Con María, al encuentro de Jesús

Introducción
Para amar a alguien necesitamos conocerlo, escucharlo y dedicarle tiempo. También nuestra amistad con Jesucristo necesita ese encuentro. La fe se fortalece cuando volvemos al Evangelio, nos detenemos ante sus palabras y descubrimos cuánto tiene que decirnos sobre nuestra propia vida. Conocer a Jesús es una tarea que nunca terminamos. Siempre podemos comprender mejor su amor y responder con mayor fidelidad.

Al comenzar octubre, mes dedicado especialmente al rosario, tenemos una buena oportunidad para profundizar en esa amistad. Esta oración nos propone un camino sencillo: recorrer la vida del Señor acompañados por María. En cada misterio encontramos un acontecimiento que merece nuestra atención y una enseñanza que puede ayudarnos a vivir.

A veces hemos rezado el rosario durante años sin detenernos suficientemente en su contenido. Otras veces lo hemos dejado porque nos cuesta comprenderlo o encontrar tiempo. Este mes puede ser una ocasión para descubrirlo de nuevo. Quisiera invitarlos a rezarlo con un propósito: que nos acerque a Jesús y nos enseñe a seguirlo.

1-María nos conduce hacia su Hijo
María conoce a Jesús de una manera única. Lo recibió con fe, al aceptar la voluntad de Dios que le fue comunicada por el ángel Gabriel, lo llevó en su seno, lo cuidó durante su infancia y acompañó su misión. Su vida quedó enteramente vinculada a la de su Hijo. Por eso, acercarnos a ella nos ayuda a comprender mejor quién es Jesús y qué significa entregarse a Dios.

En las bodas de Caná encontramos una orientación que conserva todavía hoy toda su fuerza: “Hagan lo que él les diga” (Juan 2,5). María presenta la necesidad de aquellos esposos y dirige a los servidores hacia la palabra de Jesús. También hoy nos invita a confiar en Él.

Estas palabras deberían acompañar nuestra devoción mariana. Podemos preguntarnos si estamos escuchando al Señor y tomando en serio lo que nos enseña. ¿Qué hacemos con su invitación a perdonar? ¿Cómo respondemos a su mandato de amar? ¿Estamos dispuestos a corregir aquello que nos aleja de Él?

El rosario nos pone en la escuela de María. Aprendemos de su disponibilidad, de su confianza y de su fidelidad. Ella nos ayuda a decirle a Dios un sí que comprometa nuestra vida.

2-Recorrer con fe la vida de Jesús
Cada misterio del rosario nos invita a detenernos ante un acontecimiento de la historia de nuestra salvación. Al anunciarlos, conviene recordar que estamos contemplando el amor de Dios manifestado en Jesucristo.

Los misterios gozosos nos acercan a la encarnación y a la infancia del Señor. Contemplamos la anunciación, la visita a Isabel, el nacimiento de Jesús, su presentación en el templo y su hallazgo entre los doctores.

Los luminosos nos permiten acompañarlo en su vida pública: su bautismo, las bodas de Caná, el anuncio del Reino, la transfiguración y la institución de la Eucaristía.

Los dolorosos nos llevan a su oración en Getsemaní, la flagelación, la coronación de espinas, el camino con la cruz y su muerte. Los gloriosos abren nuestra mirada a la resurrección, la ascensión, Pentecostés, la asunción y la coronación de María.

Este recorrido merece hacerse despacio. Cada acontecimiento puede despertar gratitud, arrepentimiento, confianza o esperanza. Cuando comprendemos lo que meditamos, el rosario adquiere mayor profundidad y nuestra oración encuentra un contenido concreto.

3-Rezar con los labios y contemplar con el corazón
Para rezar bien necesitamos atención. Podemos pronunciar todas las oraciones y, sin embargo, permanecer distraídos durante buena parte del rosario. Nos sucede porque llevamos preocupaciones, porque estamos cansados o porque hemos adquirido la costumbre de rezar apresuradamente.

Conviene preparar ese momento. Buscar cierta tranquilidad y recordar que estamos en presencia de Dios. Una breve lectura bíblica y unos instantes de silencio pueden ayudarnos a recoger el pensamiento.

Mientras rezamos las avemarías, podemos mantener la mirada interior en Jesús. Contemplar, por ejemplo, su nacimiento: Dios se hace cercano y acepta la fragilidad humana. O su oración en Getsemaní: en medio de la angustia, permanece unido al Padre.

Si llegan distracciones, volvamos con paciencia al misterio. Dios conoce nuestras limitaciones y recibe nuestro esfuerzo sincero. Con perseverancia aprendemos a estar ante Él. Lo decisivo es cultivar el deseo de escucharlo y permitir que su presencia ocupe un lugar real en nuestro corazón.

4-Presentar nuestra vida al Señor
Todos llevamos algo que necesitamos poner en manos de Dios. Hay preocupaciones que nos quitan el sueño, alegrías que queremos agradecer y situaciones para las que no encontramos respuesta. El rosario nos ofrece un espacio para presentar nuestra vida al Señor con confianza.

