Carlos Reyes nació en la ciudad de Moca, provincia Espaillat, aunque ha vivido en Mao durante la mayor parte de su vida. Cursó las licenciaturas en Bioanálisis y Educación mención Filosofía y Letras en el CURNO-UASD de la localidad de Mao. Desde el 2018 al 2019 realizó un Máster en Literatura Española, Teoría de la literatura y Literatura comparada en la Universidad de Salamanca, España. Además estudió Escritura Creativa y Relato Breve en la Escuela de Escritores de Madrid, desde 2019 a 2021. Ha publicado los poemarios “Saudade” (2002), “Juego de espantos” (2008), “Mitologías” (2009), “Gritar la luz” (2016) y “Penumbras de la luz” (2026). Actualmente reside en Barcelona.
¿Cuál es su nombre real, dónde nació, dónde cursó los estudios primarios, bachillerato y universidad?
Mi nombre real es Carlos José Reyes. Con un solo apellido. Pero literariamente he adoptado siempre el nombre de Carlos Reyes. Nací en Moca, provincia Espaillat, aunque he vivido en Mao la mayor parte de mi vida. Estudié en dos escuelas primarias del Barrio Militar de Mao, una de ellas la General Benito Monción. También en la escuela Juan Isidro Pérez. El bachillerato lo cursé en parte en el colegio Ana Delia Jorge y lo culminé en el liceo Juan de Jesús Reyes. Terminé mis licenciaturas en Bioanálisis y Educación mención Filosofía y Letras en la extensión de la UASD de Mao y el Máster en Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, España.
¿Cómo fue su infancia, cuántos hermanos tiene?
Mi infancia fue feliz hasta cierto punto, y a pesar de un persistente grado de limitaciones. Solo viví episodios desdichados de forma esporádica, uno de los cuales, sin duda el mayor de todos, he narrado hace poco y tengo previsto publicar. Pero si debiera señalar el momento más afortunado de mi infancia siempre diría que fue aquel cuando mi madre me llevó a la escuela del Barrio Militar de Mao, a los siete años. Iba conmigo por la calzada agarrada de mi mano aquella mañana inolvidable. Tengo dos hermanas y un hermano.
¿Cómo fue su acercamiento a la literatura?
En mi familia nadie leía ni escribía, excepto mi abuela. Ella me pedía que le llevara los periódicos que encontrara en la calle u otro lugar. Fue la única persona que vi leer en mi familia. Después de su muerte, en enero de 1990, yo empecé a escribir algunas estrofas con rima. La primera que escribí dice: «En el centro de mi alma / yo llevo una flor, / una flor que toda calma / la recibe con valor». Esto me salió con naturalidad, sin haber recibido ninguna influencia poética. Nunca había leído ningún poeta ni sabía qué era la poesía en ese momento. Pero aquellos versos me surgieron de forma espontánea y me gustó tanto que seguí ese trayecto.
A mediados de la década del 90 fue cuando empecé a comprar obras literarias. Los cuentos de Juan Bosch fue lo primero que compré, como en 1994, influenciado por la historia de “Dos pesos de agua”, de la cual hablaba mi abuela y que leí luego en algún texto didáctico. A partir de entonces me enamoré de la literatura.
¿Desde cuándo descubrió que le gusta escribir?
Desde principios de la década del 90. Me gustaba rimar versos y ante todo expresar la soledad que sentía, por mi timidez. Empecé como si aquello fuera un divertimento, no sabía qué era un escritor entonces. Fue Leo Robles quien me llamó poeta por primera vez, por allá por 1993, asombrado después de leer una de mis estrofas en una aula del colegio Ana Delia Jorge, donde cursábamos el tercero de bachillerato.
¿Cuántas obras escribió, cuántas publicó y cuántas están inéditas?
He escrito seis poemarios desde 2001, y he publicado cinco. Permanece inédito uno titulado “La carne violenta”. Los títulos y fechas de los cinco poemarios publicados son “Saudade” (2002), “Juego de espantos” (2008), “Mitologías” (2009), “Gritar la luz” (2016) y “Penumbras de la luz” (2026).
¿Está en alguna asociación cultural?
Siempre he pertenecido al Círculo de Escritores de Valverde, cuyo trabajo ha consistido en orientar, apoyar y promover a los autores de nuestra provincia. En principio tuvo características de taller y sirvió a sus miembros de trampolín para el conocimiento de la literatura universal, los debates y la participación en festivales de poesía y ferias del libro. En la actualidad, Randolfo Ariostto nuclea un buen grupo de nuestros autores.
¿Cómo es tu método de trabajo a la hora de escribir?
No puedo asegurar que haya tenido un método de escritura hasta ahora. La poesía me surge de conexiones de la realidad con mi visión deformada del lenguaje y las sensaciones. Visión deformada del lenguaje podrá parecerles contradictorio a quienes me conocen por mi prurito lingüístico, pero no lo es. Se genera en mí un estado de gracia que pugna de inmediato por materializarse en palabras, cuanto más absurdas mejor. Porque la ilogicidad es mi pauta conceptual o artística.
¿Cuáles son sus autores favoritos y los que más han influido en usted?
En la década del 90, Rubén Darío y César Vallejo eran fundamentales para mí. Me encontraba ciertas noches, después de haber leído y releído los “Cantos de vida y esperanza” y “Poemas humanos”, tratando de no imitar a Vallejo. Pero se colaba a veces en mi estilo la cadencia rítmica de Darío. A partir de 2000 conocí la obra de André Breton, que influyó mucho en mí hasta el punto de permeabilizar mis poemas de “Juego de espantos” a la fuerza del surrealismo. También conocí los poemas de Paul Celan, quien se convirtió en mi punto de partida para la superación de algunas trabas lógicas que quedaban como remanentes clásicos en mi concepción del verso. Otro es João Guimarães Rosa. Franklin Mieses Burgos, Aída Cartagena Portalatín, Freddy Gatón Arce (con “Retiro hacia la luz”), Víctor Villegas (con “Jamás”) y Juan Sánchez Lamouth, entre otros, me permitieron tomar partido por la creación poética más radical, a nivel general. Contrario a Breton y Celan, quienes guiaron más que nada mis formas de acometer el lenguaje alienado y el fluir de la escritura.
Un consejo para los jóvenes escritores.
Tengo consejos que normalmente no doy, porque hay resistencias propias de etapas o ideologías. Sin embargo, aquí me permitiré uno. Después de tener un excelente matrimonio con la calidad literaria del lenguaje, el joven escritor precisa desafiar los temas comunes de la literatura. Todavía muchos que son premiados por, entre otras cosas, su buen manejo del lenguaje, no revolucionan la cuestión en su justa medida. El lenguaje permite experimentaciones sin fin, tanto como los abordajes de los temas eternos de la literatura universal. Los temas necesitan liberarse.
