ofrecieron trabajar en Santo Domingo, pero pasa que de manera natural heredaba la clínica Bonilla porque era el padre de esas dos niñas, me atraía Santiago, me atraía la madre clínica donde prácticamente crecí viendo la medicina, y mi gratitud a quién fue mi padre”.

8. Hijos
Nuestras dos primeras hijas fueron mis sobrinas, una es doctora en optometría, vive aquí en Santiago, y la otra es pediatra, está en Puerto Rico. Luego vienen los hijos con Ada, la primera fue Joada, después de 7 años, un momento inolvidable, porque viviendo en España mi esposa perdió tres embarazos, cuando regresamos al país logró la gestación, pero de esos nueve meses, pasó como 6 acostada con amenaza de aborto y mi mayor sorpresa fue cuando vi esa hermosa hembra y sana gracias a Dios. Uno de los momentos más importantes que he vivido fue la llegada de mi primera hija y luego el varón, que es oftalmólogo también”.

9. Constancia
Una de mis satisfacciones es que, aparte de que me preparé, he seguido creciendo, porque tengo especialidad de alta tecnología, pues en esta rama, tienes que estar encima de eso. En la cirugía de cataratas tuve tres curvas de aprendizaje: la primera, hace 40 y pico de años, luego la cirugía intracapsular, y ya la última con un aparato de ultrasonido láser, pulveriza la catarata. Tengo 76 años, y en el año 95, el primer cirujano en hacer cirugía refractiva fui yo en Santiago, luego llegó mi yerno, pusimos el primer láser en Santo Domingo, es decir que a los 50 y tantos años decidí, estando ya en una edad madura, lanzarme con un grupo de amigos a aprender cirugía refractiva y a formar después un grupo. Luego comencé enseñar a otros médicos, eso deja la satisfacción de dar, de seguir enseñando, esas son cosas que marcan a uno”.

10. Relevo
Nosotros estamos en un plan de expansión, en un plan de transición familiar, somos 5 accionistas, de los cuales tres tenemos hijos médicos a los cuales hemos hecho una transición y entrega formal al inaugurar un edificio nuevo y una unidad de hemodiálisis. Yo no tengo el temperamento de decir me retiré, el Covid nos enseñó a cuidarnos y a analizar que la vida es una, sigo trabajando porque me gusta la profesión, porque tengo a mi hijo a mi lado y qué bueno que cuando está consultando viene y me dice: papi que te parece tal cosa y viceversa. ¡La experiencia, los años y la juventud!. Tengo la satisfacción de tener un hijo que siguiera mi camino como yo seguí el camino de mi hermano, porque después que tú trabajas y cosechas frutos quieres que alguien siga cosechando. Este hijo me salió bueno, es apasionado y excelente, me mejoró, me superó como profesional y como ser humano. Dios me ha dado la bendición de tener un hijo que me ha seguido, y me siento muy feliz porque el otro día hablando con uno de mis nietos, le dije mi hijo hay una dinastía Asilis, quiero que alguien la continúe, y me dijo sí abuelo, voy a estudiar medicina, eso me satisface”.

Prioriza el buen trato al paciente

Asilis trabaja bajo la premisa de que la fe en el médico es primordial para la recuperación del paciente, de ahí el buen trato que le brinda a todo el que va a su consulta. “Aparte de una preparación correcta, y un crecimiento constante, yo le recomiendo a la juventud el buen trato al paciente. Lo importante aquí, yo diría y le digo a los residentes, es ser serio en su profesión, superarse, darle buen trato al paciente, escucharlo. Tú vienes aquí con un dolor de cabeza, y veo que está todo bien, te pregunto si tienes algún problema, entonces cuando tú entras en la parte emocional del paciente, se relaja y comienza a sanarse, porque muchas veces no es la píldora que le hace efecto, es el trato, entonces esa es de las cosas que en cierto modo me han ayudado, el escuchar el paciente, orientarlo, darle cariño. Eso es temperamental, eso es una vocación con lo cual tú naces, porque en la vida tú aprendes cosas, pero hay otras que se nace con ellas, yo tengo esa vocación, yo te veo a ti con un ojo hinchado y te pregunto qué te pasa, entonces la gente se siente en confianza y me escribe por WhatsApp y yo la ayudo, lo oriento, si veo a alguien con un anzuelo le digo que vaya a consulta y no le cobro, y no lo hago para ganar cliente porque gracias a Dios nos han sobrado. Eso es el temperamento y yo diría que eso se llama ser médico. Yo ando vestido interiormente de médico, porque uno antes de especialista, es médico.

Yo tenía un cuñado que me decía Joe a mí me duele un pie, pero yo no soy ortopedista, o me decía me duele el estómago, le digo yo no soy gastroenterólogo, y entonces él me decía no pero con un omeprazol que tú me indiques yo me sano, es la fe que te tengo.

Satisfacción
Vengo los miércoles a operar cataratas a láser, qué satisfacción me da cuando al otro día esa persona puede ver claro, esas son de las cosas por las que todavía dices vale la pena hacerlo.

Equilibrio
Desde joven trabajo mucho y disfruto mucho, yo camino, hago ejercicio, si hay que rezar soy el que más se reza, si hay que bailar, soy el que más baila, en la vida es importante ser equilibrado.

Tecnología
Desde el 2000 hacia acá el mundo avanzó más que en el siglo anterior, y una de las especialidades de más avance tecnológico es la Oftalmología”.

Confianza
Con estar presente en una cirugía, aunque no opere, la gente se siente bien, esa aura de experiencia y espiritualidad, se siente, soy muy carismático”.

Distinción
La alcaldía me nombró Hijo Adoptivo de Santiago, yo no lo esperaba, porque en lo particular lo que he hecho es trabajar por amor a mi profesión”.

Inspiración
Es bueno recibir un reconocimiento por lo que uno ha hecho, que sirva como ejemplo a las futuras generaciones para trabajar”.

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