Hay proyectos musicales que nacen como una respuesta. Otros nacen como una pregunta. ATEMPO, el nuevo ensamble vocal de Fundación Sinfonía, pertenece a esa segunda categoría: la de los gestos artísticos que se atreven a cuestionar qué puede ser un coro, cómo puede sonar la voz dominicana y qué sucede cuando once cantantes deciden convertir el aire en arte contemporáneo.
Su presentación oficial tuvo lugar el pasado miércoles 3 de diciembre, en el Banco BDI, bajo la lluvia suave de una noche que parecía diseñada, como en las mejores óperas, para poner a prueba la concentración del artista. Y, sin embargo, algo se volvió evidente desde los primeros compases: estábamos frente a una agrupación que, más que interpretar, respira junta.
Volver al tiempo original
En música, la indicación a tempo significa volver al pulso inicial. Pero aquí sucede lo contrario. Este ATEMPO no regresa: avanza. Es un recordatorio de que la voz humana, ese instrumento que todos llevamos puesto desde que nacemos, todavía tiene mundos por revelar.
Fundado por Sinfonía con la intención de explorar la voz desde una perspectiva contemporánea, el proyecto nace para tender puentes: entre la tradición y la búsqueda, entre la disciplina coral y la libertad creativa, entre el canon clásico y las formas más actuales de hacer música.
La pregunta que ATEMPO parece hacerse, y hacernos, es simple y fascinante: ¿Qué ocurre si dejamos que la voz deje de ser solamente técnica, para convertirse también en experiencia?
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La brújula de Nadia Nicola
Para responderla, Sinfonía convocó a una maestra cuya trayectoria combina rigor, sensibilidad y una intuición artística poco frecuente: Nadia Nicola. Formada en la Escuela Nacional de Artes de La Habana y con certificaciones avanzadas por The Royal Schools of Music del Reino Unido, Nicola pertenece a esa estirpe de directoras que comprenden que la voz es un misterio. Que dirigir un coro no es cuadrar entradas, sino esculpir aire.
En sus manos, ATEMPO encuentra dirección pero también espacio. No se siente un coro disciplinado “hacia adentro”, sino un ensamble que canta “hacia afuera”, buscando resonar en el mundo. Quizá por eso, cada una de las once voces que lo integran (Paola Prado, Gabriela García, Melissa Moya, Paloma Núñez, Silvia Avilés, Claudia González, Beatrice Mota, Isaac Segura, Rubén Ventura, Jens Linden y Yohansel Villegas) parece actuar como una pieza única de un reloj musical donde cada engranaje tiene movimiento propio.
Porque un coro no es la suma de voces afinadas. Es, como decía el gran Claudio Abbado, una manera de escucharse mutuamente.
Un proyecto musical… y estético
El lanzamiento de ATEMPO no solo fue sonoro, sino visual. La casa de diseño Jenny Polanco, representada por Carla Quiñones Polanco y Carolina Socias, creó una propuesta escénica que acompañó la visión del proyecto: sobria, esencial, elegante sin imposiciones. La estética no fue un accesorio, sino un código: el mensaje de que este ensamble entiende la música como un acto de totalidad. Y que la innovación también se expresa desde la presencia.
Ese gesto fue posible gracias al apoyo de Sofratesa, que se suma así a un movimiento artístico que busca que lo contemporáneo no sea una moda, sino una forma de cuidar el futuro.

Un repertorio que mira hacia afuera y hacia adentro
Aunque se trataba de un concierto inaugural de temporada festiva, el programa ofreció más pistas de las que aparentaba. Obras tradicionales como La primera navidad, Dormi Jesu o Niño Rey convivieron con clásicos anglosajones como White Christmas, Santa Claus is Coming to Town y Jingle Bells. A primera vista, podría parecer el repertorio habitual de diciembre. Pero lo esencial estuvo en la forma, no en los títulos.
ATEMPO cantó estos arreglos como quien revisita un lugar conocido desde otra ventana. Donde suele haber dulzura, encontramos transparencia; donde suele haber grandilocuencia, hallamos sutileza; donde suele haber efecto, apareció intención. En otras palabras: el proyecto mostró que incluso las piezas más conocidas pueden revelar matices nuevos cuando se trabaja con pulso contemporáneo.
Y eso, para un país cuya tradición coral ha estado históricamente asociada a lo litúrgico y a lo académico, es una revolución en miniatura.
Por qué ATEMPO importa
En República Dominicana existe una larga historia vocal, pero rara vez se había planteado un proyecto que abordara la voz desde la exploración estética. ATEMPO abre una puerta poco transitada: la del ensamble vocal conceptual, ese formato donde la voz no solo canta, sino que dialoga con el presente.
Su existencia es un mensaje para los jóvenes músicos: que la tradición no está reñida con la innovación; que la técnica puede convivir con la curiosidad; que la formación clásica no es un corsé, sino una plataforma.
Para Fundación Sinfonía, ATEMPO es la continuación natural de un camino que ha privilegiado la excelencia, pero también la creación de nuevos espacios. Durante décadas, la institución ha impulsado orquestas, concursos, encuentros educativos. Ahora da un paso decisivo hacia una estética coral del siglo XXI.
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Un «tempo» nuevo
ATEMPO es, en esencia, una invitación a escuchar de otra manera. A abrir la puerta al sonido como si fuera una conversación íntima. A descubrir que la música coral puede ser tradicional y, al mismo tiempo, profundamente moderna.
Si algo deja claro este proyecto es que la voz dominicana tiene fuerzas que aún no hemos explorado. Y que cuando una institución decide apostar por la innovación, cuando una directora entiende la voz como un universo, cuando un grupo de cantantes acepta el desafío de reinventarse, entonces ocurre lo que solo sucede en la música: el tiempo cambia, y nosotros cambiamos con él.
