Arielismo y la búsqueda de una identidad latinoamericana (2 de 3)

En la entrega anterior mostramos la inconformidad de Pedro Henríquez Ureña con los conceptos del Ariel, los arielistas y con Rodó. Parecería que el mundo occidental a finales del Siglo XIX e inicios del Siglo XX, se dividía entre los prohispanos, proyanquis y la alternativa socioeconómica como lo proponía Moreno Fraginals en El Ingenio. Es muy posible que la alternativa socialista/progresista siga siendo un tema pendiente en el devenir histórico-político de Latinoamérica. Los ejemplos que se han tenido en Nicaragua, El Salvador, Brasil, Ecuador, Colombia, Venezuela, México, Bolivia, Argentina y Chile. Una especie de debut y despedida los ha caracterizado y en los casos en que se extendió más allá del debut, los resultados no han sido tan halagüeños.

En el año 2013, en la Revista Realidad, Roberto Deras escribió un artículo intitulado “Una mirada al antiimperialismo latinoamericano desde la invasión norteamericana en Nicaragua y la fundación de la Liga Antimperialista de San Salvador (1926-1927) donde afirma que el arielismo …fue considerado como un llamado a la juventud de América Latina, siendo parte de la reflexión para rescatar su propia identidad”. La obra Ariel buscaba despertar la conciencia de la juventud, para que reconocieran sus rasgos que los identificaban como diferentes ante otras naciones, principalmente aquellas que eran imperialistas y atacaban a los que ellos consideraban más débiles, arrebatándoles su soberanía mediante injerencias. Para ilustración de los lectores, he de hacer de conocimiento que Ariel fue concebida como una obra antiimperialista.

En el mismo artículo, Roberto Deras sustenta la tesis de que “el arielismo significó un nacionalismo continental espiritual e hispanista. No cabe la menor duda que el pensamiento arielista se ocupó de reaccionar contra la tendencia a imitar el modelo norteamericano y como búsqueda de la identidad en lo propio en ese mismo modelo. Mediante la obra Ariel el autor hacía un vehemente llamado a valorar la identidad propia de cada nación latinoamericana, puesto que en ella están las de la construcción de su concepto de Nación. La nación y lo nacional, aún hoy, sigue siendo un tema de análisis en la concepción de la Socioantropología Latinoamericana. Es dable destacar que no hay que depender de otros para sobrevivir, ya que se puede actuar con miras a lograr el progreso en todos los ámbitos del quehacer de cada nación. Por inspiración de los legados dejados en Ariel, se inicia a mencionar la palabra Nacionalismo Continental, dando paso a la apreciación que debe tener toda persona del lugar en el cual nació, tratando de defenderlo, y deseando su desarrollo no con injerencias extranjeras, sino más bien con esfuerzos internos.

Los nacionalismos siempre han sido criticados por los sesgos que han creado. En el nuevo escenario mundial, el nacionalismo extremo, en numerosos países, desequilibra la normalidad necesaria para acabar con las guerras comerciales y la resolución de los problemas económicos, los semáforos en rojo de este tiempo. En la Gran Guerra y la Segunda Guerra Mundial el nacionalismo extremo fue el factor de mayor peso para que las hostilidades llegaran a sus máximos. Los aires de superioridad y la defensa de ciertas franjas, íconos de sedes de culturas y cambios epocales de determinados territorios fue el factor fundamental para que grupos humanos quedaran desconectados de sus guales por el simple hecho de que una visión extrema de su nacionalismo no le permitiera compartir espacios y cultura con sus pares.

Varios analistas consideran que esa maldición emergió, también, en la crisis del 2007/2008, donde el Mercado Común Europeo entró en picada, sin paracaídas presenciando la fragmentación en el continente a nivel político. Bruselas fue desobedecida y cayeron sobre las autoridades continentales todo tipo de improperios. Eso trajo hundimiento de la economía, pérdida de empleos, caída de la demanda y mercados poco competitivos.

La continuidad de estudio de temas relacionados con el desarrollo del arielismo nos hace coincidir con autores que exponen su parecer sobre lo que significa esta obra para los latinoamericanos y apuntan a identificar cuál fue su objetivo.

El autor Emiliano Pascal publicó un artículo en el año 2012 titulado El arielismo finisecular o la búsqueda utópica del modernismo. En esta publicación Pascal afirma que el arielismo no surge como una respuesta ante la caída de Cuba en manos de Estados Unidos, sino que éste es un movimiento que se venía perfilando en los trabajos de los escritores modernistas durante mucho tiempo. Por otro lado, hemos pretendido dar cuenta de que el arielismo tampoco se reduce a un mero señalamiento de los Estados Unidos como Calibán (la parte irracional, torpe y sensual del espíritu) y Latinoamérica como Ariel (la parte noble y alada del espíritu); sino que incluso los autores modernistas —y en especial Rodó, que es el autor en quien nos sirve de foco reconoce, si bien no amar, al menos admirar algunas de las características de la cultura norteamericana.

Emiliano pascal en diferencia de Roberto Deras y Enrique Rodó, presenta una manera menos radical ante el imperialismo, destacando que esos pensamientos antiimperialistas se venían desarrollando hace un tiempo. También se enfatiza que se debe reconocer la cultura de los demás, pero reconociendo que la propia es la mejor y que se debe trabajar internamente de manera especial con los jóvenes, porque con ellos se puede lograr el avance deseado.

En cada autor se encuentran una visión sesgada de lo que piensa con el legado de Rodó, pero cabe la posibilidad que la visión más disímil se encuentre en lo propuesto por Genara Tirado en el año 2009 en un artículo que tituló Los orígenes de lo latinoamericano y la función del intelectual en la concepción de Fernández Retamar: Arielismo vs. Calibanismo. A pesar de que cada autor presenta las mismas características de lo que personifica el arielismo, ella manifiesta su idea de manera particular y aclara: “El arielismo encierra una concepción elitista de la cultura, ya que presupone que solo la minoría selecta de los mejores puede guiar a la sociedad de forma desinteresada.

Con esta afirmación surge la idea de exclusión y sesgo en la unidad latinoamericana, pues al considerarse las ideas de Genara Tirado, parece que con su señalamiento se hace alusión al hecho de que las personas que dirigen deben poseer alto conocimiento en todos los aspectos, y eso solo lo logra una parte de la sociedad, aquellas que se dedican con denuedo a cultivar el intelecto y tienen los recursos necesarios para hacerlo. El aspecto elitista que se menciona aquí se ve desde el punto de vista de la preparación intelectual, aspecto que será analizado en la próxima entrega.

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