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Las fuerzas policiales paralizaron las piernas Brunilda Amaral, en una protesta estudiantil en febrero 1966, pero nunca detuvieron las alas de esta mujer revolucionaria

Era 9 de febrero de 1966, el país estaba sobrecogido por la muerte de seis estudiantes y un saldo de 40 jóvenes heridos que fueron atacados por las fuerzas policiales en una histórica protesta de movimientos estudiantiles frente al Palacio Nacional.

Exigían mejores condiciones para la universidad estatal, la democratización de la enseñanza y mayores libertades. Entre los heridos estaba Brunilda Amaral, una joven que para ese entonces cumplía 19 años y cursaba el segundo grado de secundaria en el Instituto de Señoritas Salomé Ureña.

Participar en esa protesta era algo que no estaba dispuesta a perderse. La sangre revolucionaria corría por sus venas. Como modelo, tuvo a su madre y a su hermano Arismendy Amaral , ejemplos de resistencia de la época.


Recuerdo


A 56 años del hecho, Brunilda recuerda cada detalle de ese trágico día. Aún no entiende cómo una protesta de estudiantes, muchos con sus mochilas cargadas de libros, se convirtió en un campo de batalla en el que algunos de sus compañeros murieron acribillados y otros quedaron con secuelas de por vida.

Lo que sí siempre tuvo claro es que la bala que destrozó su columna y que paralizaría sus piernas para siempre no la impediría de ir tras sus metas.

Desafiando aquella sentencia médica que le otorgó menos de 24 horas de vida, Brunilda era fortalecida por su espíritu “terco y tenaz”.

A estas cualidades atribuye muchos de sus logros, cómo convertirse en bibliotecaria y escritora, competir a nivel internacional como deportista y tener una vida independiente, aspiraciones muy complejas de lograr en un entorno de exclusión para una mujer en silla de ruedas.

En entrevista para elCaribe, Brunilda Amaral rememora sus momentos más agrios y sus victorias más dulces con la convicción y satisfacción de estar cumpliendo con un propósito determinado, porque la vida sin esfuerzos le parece insípida.

  1. La protesta de 1966
    No importa los años que hayan pasado, esto no es fácil… Yo vivía al lado del Instituto de Señoritas Salomé Ureña. Nosotros (estudiantes) teníamos la intención de hacer una marcha para protestar frente al Palacio Nacional y pedirle al Presidente de la República que en ese entonces era Héctor García Godoy, presidente provisional, que la UASD reconociera al Consejo Universitario Provisional, y que sacara de los liceos y de las escuelas a las tropas interventoras; también por la democratización de la enseñanza y que fuera la UASD más abierta, gracias a Dios que lo es hace mucho.
    Yo era dirigente de la Unión de Estudiantes Revolucionarios. Estaba en el segundo grado de secundaria. Tenía 19 años.