Podemos llevar a cada misterio una intención. Al contemplar la vida de Jesús en familia, rezamos por nuestros hogares. Ante su anuncio del Reino, pedimos luz para nuestras decisiones y fuerza para convertirnos. En su pasión, encomendamos a quienes sufren. En su resurrección, buscamos esperanza para seguir adelante.

Esta oración también ensancha nuestra mirada. Recordamos al enfermo que espera alivio, a la madre preocupada por sus hijos, a quien busca trabajo y a quien atraviesa un duelo. Sus necesidades encuentran lugar en nuestras avemarías.
Al rezar por ellos, puede surgir una responsabilidad que nos hará mucho bien: llamar, visitar, escuchar o ayudar. La oración nos dispone a reconocer mejor lo que el otro necesita.

Poner nuestra vida ante Dios nos ayuda a caminar con mayor confianza. Seguimos afrontando las dificultades, pero las vivimos acompañados por su amor y abiertos a su voluntad.

5-Recuperar esta oración en la familia
La fe necesita un lugar en la vida familiar. Los hijos aprenden mucho de lo que ven hacer a sus padres. Se fijan muy bien en aquello a lo que dedican tiempo, lo que consideran importante y la manera en que afrontan las dificultades.
Cuando una familia se reúne para rezar, transmite una enseñanza: necesitamos a Dios y confiamos en Él. El rosario puede convertirse en ese momento compartido, en el que cada uno presenta una intención y todos se interesan por las necesidades de los demás.

Para retomarlo, conviene comenzar con sencillez. Explicar un misterio, escuchar un pasaje del Evangelio y rezar juntos una decena puede ser un buen primer paso. Después, según las circunstancias, se podrá avanzar hacia el rosario completo.

Los niños y los jóvenes necesitan comprender lo que hacen. Sus preguntas merecen atención y respuestas claras. La oración compartida debe ayudarles a descubrir la cercanía de Dios.

También importa el ambiente que creamos. La paciencia y el cariño favorecen la participación. Estas experiencias pueden convertirse, con los años, en una fuente de fortaleza.

6-Dejar que la oración transforme nuestra conducta
Contemplar la vida de Jesús nos invita a revisar la nuestra. Sus palabras y sus acciones nos muestran cómo amar, servir y permanecer fieles a Dios. Por eso, el rosario debe ayudarnos a crecer en coherencia.

Podemos terminar una decena preguntándonos qué hemos aprendido y cómo llevarlo a la práctica. Por ejemplo, la visita de María a Isabel nos mueve a estar disponibles. La humildad de Belén nos ayuda a examinar nuestro orgullo. La entrega de Jesús nos cuestiona sobre nuestra generosidad.

También podemos reconocer actitudes que necesitan cambiar. La oración nos da ocasión de mirar con sinceridad y pedir la gracia de rectificar.

Este crecimiento requiere tiempo. Nadie se transforma de una vez, pero todos podemos dar pasos. Lo importante es mantener una disposición sincera a dejarnos enseñar por el Señor.

Al rezar el rosario, pidamos que nuestra fe se haga visible en el trato que damos a los demás. Que aprendamos a escuchar con paciencia, a cumplir nuestros deberes y a acercarnos con misericordia a quienes necesitan ayuda.

7-Una invitación para este octubre
Quisiera que este octubre nos ayudara a recuperar el rosario con mayor conciencia de su riqueza. Quienes lo rezan habitualmente pueden profundizar en los misterios. Quienes lo han dejado pueden comenzar de nuevo. Quienes nunca lo aprendieron pueden acercarse a una persona que les enseñe.

Hagamos un espacio para esta oración dentro de nuestras posibilidades. Puede ser en casa, en la parroquia o durante un momento de descanso. Lo importante es dedicarle una atención sincera y perseverar.

Abramos también el Evangelio. Leer el pasaje que corresponde al misterio nos ayudará a conocer mejor a Jesús y a comprender lo que contemplamos. Así iremos uniendo la oración con la escucha de su Palabra.

Encomendemos a María nuestras familias, nuestra Iglesia y nuestro pueblo. Pidamos por la paz, por los enfermos y por quienes han perdido la esperanza. Agradezcamos también los dones que recibimos cada día.

Y conservemos este propósito: crecer en nuestra amistad con Jesucristo. Que al terminar octubre hayamos aprendido a escucharlo mejor y a responder con mayor generosidad.

María, enséñanos a mirar a Jesús, a confiar en Él y a hacer lo que nos diga. Que cada rosario nos acerque a tu Hijo y nos ayude a vivir como verdaderos discípulos suyos.

Conclusión
CERTIFICO que al iniciar este mes de octubre, mes que la Iglesia lo dedica al rosario, crezcamos en amistad con Jesucristo mediante su rezo.

DOY FE en Santiago de los Caballeros a los dos (2) días del mes de octubre del año del Señor dos mil veintiséis (2026). l

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