Lo que hay detrás del «Todo Mozart»

Detrás del «Todo Mozart» de Amaury Sánchez y la Filarmónica de Santo Domingo hay todo un ciclo que da claves para una renovación de la escena

Amaury Sánchez revive el genio de Mozart
Amaury Sánchez revive el genio de Mozart
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Amaury Sánchez levanta la batuta, y con ella, da otra pista de redención musical. El Todo Mozart, que tendrá lugar el venidero 5 de noviembre, no es solo un concierto: es el tercer movimiento de un ciclo que abona a lo que reflexionamos la pasada semana sobre la revisión y renovación de la programación en la escena sinfónica dominicana.

Previamente, con Todo Beethoven y Todo Hollywood, Sánchez y la Orquesta Filarmónica de Santo Domingo pusieron en marcha un proyecto que hoy se revela como algo más que una serie de conciertos temáticos. Es una declaración de principios: la música clásica puede ser también moderna, pedagógica y popular, sin menoscabar su rigor y grandeza.

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La Filarmónica: un laboratorio de modernidad

La Orquesta Filarmónica de Santo Domingo en una presentación en Moca
La Orquesta Filarmónica de Santo Domingo en una presentación en Moca

“Queríamos que la orquesta fuera también una escuela de escucha”, ha dicho Sánchez en varias ocasiones. Esa pedagogía se percibe en la estructura misma de sus conciertos: un discurso curatorial donde cada programa está pensado como un viaje narrativo, accesible pero no banal. Todo Beethoven, por ejemplo, fue una lección de historia del pensamiento musical: del ímpetu heroico de la Quinta Sinfonía al humanismo expandido de la Novena.

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Todo Hollywood, en cambio, fue un manifiesto contemporáneo sobre la vigencia de la orquesta en la cultura audiovisual: John Williams, Hans Zimmer y Ennio Morricone en la misma sala donde se consagraron los grandes clásicos europeos.

Este artículo forma parte de nuestro Suplemento Cultural de este 18 de octubre. Disfrutalo completo acá
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Los más puristas pueden debatir la línea mainstream de Sánchez, pero la respuesta del público fue rotunda: Entradas agotadas, diversidad de edades y entusiasmo genuino probaron que el atreverse a nuevos contextos y una narrativa distinta es el camino para que las “empresas de la clásica” resuelvan los paradigmas del futuro del escenario.

En el Caribe y Centroamérica, movimientos similares están ocurriendo. En San Juan, la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico revitalizó su temporada con el ciclo Todo Tchaikovsky; en La Habana, el Lyceum Mozartiano impulsa programas integrales dedicados a Bach y Haydn; en San José, la Sinfónica Nacional de Costa Rica alterna repertorio académico con noches temáticas como Hollywood Symphony Nights. La Filarmónica dominicana dialoga con ese movimiento regional, aportando su propio acento: rigor, identidad caribeña y una pedagogía emocional que transforma el concierto en experiencia.

Así, Todo Mozart llega ahora como la madurez natural de esa propuesta: un retorno a la fuente, a la arquitectura pura del clasicismo vienés.

Amaury Sánchez: la batuta de la accesibilidad

Si hay un hilo conductor entre estos programas, es la visión de Amaury Sánchez. Su trayectoria como director, productor y compositor ha estado marcada por una premisa constante: tender puentes. Desde los años noventa, cuando introdujo producciones sinfónico-teatrales como Carmina Burana o West Side Story, hasta sus recientes conciertos de cine sinfónico, Sánchez ha demostrado que la excelencia artística no está reñida con la accesibilidad.

Su aporte es doble: artístico y estratégico. En lo artístico, ha consolidado un lenguaje de dirección que privilegia la claridad y la comunicación. Su gestualidad precisa, su conocimiento del repertorio vocal e instrumental, y su respeto por el texto musical lo convierten en un líder natural de proyectos colectivos. En lo estratégico, ha comprendido que la sostenibilidad de una orquesta en el siglo XXI depende tanto de su calidad sonora como de su capacidad para emocionar y convocar.

El ciclo “Todo…” es, en ese sentido, una política cultural en sí misma. Cada programa es un acto de mediación: entre el canon y la contemporaneidad, entre el saber académico y la curiosidad del oyente no especializado. Es también una forma de garantizar continuidad: el público que asistió a “Todo Hollywood” ahora se atreve con Mozart, y el que descubrió Beethoven espera ya la próxima entrega. Esa pedagogía de la escucha sostenida es, probablemente, su mayor legado.

Todo Mozart: la arquitectura del genio

El programa del 5 de noviembre es, en apariencia, clásico; en realidad, profundamente simbólico. La Obertura de La flauta mágica abre la velada como un portal. Esa sucesión de acordes iniciales —solemnes, casi rituales— recuerda que Mozart escribió esta música en un momento de iluminación personal. Hay en ella un equilibrio perfecto entre teatralidad y trascendencia: los contrastes de luz y sombra, la idea de conocimiento como camino iniciático. Es la alegoría sonora del hombre que busca su propia verdad.

Le sigue el Concierto para piano n.º 23 en La mayor, una de las obras más refinadas del repertorio pianístico clásico. El italiano Antonio Pompa-Baldi será el solista invitado, un pianista de sonido cristalino y fraseo contenido, formado en el Conservatorio de Nápoles y laureado en el Concurso Internacional de Cleveland. Su estilo combina la claridad mozartiana con una sensibilidad mediterránea que privilegia la cantabilidad. En sus interpretaciones, el piano no domina a la orquesta: dialoga con ella, como si ambos compartieran un mismo aliento. El segundo movimiento, ese Adagio que parece suspender el tiempo, promete ser el corazón de la noche.

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El cierre con la Sinfonía n.º 41 en Do mayor, “Júpiter”, no es casual. Es la última sinfonía de Mozart, su testamento sinfónico. En ella, el genio de Salzburgo condensa toda la sabiduría técnica del clasicismo vienés: las fugas, los contrapuntos, las superposiciones temáticas, la construcción arquitectónica que parece anticipar a Beethoven. Pero más allá del análisis, la “Júpiter” es un himno a la claridad. Escucharla en el Teatro Nacional será, de algún modo, presenciar un regreso a la fuente de toda la música que vendría después.

Coordenadas:

“Todo Mozart”

Orquesta Filarmónica de Santo Domingo. Director: Amaury Sánchez, Director Pianista: Antonio Pompa-Baldi, Pianista

Repertorio:

-Obertura La Flauta Mágica -Concierto para piano y orquesta No. 23 en La Mayor.

-Sinfonía 41 (Jupiter)

Lugar: Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito. 8:30 pm.

Boletas en Uepa Tickets y boletería del Teatro Nacional

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