Caramelos de Cianuro y la noche en que el running se mezcló con el rock en Valencia

La música no se impuso con fuerza, sino que acompañó la transición natural del evento.
La música no se impuso con fuerza, sino que acompañó la transición natural del evento.

La escena no necesitó grandes anuncios para llamar la atención. Apenas cayó la noche, el escenario en Wynwood Park empezó a iluminarse de forma progresiva, y el público, corredores, familias, espectadores, comenzó a ocupar los espacios disponibles con una calma que contrastaba con la energía de los minutos previos a la carrera.

La CLX Night Run ya había cumplido su misión deportiva y se preparaba para un cierre que, sin buscar protagonismo excesivo, terminó convirtiéndose en uno de los momentos más esperados del evento.

Caramelos de Cianuro, la banda caraqueña que ha marcado varias generaciones dentro del rock venezolano, tomó el escenario con la naturalidad de quien conoce y domina el ambiente.

Los músicos no aparecieron con teatralidad ni discursos previos; cargaban una presencia que bastaba por sí sola.

En cuanto empezó la primera canción, el público respondió de inmediato. La mezcla de luces, sonido y la respiración aún agitada de quienes acababan de completar los siete kilómetros creó un ambiente particular, uno donde el deporte y la música se encontraron sin necesidad de protocolos.

El evento deportivo había reunido a más de ocho mil personas entre asistentes y corredores. La cifra ya era significativa por sí sola, pero lo interesante estuvo en la forma en que el público migró de la carrera al concierto.

Los rostros sudados, las camisetas técnicas y las medallas recién entregadas contrastaban con el ritmo del rock en vivo. Quienes habían llegado temprano para animar a familiares ahora se unían a los corredores que celebraban haber completado la ruta. Algunos levantaban los brazos al compás de la música; otros se limitaban a escuchar, aún recuperando el aliento.


Más temprano, el ambiente había sido completamente distinto.

Los corredores habían tomado la salida en un trayecto de siete kilómetros que comenzaba y terminaba en Wynwood Park, con un recorrido que llevaba a los participantes hacia la sede de MultiMax Valencia antes del regreso. La ruta, señalizada y supervisada, mantenía un ritmo ordenado desde el inicio.

Entre los atletas élite, Whinton Palma marcó la pauta con un tiempo oficial de 22 minutos con 6 segundos. José Daniel Gonzales y Diego Caldeira llegaron después con 22 minutos con 17 segundos y 22 minutos con 25 segundos respectivamente. En la categoría femenina, Edymar Brea lideró con un registro de 25 minutos con 10 segundos, seguida de Iantris Pérez y Magaly García.


Esa intensidad deportiva no se perdió tras la meta. Todavía quedaba la premiación, realizada con orden y precisión.

Los ganadores recibieron los premios anunciados, tanto en metálico como en gift cards, y fueron confirmados los pasajes para los primeros tres lugares.

La emoción de los corredores contrastaba con la calma profesional del equipo de producción. Poco después se divulgó el nombre de quienes obtuvieron el acceso al Meet and Greet con la banda, una noticia que generó sonrisas discretas entre los seleccionados: Suhail Almerida, Camila Angulo, Ariadnny Mijeras y Cruz Monzon.

Cuando llegó el momento del concierto, la atmósfera cambió sin necesidad de un anuncio formal. El público ya estaba dispuesto. No había filas desordenadas ni empujones.

Solo un movimiento gradual hacia el centro del parque. La banda inició su repertorio con temas conocidos que generaron reconocimiento inmediato. La voz de Asier Cazalis se mezcló con el sonido de quienes aún conversaban sobre sus tiempos, sus sensaciones y las anécdotas del recorrido.

La música no se impuso con fuerza, sino que acompañó la transición natural del evento.


En un costado, aún se podían ver a los robots Neo y Daggy que formaron parte de las activaciones de la Expo. Parecían figuras ajenas a la escena musical, pero su presencia recordaba la dimensión tecnológica del evento. De día habían sido los protagonistas silenciosos de fotografías y curiosidad, y de noche se convertían en parte del paisaje lumínico.

Para los corredores, el concierto representó algo más que entretenimiento. Fue un cierre que redondeó una experiencia completa. La música actuó como punto de unión entre quienes habían corrido por marcas personales y quienes solo buscaban vivir la carrera desde lo recreativo. Era fácil identificar grupos celebrando un logro compartido, familias reconociendo el esfuerzo de algún integrante o amigos comentando el tramo más exigente del recorrido.

A diferencia de otros eventos donde el espectáculo eclipsa al deporte, aquí ambos coexistieron con naturalidad. La CLX Night Run cerró con un equilibrio que permitió que cada segmento del evento tuviera su momento.

El running durante la carrera, la convivencia durante la premiación y la música durante el After Run. Sin excesos ni artificios, solo la suma de elementos que, al final, dejaron claro que Valencia puede reunir miles de personas en torno a una propuesta que combina deporte, tecnología y cultura con un ritmo propio.

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