Poemas de Daniel Olivo Polanco

Valentín Amaro
Especial para elCaribe

Nuestro invitado en “Espejo de tinta”, es Daniel Olivo Polanco Valerio, quien es graduado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), con mención en Ilustración, y es publicista de profesión. Desde el año 2008 trabaja de manera independiente.

Es miembro activo del taller literario Narradores de Santo Domingo y del Taller Literario César Vallejo, de República Dominicana, espacios desde los cuales ha desarrollado parte de su trayectoria literaria y narrativa.

Como ilustrador de libros infantiles, ha participado en las obras Pollo Cojo, El País de los Dulces y Jesús y el Pollino.

En el ámbito literario, ha publicado cuentos cortos en la Revista Universitaria y en el Boletín Literario del César Vallejo (2016). Ese mismo año participó en Para qué te cuento, cuya selección y prólogo estuvieron a cargo de Lauro Zabala.

En 2017 participó en La isla de foam y en Se nos fue poniendo viernes la tarde, antología narrativa del taller literario Narradores de Santo Domingo.

En 2018 formó parte de De galipotes y robot, publicación realizada por la Asociación Dominicana Especulativa de Ciencia Ficción.

En el ámbito de los concursos literarios, Daniel Olivo Polanco Valerio fue finalista de La Voz del Trovador, concurso en línea celebrado en Salamanca, España, con el cuento “Extraño signo zodiacal”.

Su trayectoria reúne la ilustración, la publicidad y la creación literaria, con una participación sostenida en espacios culturales y talleres de narrativa de la República Dominicana.

La muestra poética que presentamos de Daniel Olivo, interpela con un lenguaje directo y audaz, los territorios del deseo, los recuerdos, la muerte, la soledad y lo cotidiano. Su imaginario combina sensualidad, ironía y elementos fantásticos, construyendo una voz personal, visceral e intensamente reflexiva.

ALMAS

que penan en el
llanto húmedo
de una dimensión
que los ahoga sin
morir.


Es ahí,
donde un espíritu mojado
ajeno a la muerte
se hunde en el líquido
incoloro de un
misterio.


Es ahí,
que las gárgolas poseen
almas petrificadas por los
siglos de los siglos.
Es ahí,
donde la imaginación
las hace volar y chillar.


ANOCHE


besé la mejilla de una prostituta
y en su piel,
vi la superficie de la luna
aclarada por fotones de una
bombilla eléctrica.


A esa hora ciega,
cuatro paredes
se abrazaban entre sí
(ellas)


acaloraban el clásico olor a sexo
que es alma de placer.


Sin aspiración a críos en componenda
agitábamos el Ácido Desoxirribonucleico
y, sus labios vestidos de la noche,
hablaban de cosas jadeantes.


A esa misma hora
su piel,
fue leche
en mis manos.


CAÍSTE


sobre mí como
una hoja que
excita la tierra.


Y qué más…


Eres un torniquete
que aprieta mi lengua
para ordeñar baba.


Y qué más…


Eres camaleón y cambias de color
al decirme frases que se descharchan,
de esas, que uno cree como buenas y
válidas.


Y qué más…


Te comportas como el sueño
original y fantasioso
aliento de vida abstracto en el
sentido más pictórico de la palabra.
Y qué más…


Solo el filo del viento
nos despegó
de tan tórrida
pasión.


¿Más nada?


(…)


ESCRIBIR

es eyaculación precoz
que da vueltas
en la bolilla de un
bolígrafo.
La idea fluye
hasta que se vuelve
falacia.


Creer lo narrado
es serle fiel
a la mentira más verdadera.
Palabras de historias que se vuelve
un caos en el espacio sideral
del pensamiento
un acosador que orbita en el
absoluto
que no concluye.


LA MANTA ARROPA TU OLOR

La noche vestida de blanco
me entregó tu olor envuelto
en los hilos de una manta.
Ni una salítríca gota
se expuso ante mis ojos.


Quedaste en el recuerdo
de las celdas textiles
que te cubrían.


Mis brazos te aprisionaban
como pinzas de cangrejos
en el absurdo más intolerante
de lo existente,
de no dejar
que te fueras.


En tu cuerpo dormían hasta los vellos
sentí la punta de tus dedos fríos
al contacto con los míos,
así, un sopor cálido
se mantenía bajo tu piel.


Traje a casa tu olor conmigo
dentro de una bolsa plástica,
bóveda que separaba el olor
de lo impuro.


Tu aroma seguía ahí pese a los días
guardados.


Desaté el nudo de la bolsa
para encontrarme contigo
en la manta, pero…,
ya ese olor…
se había fugado a las estrellas.


LETANÍA PARA EL SOL

Ante el paso de una nube
se prosterna la luz del sol
le da en la nuca y sigue
bañando su cuerpo.


Lo llama hermano sol.


Sus ojos no alcanzan más que el calor
solo contempla la neblina
que,
le cubre hasta el iris.


─¡Bendito seas hermano sol!
Sabe que eres el único que tiene
la gracia de bajar vitamina C hasta
mis hombros.


Quiere permanecer devoto a
tanto poder.


Su piel huele
ha chamuscado
y, sin importar,
que el escozor sea un
látigo que culebrea
los cuatro puntos
cardinales de su cuerpo.


La terraza es encuentro de
peregrinaje y
al pasar el lapso exclama:


─Aún no me ha dado el sol.


EL FRÍO

Sin estar muerto
le da frío.


Vive con él
hasta en una
sopa caliente
Un baño de estrellas
lo pone
a temblar.


El agua tibia es su peor enemigo
si no permanece cálida
como quiere
y hasta
cuando quiere.


El frío nació con él,
dentro de una cápsula
de líquido amniótico
es la tumba en que vive
sin estar…,
muerto.


Tiembla
de tan solo pensarlo.
Sin hacerse la luz,
ya él vivía con frío.


Entiende,
que quien lo creó
no pensó en
crear humanos.


Cuando duerme
sueña con fantasmas de hielo
y se arropa con veinte sábanas
que la textilería
le fabrica solo a él.


El frío es el peor espectro
que ha conocido,
desde que supo
que sus huesos
y su piel
son intolerables…
a su presencia.

EDWARD (in memoriam)

Falacia decir Madre Teresa
de Calcuta que la muerte es
misterio, y verte postrado con
tus brazos enredados hechos
bejucos, es demasiado para
mis ojos.

Tu cuerpo es propio de una vida
que no pensaste tener, moscas
revolotean el asfalto de tu piel,
y tu porte es un lamento para los
que te ven.

Tu voz ya no hace silabas al salir
de tu aliento. Es gorjeo la voz cortada
ante un oído que no hace eco en el
tímpano.

Vivir es un misterio.

Me reconoces en tu mente
y asientes con silabeo.

Falacia decir Madre Teresa
de Calcuta que la muerte es
misterio.

Recuerdo tu alegría al vestir.
Recuerdo tu perfume, telas y
calzados de moda y, aun así,
eras un misterio.

Thanatos te encontró durmiendo
y te llevó por el sendero verdadero
Falacia decir Madre Teresa
de Calcuta que la muerte es
misterio.

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