Milagros Santurria tiene 48 años que ejerce el pastoreo evangélico, el cual sume con humildad el modelo de entrega de Jesús

Milagros Santurria nació para servir y ha cumplido su destino de manera cabal. Definida de su vocación y llamado, en cada iglesia realizó un trabajo innovador, valioso e encomiable.

Frente al ministerio, transmitió un espíritu de emprendimiento y superación a las mujeres jóvenes de esas congregaciones, a las cuales instaba a seguir sus estudios, a ser ellas mismas, a no ser dependientes, a ayudar a sus hijos con sus ejemplos y a emprender servicios desde la iglesia a favor de la comunidad.

Santurria de Bello creó un programa de alfabetización, que ha recorrido los lugares con más alto índice de iletrados en el país de manera sostenible, a través del cual a alcanzado a más de 115 mil personas en su mayoría mujeres adultas y jóvenes, a quienes les cambió su calidad de vida.

1. Familia

Me contaba mi madre que nací en la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia. Mi papá Bienvenido Santurria y mi mamá Rufina Calzado eran oriundos de la comunidad de Guerra, pero luego de casarse vinieron vivir a la ciudad. Soy la tercera de 8 hermanos, 4 hembras y 4 varones, vivíamos en el Barrio María Auxiliadora. Allá tenía muchas amiguitas, recuerdo a Celeste, era mi preferida. En ese tiempo los adolescentes y los jóvenes eran muy sanos y el sector muy tranquilo. Los fines de semana regularmente mis hermanos disfrutaban de mucha música. Mis padres eran muy buenos, fieles el uno al otro, papá se desvelaba por mi mamá y por sus hijos. Era tan amoroso que a veces nos apoyaba en las travesuras. Mi mamá era un poco aguerrida con nosotros. Él no nos dejaba ir en ayunas a la escuela, nos preparaba unas famosas arepas y panqueques en las noches para que nos desayunáramos con eso y chocolate”.

Milagros Santurria de Bello es pastora evengélica y educadora

2. Recuerdos de sus estudios

Mis estudios primarios y secundarios los hice en la República de Honduras, que por cierto quedaba bien lejos de la casa, pero no obstante a eso papá siempre me encaminaba, para entonces todo era a pie. Cuando cursaba el octavo grado, asesinaron a Trujillo, recuerdo que fueron al curso a darnos la noticia, nos mandaron a salir del plantel para que nos fuéramos a nuestras casas, todos salimos despavoridos. Cuando iba por una calle alcancé a ver a mi papá, desde lejos me venía llamando, hasta que por fin me alcanzó. En ese momento me di cuenta que me quería, porque con el peligro que acontecía el asesinato de Trujillo dejó la casa para ir tan lejos a buscarme. Ahí me di cuenta que él amaba a sus pollitos. El bachillerato lo realicé en el Liceo Juan Pablo Duarte, guardo en mi mente los viernes de actividades artísticas, ahí me di cuenta de que cantaba bien porque me hicieron la cantante de todas los eventos. Me gustaba cantar las canciones de la Gigi. En el liceo tuve muy buenas amigas y amigos, nos reuníamos los fines de semana para hacer las tareas, eran muchachos muy buenos, me acuerdo del rostro de todos aunque no de sus nombres. También recuerdo a la maestra Clotilde. Me destaqué en Matemáticas y Lengua Española, siempre sacaba 90”.

3. Primera y única pela

Una vez mi mamá me mandó a fregar, pero le dije que lo haría más tarde porque iba a jugar un rato con mi amiga Celeste. Recuerdo que me entretuve tanto que me dieron las 6 de la tarde. Cuando llegué a la casa mi papá estaba ahí, pensaba que me iba a defender, él siempre nos libraba de las buenas pelas de mi mamá. Él esperó a que entrara y cuando estaba llegando a la cocina cogió la correa y me dio tremenda pela, la primera y única que me dio, pero fue bien da, porque me la merecía. Tenía como 10 años”.

4. Experiencia dramática

La Guerra del 65 fue una experiencia un poco dramática, Guachupita estaba bien caliente. Una amiga, esposa de un militar fue a la casa para decirnos que saliéramos del barrio, que corríamos el riesgo de que nos mataran. Esa mujer valiente nos dijo que nos iba a ayudar, que pasaría a buscarnos a las 6 en punto de la tarde. Me acuerdo que eché unas cuantas ropitas en una funda de almohada, cuando ella llegó nos montamos en su vehículo, cruzamos la calle Francisco del Rosario Sánchez hasta subir al puente y cuando llegamos nos dijo que teníamos que cruzarlo a pie, que nos fuéramos rápido porque cuando llegaran las tropas se iba armar la de san quintín. Mi papá nos cruzó, pero se quedó junto a mis hermanos mayores, nos explicó que tenía que quedarse en la casa para poder llevarnos de comer. Recuerdo que papá nos llevaba leche, pan y marifinga al kilómetro 25 de la Mella donde vivían mis abuelos maternos. Pasamos un buen tiempo allá, eso me sirvió para reconocer mi vocación de maestra. El tiempo que pasamos fuera de la casa enseñaba a los niños y jóvenes que no sabían leer ni escribir, para entonces tenía como 16 años”.

