Caliés al acecho de los Erickson

“Calié” es una corrosión de la palabra “cahier” del francés, cuaderno, el instrumento esencial para “el agente de seguridad” eufemismo para describir a los espías de mala monta que han estado en todos los gobiernos, especialmente en las dictaduras de Lilís, Mon, Trujillo y Balaguer.

El “calié” puede ser un lambón cualquiera o un policía a sueldo. En su cuaderno anotaba hábitos: entrada y salida a un lugar, visitas regulares, sitios preferidos, horas, días, número de placa del carro que usara, lista de amigos y más.

En las instituciones públicas también se quedó el mal hábito del chivateo, para congraciarse con el jefe, que en la mayoría de veces, son inventos para serruchar palos. En psicología esta actitud está asociada con la inseguridad de los individuos, el eterno “quítate tú pa’ ponerme yo”, la psicopatía por alegrarse de hacer daño y aunque usted no lo crea, querido Boby, eso sigue, cuando no se educa a la población en valores y dignidad y, donde la cultura fue sustituida por pendejadas con ruidos y estallidos como música y una palmita en su pote, como escultura, como si fuera un juego de niños cuando usábamos las tapitas de refresco como monedas. El éxito y la “honorabilidad” se miden por la ganancia, no importa que sea rifando, vendiendo yerba, aunque se vista de seda.

Fueron muchas las personas perseguidas y eliminadas en los inicios de la Era: Los Perozo de la Benito Monción (entrada a Pueblo Nuevo), los Patiño, y todo el que pensara diferente a la burocracia trujillista.
De esos calieses, uno de los más famosos fue José Antonio Jiménez, conocido como Balá, que además era palero y que rondaba por el Parque Enriquillo de Santo Domingo.

Cuando cayó la tiranía, los calieses se escondieron o salieron juyendo del país, se mudaron a otros pueblos del interior con cara de angelitos, o fueron encarcelados.

A Balá lo enjuiciaron en 1963, pero, por esas casualidades divinas, con la llegada de Balaguer al poder en 1966, “se escapó”. Si no le da risa, cómase una salchicha Ja-Ja. Finalmente en 1968 fue eliminado… no, ajusticiado, que suena más bonito, y se decía que había sido su hijo quien lo mató.

Balaguer a su vez tuvo a Marcorís, al rimbombante INGENIERO Martínez, el emepedeísta que se vendió, cargado de resentimiento y odio porque no le “dieron su puesto de mando” como él quería. Este arrasó con decenas de jóvenes desde El Frente Democrático Anticomunista y Antiterrorista que García Castro nombró, simple y sencillamente, “La Banda” y que al saberse que fue formada por órdenes de arriba, por Pérez y Perez, se le puso su apellido, “Colorá”.

En Mao actuaba el “Cojo Catuca”, un azote, y Quinielita reemplazó a Balá. Cuentan las buenas lenguas que hasta Jack Veneno era de ese combo.

Sin embargo, una de las familias más afectadas y que se conoce muy poco, fue la Erickson de Pueblo Nuevo que vivía por el taller La Abeja de Oro, de Agustín, de la misma familia, y que hoy estaría al lado de la Blandino, por el Cementerio.

Tomo, de Historia Dominicana en Gráficas, el relato que ellos reproducen de Aura Erickson:

“Era el día 7 de septiembre de 1960, siendo las 5:00 pm , Papi Almonte, vecino de Santiago (Tato), lo llama por la empalizada que dividía ambas casas y le dice muy calladamente, acabo de oír al esposo de mi hermana, Boba, Galana Cartagena, que esta noche los paleros van a asaltar tu casa.

Tato con tan sólo 17 años, aún menor de edad, corre a decírselo a su padre, don Agustín, sus hermanos, Leonardo y Evelio y algunos amigos como; Héctor Rodríguez (Viejito), Pablito Cabrera, Rafael (El Mono) empiezan rápidamente a amontonar piedras por toda la propiedad que salía a la Federico de Js. García y algunas dentro de la casa.

Alrededor de las 7:00 pm se oyen unas que otras piedras que dan sobre el zinc del hogar, todos se ponen en alerta y se colocan como centinelas en sus puestos; pero todo se mantiene en calma.