    Ese día (9 de febrero de 1966) convocó a huelga la Federación de Estudiantes Dominicanos, todos los grupos universitarios. Cuando fuimos, ese miércoles, nos juntamos con estudiantes de secundaria. Fue todo muy pacífico. Fue una comisión a hablar con el presidente, pero él no estaba y los recibió otra persona. Nosotros estábamos hasta jugando, como se hacía en esa época. Cuando la comisión encargada de conversar con el presidente está ahí, llega Romeo Lliná y se sube en la esquina donde está el Codia para explicarnos lo que dijeron y qué acordaron. Al lado de él había un policía que dice que lo empujaron, que le tiraron frío frío, el asunto es que él (policía) comenzó a disparar y eso se volvió un pandemonio. Dentro de las verjas del Palacio estaban ellos con mascarillas antigás (agentes policiales), es decir que eso no fue fortuito. Nosotros no hicimos nada, lo que teníamos por armas eran los libros. No hubo provocación. Algunos no tenían permiso de sus papás y se fueron de sus casas para allá, en vez de irse a la escuela.
  2. Muy cerca de la muerte
    Cuando comenzaron a disparar, corrimos hacia el césped del frente, pero yo no terminé de aterrizar, recibí un impacto de bala en la columna y me caí enseguida. Sentí que me habían llevado la mitad de mi cuerpo. Mi hermano y otro amigo me llevaron al hospital, ya en el carro pusieron a otro joven estudiante universitario encima de mí, y murió en mi brazo. Ese día murieron seis estudiantes y hubo 40 heridos. Yo viví por muchos años recordando esos horrores. En la noche no dormía, porque repetía la misma escena. En esa época no había psicólogos, ni psiquiatras, esa época era difícil y se entendían que eran para locos.
  3. La primera vez que lloré
    Eso fue terrorífico. Y mira que yo viví la Guerra de Abril y vi muchas cosas. Esa fue la acción más cobarde que vi. Yo recuerdo a una señora que vivía al doblar de mi casa, que le mataron a un hijo ahí (en la protesta) y ella todos los días le guardaba comida. Ella borró de su subconsciente que eso sucedió. Fue tan desgarrador que su cerebro no lo procesó. En casa había unos médicos de Hungría y de Francia, que vinieron a ser solidarios con los heridos de guerra. Se hospedaron en mi casa, y yo les enseñé a bailar merengue, en diciembre, y en febrero ellos me llevaron. Éramos 24, y cuando llegamos allá, aún mal heridos, a Hungría, recuerdo que éramos como un zoológico, porque éramos negros. Hubo un día en el hospital de Hungría que fue inolvidable, porque hice consciencia de cuál era mi realidad, porque aquí no tuve casi tiempo de digerir, porque siempre tuve compañía. En el hospital, en una habitación éramos cuatro, y un día salieron a ver el entorno, y la única que no podía caminar era yo. Una tenía una pierna amputada, a otra le habían impactado en la cara, le hicieron 18 operaciones. Ahí me encuentro con que no entiendo el idioma, no tengo a nadie, a ningún familiar, no camino, y pensé cómo me voy a manejar yo. Ese día me entró una desesperanza increíble y fue la primera vez que lloré en todo el proceso.
  4. “Hasta aquí llegaste”
    Yo quería venir a mi casa a comer arroz con habichuela… Cuando regreso de Hungría, después de 22 meses, vine aquí con 80 libras. Mi mamá cuando me vio pensó que me habían mandado desahuciada. Llego y me encuentro que donde quiera hay barreras, y yo en una silla de ruedas, me siento impotente para moverme. Por todas partes aceras altas. Además me dice un compañero, ya tú no nos sirve, porque tú en esa silla de ruedas nos puede delatar, hasta aquí llegaste. O sea me encuentro con una realidad bien fea y difícil.
  5. Mi Techo propio
    El que lee mi libro dice que no ha visto gente que se haya mudado tanto como yo. (Expresa entre risas), yo desde pequeña estaba dando tumbos y decía Dios mío yo quisiera comprar una casa), porque estoy cansada de ir de acá para allá. Ya estaba para desalojo cuando vine para acá. (Casa actual). El día en que entré aquí, el 15 de enero de 1981, abrí los brazos, porque me había costado tener un techo propio. Era a 20 años, y pagaba RD$94.25, para mí una barbaridad, yo ganaba RD$140.00. Estuve haciendo malabares aquí con mi mamá. Pero con todas esas precariedades, sentí que por fin estaba en un lugar propio.
  6. Unida a la UASD
    Mis compañeros de la FED ven la situación y me dicen que ellos necesitan que yo vaya a trabajar para la FED como una forma de sacarme de casa. Ahí ganaba RD$60.00 como secretaria auxiliar. Me llevaban en un transporte, y yo con mis dos muletas bajaba las escaleras de mi casa porque vivía en una segunda planta. Luego como a los tres meses el Consejo Universitario me nombró.
  7. Mi graduación
    El día en que me gradué en el 1983 fue un día muy significativo, como también lo fue cuando, justamente en ese mismo año, la Asociación de Bibliotecarios Dominicanos, me otorgó un reconocimiento como bibliotecaria del año, para mí fue muy significativo porque yo solamente supe y sé cuánto me costó, porque las personas con discapacidad física, sensorial o intelectual se nos hace muy difícil todo. Tenemos que tener poder de decisión, firmeza y constancia. Yo soy una persona persistente y constante. Yo nunca me rendí, porque condiciones si había para rendirme. Realmente yo soy muy terca y obcecada. Yo no recuerdo la última vez que me rendí.
  8. Solo yo me puedo limitar
    Desde 1973 fui deportista en silla de ruedas. Fue cofundadora de la Fundación de Personas con Discapacidad, del Círculo de Mujeres con Discapacidad y del Club sobre Sillas de Ruedas. En 1974 tuve mi primera licencia. Yo conduzco con las manos, con un control manual, hay aditamento para todo gracias a la tecnología y a la ingeniería. El yo no puedo es un disparate. Puede ser que me limite yo pero nadie más. La mecánica y las innovaciones han hecho que las personas con discapacidad tengan una vida más independiente.
  9. La lectora ocupada
    Recuerdo que cuando pasaban lista, me decía una profesora: Amaral Brunilda, la primera en la lista y última en la clase. (Dice entre risas). Es que yo, además pertenecía a la Federación de Mujeres Dominicanas, al Movimiento 14 de Junio y a la UER, y yo no tenía tiempo ni siquiera para lo básico. Yo entré al Movimiento Revolucionario a los 16 años. Participé en la Revolución, pero realmente estaba en todo menos en misa. Ya a los 19 años debí ser bachiller, pero todo era muy convulso. Yo soy bibliotecaria de profesión, porque desde pequeña he estado entre libros. Yo tenía de vecino a Domingo Moreno Jiménez, un poeta dominicano. Como lo mío siempre era leer desde pequeña, él me puso la lectora, porque siempre me encontraba con la cabeza dentro de los libros.
  10. Mis 75 años
    Mi cumpleaños 75 fue el año pasado. Pensé que nunca iba a llegar ese día, porque no me daban más que 24 horas cuando me hirieron, porque yo perdí demasiada sangre. Alguien dejó un radito en el hospital y yo escuché en el Frente Local, de Radio Mil Informando, acaba de fallecer la señorita Brunilda Amaral, y yo con los ojos cerrados aun, dije para sí, pero yo estoy viva. Aunque yo tuve la experiencia de que me fui y volví, pero cuando volví me di cuenta que no era la misma persona, tenía un carácter… Era muy necia y engreída, pero es increíble cómo cambia el ser humano lo que antes para ti era importante, ahora eres tú que le das la importancia a las cosas, pero eso hay que aprenderlo, y yo lo aprendí.