En el liceo me destaqué en Matemáticas y Lengua Española, siempre sacaba 90

Milagros Santurria

5. Devoción por el Señor

Desde pequeña siempre fui muy buscadora de Dios. Visitaba la iglesia católica y a unas monjas que vivían en la María Auxiliadora, mi casa quedaba cerca. Me hice catequista y pertenecí a las Hijas de María. Después de la guerra, sentía una sed de buscar de Dios, además de un vacío en mi corazón, no me sentía segura de mi salvación. Para entonces, mi abuela y una prima habían aceptado a Cristo en una iglesia que quedaba en la Ramón Matías Mella en Guachupita. Recuerdo que tenía un Nuevo Testamento que leía todas las noches y lloraba cada que vez que lo hacía, pensaba que Dios me estaba hablando y un día le dije a mi abuela que me iba con ella a convertirme a la iglesia. Ese domingo, cuando llegó el momento del llamado para aceptar a Cristo sentía que algo me enterraba en el asiento, quería pararme pero no podía, y no me convertí esa noche. Se lo comenté a mi mamá y le dije que volvería otro día, entonces ella me dijo que si me convertía me iba a desheredar, que no quería evangélicos en su casa. Pasaron unos meses y esa insatisfacción seguía, hasta que un día me dije que aunque me deshereden voy a aceptar a Cristo y así lo hice. Aunque me dio mucha lucha pararme del asiento, por fin acepté al Señor. Mis hermanos más jóvenes me decían que cuando llegara Navidad me iba a salir de la iglesia, porque me gustaba mucho cantar y bailar. No me gustaban las fiestas, pero en mi casa bailaba todo lo que sonaba en la radio. Cuando llegó diciembre en mi casa se armó una bebedera y música a todo dar, entonces me encerré en mi habitación, no sé a qué horas me dormí, pero vencí la prueba. Eso fue como en el 66, tenía 17 años”.

6. Recuerdos dolorosos

En la iglesia me involucré en la Sociedad de Jóvenes, fueron tiempos muy bonitos, aunque hubo un episodio que me dolió mucho. Un joven que era de los más activos en la iglesia, al parecer se dejó lavar el cerebro y se metió en las drogas. Parece que hizo un viaje y en la embarcación que iba le pegaron fuego y murió quemado. Recuerdo también a mi hermanita que murió de cólera, era menor que yo, se llamaba Cristina y le decíamos Cristinita. Por más que la llevaron a la Angelita, como quiera murió. Eso me marcó, lo sentí mucho, ella tenía como 3 años. También recuerdo a mi hermana mayor Estervina, murió hace poco, ella ayudaba mucho a mi madre. Ella trabajaba, y cuando cobraba gastaba su dinero en ropa y zapatos para nosotros, nos llevaba un montón de cosas”.

7. El llamado de Dios

Como al año de pertenecer a la iglesia comencé a sentir un llamado de Dios para el ministerio. Un día fueron unos jóvenes que estudiaban el último año del seminario a dar un culto y pensé que ahí era que el Señor me quería. Cuando terminó el culto, le expliqué al pastor que quería entrar al ministerio, pero me contestó que  tenía que esperar al próximo año porque no había inscripción. Cuando le comenté a mi mamá, me dijo que no quería pastoras en la casa, que no me daría dinero para estudiar eso. Me aconsejó que terminara el bachillerato, que los pobres tienen que ir a la universidad. Recuerdo que le contesté que la Biblia dice: Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, que las demás cosas vendrán por añadidura y le aclaré que seguiría mis estudios, entonces me dejó ir, preparé mi maleta y me fui al Ministerio Instituto Bíblico Central de la Asamblea de Dios, eso fue en el 69”.

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8. Precariedades

Cuando llegué al seminario, éramos 35 chicas, lloré la primera semana, me hacía falta mi familia, pero me fui adaptando”. Allá pasaba muchas precariedades, a los tres meses de estar internada no me había llegado nada de dinero para pagar, el hermano que prometió ayudarme enfermó. Hablé con un señor que era ayudante de mi pastor y él prometió ayudarme. Una noche, estaba en el salón estudiando junto a varias muchachas, no tenía concentración, pensaba irme para mi casa, pero en un momento en que estaba con mi biblia recostada en la mesa, sumergida en muchos pensamiento, de repente cuando la pongo abierta en la mesa mis ojos se clavaron en un versículo de Isaías, capítulo 48, versículo 15 que decía: Yo hablé, te llamé y te traje, por tanto serás prosperado en su camino. Me quedé sorprendida, me dije más claro de ahí no canta un gallo, ese versículo es para mí y lo acogí desde ese momento”.

