Natalia Jiménez alborota, cantando, el Teatro Nacional

La artista española Natalia Jiménez ofreció en la noche del jueves un conciertazo lleno de buenos momentos atados a la nostalgia, con un exquisito gusto en su puesta en escena.

Afincada desde hace algunos años en México Natalia Jiménez da continuidad a una rara tradición de artistas españolas que han residido en México durante largas temporadas y han hecho de ese mercado el centro de su apuesta comercial. Rocío Durcal y Rocío Jurado la precedieron. Desaparecidas ambas, Natalia se adueñó de la plaza y ya en sus shows es normal que cuente con un mariachi.

Esa mezcla bendita de lo español con lo mexicano, sin dudas es exitoso. Por eso, el sold out que hizo ver tan hermosa esa noche la colmada sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito.

Los elementos

En la puesta en escena de sus conciertos Natalia Jimenez cuida con especial esmero y sin escatimar recursos, detalles como el vestuario, los tocados, el cabello, el calzado.

Ese todo se pone en función de su joya más importante en el escenario: la voz.

Tal y como había mencionado elCaribe, el show comenzó con El triste, la canción de Roberto Cantoral que se convirtió en santo y seña de José José y la ovación del público. Luego Si no te hubieras ido, de otro mexicano, Marco Antonio Solís. Y enseguida un medley de tres temas de La Quinta Estación: Perdición, Recuérdame y La frase tonta. Detrás de cada tema no había ahorro de aplausos ni de vítores.

Cambió de vestuario y salió cantando Creo en mi, de su autoría junto a Claudia Brant y Jason DeZuzio; detrás del cual hizo otro cambio de vestuario.

El próximo segmento fue con Cien años (que cantara Pedro Infante); del también mexicano Álvaro Carrillo, Sabor a mí; Perfume de gardenias, del puertorriqueño Rafael Hernández; el eterno Bésame mucho de Concha Velasquez y Piel canela, de Bobby Capó, abuelo de Pedro Capó. Todas clásicos de los años 50.

Con el instrumental de Oye como va ejecutado por la banda, salió a otro cambio de vestuario cada cual más espectacular, para regresar con el mariachi que la acompaña y el tema Canta, canta, canta, de José Alfredo Jiménez. Entre aplausos comenzó a cantar Me gustas mucho, que por su pasito grupero, la acercó a una pareja que bailaba en primera fila a la extrema derecha. Pensó que eran esposos, pero él contestó que eran hermanos, que su esposo suyo, o sea de él, era otro señor sentado a tres asientos. Y de ahí se desarrolló un momento espontáneo lleno de hilaridad que ella manejó con desenfado y complicidad.
Momentazo de oro de cómo los artistas deben saber lidiar con los imprevistos. A duras penas después de tanto reir, siguió con La gata bajo la lluvia, del gran Rafael Pérez Botija; y Ya lo sé que tú te vas, Costumbres, El destino y Amor eterno, todas de Juan Gabriel.

Para el final reservó Me muero de Armando Ávila y suyo, que pertenece a su disco “El mundo se equivoca”. El falso final fue con Quédate con ella, tema suyo y de Claudia Brant. Ovación, pedidos de más y volvió con El sol no regresa de sus excompañeros Pablo Domínguez y Angel Reyero. El Rey, de José Alfredo Jiménez y Si nos dejan del mismo compositor, provocaron Ovación final

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