En estos tiempos de pasiones desbordadas en las redes sociales, por momentos violentas, irrespetuosas y corrosivas, tanto del régimen cubano, como de los exiliados, “Adiós, Cuba”, el nuevo docudrama de Rolando Díaz, trata de comportarse como una balsa que avanza en un mar con oleaje no demasiado turbulento.
El drama, la tragedia, pasada por el agua de la mesura, por el tamiz de la sabiduría que dan los 78 años sobre la espalda de Rolando Díaz (La Habana, 1947), probablemente se deban a que casi la mitad de ellos los ha vivido exiliado en España, cinco de los cuales fueron en República Dominicana, donde entregó el docudrama “Dossier de ausencias” (2021).
“Adiós, Cuba” su más reciente obra fue vista con una sala casi llena durante la celebración del Festival de Cine Global de Santo Domingo, del 28 de enero al 4 de febrero.
En la proyección se encontraba el presidente de Funglode y expresidente de la República, Leonel Fernández, del mismo modo una amplia representación de la comunidad cubana en República Dominicana.
El mayor peso de la historia lo lleva sobre sí la actriz Yuliet Díaz, junto a Frank Moreno, Betiza Bismarck y Grisell Monzón. De los personajes de este peculiar docudrama, filmado mayormente en Valencia, la actriz de quizás más contundente presencia, por la fuerza de su imagen y las emociones que transparenta, es Betiza Bismarck, la Regla concebida por Rolando Díaz.
Betiza tiene en su haber créditos en filmes del español Iciar Bollaín, o del cubano Fernando Pérez, por solo mencionar dos nombres significativos. Y en teatro con el director cubano Carlos Díaz, entre otros.
Destacan la fotografía, el sonido y la musicalización. Y para poder realizarla Rolando tuvo que entretejer una urdimbre de colaboraciones (porque esta película fue hecha casi sin dinero) donde el más importante cineasta cubano vivo, Fernando Perez sirvió de productor ejecutivo en Cuba; Lesnay Vasquez en Estados Unidos y Gerardo Carrera en España. Pero también en la cámara estuvieron héroes de la resistencia cultural cubana como Miguel Coyula y en los still, la actriz Lynn Cruz, ambos laureados cineastas.
En la música aportaron, además de Jorge Maletá, los recientemente fallecidos músicos cubanos Edesio Alejandro y Julián Fernández, este último, radicado desde hace décadas y fallecido en República Dominicana el pasado año.
Andrés García y Mariano Tambussi se encargaron del montaje y al edición del filme.
Nunca digas nunca
Hace par de años, Díaz confió a quien redacta, que probablemente “Adiós, Cuba” sería ya su última película. Pero ahora aspira a hacer una comedia con la cual se limpie el alma. Además, uno nunca sabe. ¿¡Quién quita que la vida le dé una real sorpresa y pueda hacer su mejor obra en un regreso a Cuba!?
Lo importante, mientras tanto, es que “Adiós, Cuba” forma parte natural de un concepto estilístico donde Rolando Díaz expone sus tesis entremezclando la ficción con el documental. Esto supone una planificación mental que pocas veces escribe y que para los equipos que le acompañan a veces pueda parecerle una locura, pero son planos y planteamientos improvisados o repensados, que pueden encontrar ecos en varias de sus obras.
Esos puntos de contacto se exponen también en “Los caminos de Aissa” (España, 2014) y en “Una elefanta sobre la tela de una araña (España, 2022). Y mucho más atrás en “El largo viaje de rústico”, que en 1993 le valió una nominación a los Premios Goya. Son los modos que tiene Rolando Díaz de exponer sus nostalgias, sus dolores, sus pérdidas, la búsqueda de la Patria, la emigración, los sueños y las pesadillas.
Con “Adiós, Cuba” Rolando Díaz, uno de los veteranos del cine cubano, y quien formara parte del Noticiero ICAIC a fines de los años 70 cuando realizara unas 80 emisiones, confirma una mirada única, donde densidad no significa aburrimiento, sino peso específico, sustancia y aplomo, y por lo tanto experiencia vital y artística. “Adiós, Cuba” es la mirada que propone Rolando desde su deseo de jugar un partido de baloncesto en el Parque de Luyanó.
“Adiós, Cuba” de Rolando Díaz
Sigue a Caridad, una directora de teatro cubana que vive en el exilio en Valencia, España. Conmovida por la enorme cantidad de cubanos que han abandonado la isla en los últimos años, Caridad decide crear una obra basada en sus experiencias de migración y escape, historias que a menudo implican riesgos que amenazan la vida, con testimonios reales de cubanos exiliados.