Se apersona el señor Domingo Balbuena, vecino, amigo y compadre a ver cómo están , permanece par de horas, viendo televisión y comenta la situación, cerca de las 11:00 decide retirarse y cual señal, a pocos minutos, empieza la “fiesta” piedras por todos los frentes alrededor de la casa, con saña, con odio , con furia, a la voz de alerta , don Agustín se da cuenta de que son muchos y que ellos no iban a resistir el ataque, junto a sus hijos, su esposa doña Martha y sus hijas Luz Esther y Mary luz, se refugian en la parte alta de la casa( segundo piso).

Pablito, al menor descuido sale corriendo y logra refugiarse donde los Balbuena, Viejito se mete debajo de las escaleras, los demás en el alto.

Cientos de hombres, “ una turba enardecida” como ellos le llamaron, comandada por “ Balum”, Guarino, Galana y Filipo contra una familia de personas honestas, trabajadoras; pero opuestas al régimen trujillista.
Con el Yunque de la carroza con que se transportaba los muertos entonces, arremeten contra las puertas y ventanas para entrar a la propiedad.

La familia, a los que intentaban poner el pie en la escalera, les tiraban desde arriba una lluvia de piedras e inmediatamente desistían; mientras Luz Esther con su arma más poderosa en mano, la Biblia, repetía en voz alta: “ El que habita bajo el abrigo del altísimo, morará bajo la sombra del omnipotente”… Salmo 91, porque además la familia era cristiana y para ese entonces, era pecado.

Alrededor de la 1:00 am dos policías que pasaban entran a la casa y con sus macanas dan en la escalera y se oye una voz que dice “es la policía “, doña Martha, madre, esposa y heroína dice yo bajo primero, cuidando su familia, a lo que Luz Esther llama por teléfono a la policía, “quienes no se habían percatado de lo que estaba sucediendo” ja, ja, llega inmediatamente la perrera, (así les llamaban a los vehículos de la policía) cargado de ellos, todos bajan y la familia es conducida presa: don Agustín, Leonardo, Evelio y Santiago van por orden del general Olivita, a una solitaria y las mujeres junto a las delincuentes que allí se encontraban. El general en cuestión, le dice: “Y dizque todos ustedes estaban armados”. Y Mary Luz le contesta: “Sí, yo tenía un tubo de lámpara y al primero que se me acercara le daba” y él, muy sarcástico le responde: “Ahhh pero ustedes son muy guapos”.

Al día siguiente son puestos en libertad, las mujeres y Santiago por ser menor de edad, al llegar desde la Fortaleza San Luis a su hogar, se encuentran con la total destrucción de la casa, vandalizada y saqueada, en manos de la policía. Nunca supimos cómo ni cuándo pero hubo un herido, que luego murió en el hospital y no era de la familia.

En los escombros de lo que quedó, sobre un colchón en el piso, había un cuadro intacto, con sus cristales que decía: “Dios es nuestro amparo y Fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones” Salmo: 46-1, esto fue reseñado por la prensa.

Eran los inicios de un monstruo que caía…

Todo esto sucedió en Santiago, en la avenida 24 de Septiembre #5, Pueblo Nuevo, hogar de la Familia Erickson Santos, una de las miles de familias laceradas, ultrajadas, desaparecidas, eliminadas y asesinadas bajo el régimen de una cruel dictadura trujillista.

Esperamos y rogamos por que en nuestro pueblo, hechos como este, no se repitan jamás. Mary Luz Erickson Santos, Luz Esther Erickson, William Erickson L. Eduardo Peláez Erickson, Niza Erickson-Montero, Bel Erickson, Deborah Ponce-Erickson, Leonardo Erickson Santos, Leito Erickson”.

Los jefes del SIM fueron: Navajita (Arturo Espaillat) de 1957 a 1959. Johnny Abbes del 59 al 60. Candito en el 60. Figueroa Carrión en el 61. Todos operaron en la 40 y en el 9.

En el periódico 1J4 sacaron una página “CONOZCA LOS CALIES” donde aparecían denuncias de estos torturadores.

Hoy, en la democracia, el tumbapolvismo sigue vigente, pero en vez de usar un “cuaderno”, usan un celular como serrucho para siquitrillar a todo el que no sea del partido.

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