9. Trabajo a medio tiempo

Un día, el director de seminario me preguntó si sabía mecanografía y le contesté que sí, entonces me propuso ser su secretaria personal y de su esposa, que lo que me iban a pagar lo rebajarían a mi cuenta. Ellos eran americanos. Siempre me regalaban pasta dental, jabón, entre otros artículos, parece que les caí en gracia. Entré al seminario con el segundo de bachillerato, pero el tercero y cuarto lo hice libre, me examinaba en el Juan Pablo Duarte. Los sábados visitaba la casa de una de mis compañeras y copiaba las clases que daban en la semana y ella me explicaba lo que no sabía. También, un hijo del pastor era ingeniero, todos los sábados nos daba clase de álgebra, trigonometría y matemáticas. Como estudiante libre nunca se me quedó una materia, pasé mis dos años con muy buena nota”. 

10. Cuenta saldada

Cuando faltaban dos meses para graduarme, debía el instituto, la ayudita que me daban no me alcanzaba para saldar todo. Recuerdo que le hablé al Señor, le recordé lo que me dijo en su palabra en el 69 en Isaías 48. Una mañana estaban celebrando un culto a las 8 en la capilla, durante el devocional llegaron dos invitados. Uno de ellos era el Superintendente junto Luis Chévere, evangelista en los Estados Unidos. El señor Chévere nos dijo que a su iglesia del Bronx, en el año 69 llegaron muchas fotos de estudiantes que necesitaban beca. Nos contó que las miró y una de ellas él sentía en su corazón que debía becar y la guardó. Nos dijo que con tantos viajes como evangelista se le olvidó esa promesa, que había guardado la foto en un libro y que venía a saldar la deuda. Cuando él sacó la foto y la volteó, era yo. Esa fue una algarabía en la capilla, los muchachos estaban contentos, me puse nerviosa y lloré de la emoción. A partir de ahí el Señor jamás me ha fallado”.

matrimonio

Milagros Santurria de Bello y su esposo Silverio Manuel Bello

De amigos a esposos

Conocí a mi esposo Silverio Manuel Bello cuando entré al ministerio, él estaba en tercero, éramos muy amigos. Él descubrió en el instituto su talento para componer poesías, de cualquier cosa sacaba una, yo le pedía poesías para ponerle música, o si no le enseñaba cualquier composición. Silverio era muy gracioso y muy amable, le gustaba compartir, era muy jovial. Ese año nos enamoramos.

Cuando salió del instituto, estaba pastoreando en Villa Jaragua, entonces un día invitó al director, le pidió  que me llevara, todavía yo estaba estaba en el instituto, aunque no me tocaba ir en ese grupo, como era la secretaria me llevaron. Ese día no se me declaró, pero siempre estaba pegado a mí, me regalaba muchas uvas, me preguntaba muchas cosas… Al principio no me gustaba mucho, pero entablamos una relación y se fue madurando hasta que nos comprometimos. Al año nos casamos, un 27 de septiembre del 73. Él ha sido mi brazo derecho, hemos caminado todo el tiempo uno al lado del otro. El señor nos ha bendecido grandemente, tenemos 4 hijos, dos varones y dos hembras”.

Artista

«Recuerdo los viernes que nos daban actividades artísticas, ahí me di cuenta que cantaba bien porque me hicieron la cantante favorita de todas las actividades”.

Alimentación

Papá no nos dejaba ir en ayunas a la escuela, recuerdo unas famosas arepas y panqueques que hacía de noche para que nos desayunáramos con eso y chocolate”.

Religión

«Recuerdo que tenía un Nuevo Testamento que leía todas las noches y lloraba cada que vez que lo hacía, pensaba que Dios me estaba hablando”.

Gratitud

“Mis padres eran muy buenos, fieles el uno al otro, papá se desvelaba por mi mamá y por sus hijos, era tan amoroso que a veces nos apoyaba en las travesuras. Mi mamá era un poco aguerrida con nosotros”.

Familia

“Mi esposo a sido mi brazo derecho, hemos caminado todo el tiempo uno al lado del otro. El señor nos ha bendecido grandemente, tenemos 4 hijos, dos varones y dos hembras”.

Luchadora

«En el seminario pasé muchas penuarias, a los tres meses de estar internada no me había llegado el dinero para pagar, el hermano que prometió ayudarme enfermó”.

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