El futuro del repertorio clásico dominicano

¿Cuál es la música clásica y académica «que más suena» en República Dominicana y por qué? Tendencias, desafíos y rol de directores locales.

El Coro Nacional Dominicano celebró sus 70 años con el Réquiem de Mozart
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El repertorio de música académica que se programa en República Dominicana en 2025 sigue respondiendo, en gran medida, a una clásica tensión entre tradición e innovación. El peso del canon romántico –con compositores como Tchaikovsky, Brahms, Dvořák y Beethoven– en los programas locales continúa siendo abrumador. Sin embargo, se perciben ligeros movimientos hacia nuevas zonas estéticas: incursiones más frecuentes en la música de cámara del siglo XX, tímidas apariciones de obras contemporáneas y una creciente presencia del repertorio latinoamericano, aunque casi siempre en el marco de efemérides o ciclos temáticos.

Este artículo forma parte de nuestro Suplemento Cultural de este 11 de octubre. Disfrutalo completo acá

La Orquesta Sinfónica Nacional, eje institucional de la vida orquestal del país, ha mantenido una línea artística sólida, aunque todavía algo conservadora. El maestro José Antonio Molina, al frente de su podio, ha equilibrado con habilidad los grandes títulos del canon sinfónico con obras del siglo XX. Iniciativas como las impulsadas por la Fundación Sinfonía o Amigos del Teatro Nacional también refuerzan este equilibrio con repertorios que combinan grandes obras del pasado con nombres reconocibles de la escena contemporánea. Mientras que otros más “mainstream”, como el maestro Amaury Sánchez, aportan los guiños al público masivo con suites cinematográficas o programas populares.

Pero, a medida que el país se consolida como el «emergente hub» de la música académica en Centroamérica y el Caribe y las nuevas generaciones se acercan a los conciertos sinfónicos, emerge una nueva sensibilidad en mirar el core de nuestro repertorio. Las instituciones arriba mencionadas y los que asistimos regularmente a los conciertos vemos un alentador crecimiento del público menor de 40 años en las últimas temporadas. Un hecho que llama a pensar en una programación que no solo respete los cánones tradicionales del repertorio universal, sino que también explore zonas de renovación estética, accesibilidad emocional y diversidad cultural.

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Dominio del romanticismo, tímidos contemporáneos

El maestro José Antonio Molina, conduciendo la Sinfonía N°5 de Gustav Mahler
El maestro José Antonio Molina, conduciendo la Sinfonía N°5 de Gustav Mahler

La revisión de los programas de conciertos ofrecidos en el país entre 2023 y 2025 confirma un predominio del repertorio romántico y post-romántico. Obras de Dvorak, Brahms, Strauss y Tchaikovski aparecen con regularidad, junto a un bloque clásico habitual de Mozart y Beethoven, todos ya asimilados dentro de una visión “conservadora” de lo moderno. (El penúltimo concierto de la Temporada Sinfónica introdujo a Bela Bartok, lo cual fue una sorpresa para los asistentes regulares).

Por el contrario, compositores vivos o del último medio siglo ocupan poco espacio, según datos recopilados a partir de los programas. Esta tendencia, lejos de ser exclusiva de República Dominicana, se replica en buena parte de Latinoamérica. Pero la necesidad de reimaginar la programación clásica se ha vuelto urgente en escenarios globales, los grandes escenarios (Les Arts, Liceu, Met, por solo decir tres) se están, literalmente, “rompiendo la cabeza” en la ampliación, modernización y consolidación de su repertorio, con la finalidad de dar respuesta a los tres de los grandes paradigmas del terreno clásico, ¿cómo atraer al público de relevo?, ¿cómo balancear tradición con representación? y ¿cómo expandir el repertorio sin perder público ni apoyo institucional?

Otros esfuerzos que hay que saludar son los que corresponden a instituciones como Sinfonía y Amigos del Teatro Nacional que, mediante sus convenios, han asumido iniciativas clave como la promoción de reinterpretaciones escénicas (óperas semimontadas, conciertos con multimedia, que completa la creciente labor de la OSN en su política de apertura a colaboraciones con artistas de otras disciplinas para atraer nuevos públicos.

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¿Y el repertorio latinoamericano y dominicano?

El maestro Santy Rodríguez y la Orquesta Sinfónica Nacional
El maestro Santy Rodríguez y la Orquesta Sinfónica Nacional

Otra de las discusiones más relevantes que se abren para el futuro de la programación clásica en República Dominicana es la visibilidad del repertorio latinoamericano y local. Aunque autores como Ginastera o Villa-Lobos han aparecido ocasionalmente en las temporadas, su presencia aún es poca.

En el caso dominicano, por su parte, hay mucho de donde alimentar. Obras como las de Bienvenido Bustamante, Margarita Luna de Espaillat o Rafael Solano (en su faceta sinfónica) han sido escasamente interpretadas, con la excepción de eventos conmemorativos o festivales específicos.

No obstante, hay un camino que se empieza a labrar. El maestro Molina, al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional, ha equilibrado con habilidad los grandes títulos del canon sinfónico con obras locales, tanto con obras de su autoría como de Ramón Antonio -Papa- Molina (aún se recuerda con gozo las “Tres Imágenes Folclóricas” ovacionadas en la Temporada Sinfónica de este año), por solo mencionar dos. Asimismo, solistas dominicanos formados en el extranjero -como Nathalie Peña-Comas, Aisha Syed, Edgar Pantoja o Elioenai Medina- han mostrado especial interés en incluir obras del país como de compositores vivos en sus presentaciones. Esta tendencia es clave para diversificar los programas y para insertar la música dominicana en circuitos internacionales.

Ciertamente, hay que dejar sentado que los factores administrativos, presupuestarios y de gestión cultural, especialmente cuando se trata de fundaciones, instituciones públicas o eventos con financiamiento mixto, son elementos influyentes en las decisiones artísticas. También reflejan las preferencias -y prejuicios- del público: se percibe una mayor respuesta en taquilla cuando se anuncia un Requiem de Mozart que una obra de un compositor local contemporáneo.

Un horizonte posible

Así el panorama, la programación clásica en República Dominicana se encuentra en un momento bisagra: si bien persiste la fuerza del canon, también se abre una ventana para diversificar las propuestas y proyectar un repertorio más representativo de la época y el país. Para lograrlo, se requiere una política musical nacional, estable y sostenida, con mecanismos de incentivo, articulación interinstitucional y participación activa de los creadores.

La actual alianza entre instituciones tiene la oportunidad y la capacidad de dar lugar a una planificación de repertorio que supere la lógica de la programación año a año, y avance hacia una visión cultural de largo plazo. Pero también es necesario también incorporar herramientas de investigación, diálogo con el público y más acompañamiento pedagógico. Solo así la música clásica podrá conectarse con las transformaciones del siglo XXI, sin perder su profundidad estética ni su legado.

El futuro del repertorio está abierto, pero su dirección dependerá de las decisiones que se tomen hoy.

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