15 de julio de 1965: dura experiencia

El 15 de julio de 1965 estaba en el Comando B3 Constitucionalista y las tropas yanquis ese día atacaron, lo que ellos llamaron operación limpieza. Yo estaba ahí con Hilda Gautreaux, una luchadora dominicana también, y tiraron un bazucaso e hirieron de una manera terrible a Jacques Viau Renaud, un comandante haitiano en el colmando B3, un poeta haitiano y hombre solidario con este país. Yo vi cuando el médico decía que no había anestesia, que había que cortar la pierna porque se estaba desangrando. Cuando llegué a mi casa me desplomé por haber visto tanto horror en tan poco tiempo. El 15 de julio de 1965 fue un día terrible. Me recuerdo que me tiré por la parte más alta. En ese momento de ráfagas y disparos uno ni siquiera piensa.

Como muerta


“Alguien dejó un radito en el hospital y yo escuché en el Frente Local, Radio Mil Informando, acaba de fallecer la señorita Brunilda Amaral, y yo con los ojos cerrados aun, dije para sí, pero yo estoy viva”

La sentencia


Mi cumpleaños 75 fue el año pasado. Pensé que nunca iba a llegar ese día, porque no me daban más que 24 horas cuando me hirieron, porque yo perdí demasiada sangre.

Persistencia
La palabra no es difícil para mí, porque si algo no me da yo siempre voy a pensar en un plan C o plan D.”

Amante de la lectura
Soy bibliotecaria de profesión, porque desde pequeña he estado entre libros. Domingo Moreno Jiménez, poeta dominicano, me puso la lectora”

Independencia
La mecánica y las innovaciones han hecho que las personas con discapacidad tengan una vida más independiente.”

El fantasma
Ese día murieron seis estudiantes y hubo 40 heridos. Yo viví por muchos años recordando esos horrores. En la noche no dormía”

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