El reto del nuevo repertorio clásico dominicano según José Luis Ureña

Conversamos sobre la formación orquestal, los compositores dominicanos y el reto de lograr que las nuevas obras vuelvan a programarse.

José Luis Ureña es director de la Orquesta Juan Pablo Duarte del Conservatorio Nacional
José Luis Ureña es director de la Orquesta Juan Pablo Duarte del Conservatorio Nacional
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José Luis Ureña conoce la orquesta desde varias posiciones: se formó como percusionista, trabajó como músico profesional y hoy dirige la Orquesta Sinfónica Juan Pablo Duarte del Conservatorio Nacional de Música, donde también ejerce la docencia. En abril de 2025 dirigió, junto con Eric Dalmau, a la Orquesta Sinfónica Nacional en Tesoros de la Patria, programa para dar visibilidad a jóvenes directores y solistas y, en febrero de 2026 fue director invitado en la apertura de la Temporada Didáctica de la OSN, orientada a estudiantes.

Esa convivencia entre interpretación y enseñanza aparece como un elemento central de su concepción del oficio. “Mi experiencia como percusionista y músico de atril ha sido determinante en la construcción de mi identidad como director. Haber formado parte de una orquesta durante tantos años me ha permitido comprender desde dentro las necesidades de los músicos, las dificultades que pueden surgir durante un ensayo y la importancia de establecer una comunicación clara y efectiva desde el podio”.

Con esa experiencia vincula su trabajo con una cuestión decisiva para la música académica dominicana: cómo lograr que la formación de nuevos músicos y el estreno de composiciones encuentren continuidad. Su propuesta incorpora conservación de partituras, documentación, grabaciones y nuevas programaciones, cruzando formación, creación y la posibilidad de construir un repertorio vivo.

Una escuela desde el atril y desde el podio

La docencia interviene en su manera de dirigir. Ureña explica que el trabajo con sus alumnos le exige revisar cómo comunica una idea musical e identificar las necesidades, tanto técnicas como creativas, de cada integrante. Esa relación se concreta en la Orquesta Sinfónica Juan Pablo Duarte, donde la formación comprende técnica instrumental y trabajo colectivo. “Una orquesta juvenil debe enseñar a hacer música, pero también debe contribuir a formar personas responsables, respetuosas y comprometidas con el arte y con la sociedad”, afirma. “La orquesta permite que los estudiantes aprendan a escuchar a los demás, trabajar en equipo, respetar responsabilidades compartidas y comprender que el resultado colectivo depende del compromiso individual”.

Los programas recientes del Conservatorio muestran otra función: acercar a sus integrantes a música de nueva creación. En marzo de 2025, durante el concierto por el 83 aniversario del Conservatorio, la Juan Pablo Duarte, dirigida por Ureña, participó en un programa con composiciones de estudiantes y el estreno nacional de la Sinfonía núm. 1 de Paloma Núñez. En marzo de 2026, la agrupación estrenó Deseo, de Eunice Quezada.

“Considero que una de las responsabilidades más importantes de una orquesta formativa es abrir espacios para la creación musical dominicana. Los estrenos de nuevas obras no deben entenderse únicamente como acontecimientos dentro de una programación, sino como parte esencial del proceso de formación de los estudiantes y del desarrollo de nuestra identidad cultural”, afirma.

Este artículo forma parte de nuestro suplemento Cultura de este sábado 24 de octubre. Disfrútalo completo acá
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Estrenar y construir repertorio

En la conversación, Ureña aborda directamente lo que ocurre después de la primera interpretación. El estreno permite que una composición llegue al escenario, pero su incorporación a la vida musical depende de mecanismos que favorezcan futuras ejecuciones, adviertiendo que “los compositores dominicanos no siempre cuentan con espacios estables para estrenar y difundir sus creaciones”.

Su planteamiento entra en el terreno de la preservación y la circulación: “Me parece fundamental que esta labor no se limite al estreno de una obra. También sería importante avanzar hacia iniciativas que permitan conservar las partituras, realizar grabaciones, documentar las interpretaciones y facilitar que esas composiciones puedan volver a programarse y llegar a nuevas audiencias”.

En noviembre de 2025, Nueva Música Desde el Conservatorio presentó estrenos mundiales de obras de profesores y egresados, interpretados por la Orquesta Sinfónica Juan Pablo Duarte, bajo la dirección de Ureña, y el Coro de Conciertos, bajo la dirección de Edwin Disla. El programa incluyó música de Joel Díaz, Mayreni Morel, Anthony Ledesma, Samuel Atizol, Samuel Calderón, Javier Vargas e Irving Paniagua.

Pero la cuestión planteada por Ureña alcanza la fase posterior al estreno: conservar esa producción y favorecer su circulación. “El patrimonio musical requiere partituras localizables, registros accesibles y oportunidades de interpretación. Creo firmemente que apoyar la creación dominicana es invertir en el futuro de nuestra música. Como director, considero un privilegio contribuir a que los jóvenes músicos conozcan, interpreten y valoren el trabajo de los compositores de nuestro país”.

Una mirada al futuro

Su visión extiende esa lógica hacia la carrera de los intérpretes. Ureña imagina mayores oportunidades profesionales para músicos formados dentro y fuera del país y menciona el fortalecimiento de las bandas sinfónicas y el desarrollo de orquestas de temporada como vías para ampliar el campo laboral y generar nuevas posibilidades de programación.

“Aspiro a que nuestro país disponga de más espacios para la interpretación, la creación y la difusión musical, con una programación diversa que permita el crecimiento de las instituciones y el desarrollo de nuevas generaciones de artistas”, afirma Ureña. Para alcanzar ese escenario, considera necesario fortalecer la educación musical y consolidar la relación entre instituciones educativas, orquestas y espacios de difusión cultural.

En esa perspectiva, formación y permanencia participan de una misma conversación sobre continuidad. Ureña articula su idea de legado alrededor de ambas: “Si en el futuro puedo mirar atrás y reconocer que contribuí a que otros jóvenes encontraran su camino en la música, que más compositores dominicanos pudieran escuchar sus obras interpretadas y que nuestras instituciones artísticas alcanzaran un mayor desarrollo, sentiré que mi trabajo ha tenido un verdadero propósito”.

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