La Pascua

Introducción
He aquí, en cinco puntos, un compendio de datos históricos y profundización sobre lo que celebramos cada año: la Pascua.

1- La Pascua judía
“La Pascua judía consiste fundamentalmente en el “paso”, la liberación, del pueblo hebreo del cautiverio de Egipto a la libertad, su “paso” por el Mar Rojo camino hacia Palestina, la Tierra prometida, lugar de su morada y reposo, como pueblo de Dios libre.

Es, asimismo, la fiesta anual más solemne de los hebreos, que hace memoria de estos acontecimientos y actualiza la alianza o pacto entre Dios e Israel, firmado con sangre de cordero. Dicha fiesta estaba acompañada de “la Cena pascual”, en la que había pan y vino y para la que se inmolaba y se comía un cordero”.
(Tomado de mi libro Para vivir Pascua. Enseñanzas y meditaciones, primera edición, pág. 99).

2- La Pascua de Cristo

“Cristo recoge los datos fundamentales de la Pascua judía, los centra en Él y los universaliza: es Él quien realiza, con su cruz y resurrección, “el paso” de toda la humanidad cautiva por el pecado, Satanás y la muerte, a la libertad de los hijos de Dios.

Su última cena en la tierra la hace coincidir con la Cena pascual judía y en ella afirma que esa Cena es celebración de su Pascua, que Él es el Cordero, que el pan y el vino son su propio Cuerpo y Sangre, que los coman y beban, que su sangre sella la nueva y última alianza entre Dios y los judíos y todos los hombres, que hagan eso en memoria suya.

Con base en estos datos, el cristianismo afirma que Jesús no vino a eliminar la Pascua judía, sino a darle continuidad y a llevarla a su perfección y plenitud.

La lectura atenta de los evangelios nos lleva a afirmar que toda la vida de Jesús, desde su nacimiento pasando por su ministerio público, estaba centrada y dirigida hacia su Pascua, hacia su Cena pascual el Jueves Santo, su Pasión y Muerte el Viernes Santo y su Resurrección el Domingo. Esa es la meta y culmen de su misión y obra”.
(Tomado de mi libro Para vivir Pascua. Enseñanzas y meditaciones, primera edición, pág. 100).

3- La Pascua cristiana

“El sentido de la Pascua cristiana hunde sus raíces en la Pascua judía y le viene dado, en definitiva, por la Pascua de Cristo: es el paso de la comunidad con Cristo de este mundo al Padre, de la esclavitud del pecado a la libertad de la gracia, de las derrotas frente al Maligno a la victoria sobre él, de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría, del fracaso al triunfo, del dolor a la fiesta.

Igual que en Cristo, la Pascua centra la vida de la Iglesia y la organiza; hacia ella encamina su acción apostólica e inspira su metodología pastoral”.

(Tomado de mi libro Para vivir Pascua. Enseñanzas y meditaciones, primera edición, págs. 100 - 101).

4- La Pascua del universo

“La Pascua, por otra parte, se torna la acción misma de la Iglesia: proclama con obras y palabras que el plan de Dios, y por tanto el suyo también, es que cada persona y el universo realicen su Pascua, que “pasen” de menos a más, de mal a mejor, de carencias vitales a calidad de vida. Porque, en el fondo, todo progreso, avance, superación o perfeccionamiento es una Pascua: se ha pasado de algo inferior a superior.

También inspira y marca su método pastoral: sabe que para alcanzar metas (Domingo de Pascua) hay que esforzarse y sufrir (Viernes Santo); sabe también, en tiempo de persecución, que por muy larga que esta sea, siempre es pasajera y que los cristianos siempre saldrán airosos; sabe, igualmente, ante cualquier problema o situación difícil, mantener la fe y la esperanza, porque no hay ningún Viernes Santo sin Domingo de Pascua”.

(Tomado de mi libro Para vivir Pascua. Enseñanzas y meditaciones, primera edición, págs. 104-105).

5- Domingo de Pascua

“El Domingo de Pascua o de Resurrección es el eje de la vida cristiana y el día símbolo del cristianismo.

Ya lo afirmó San Pablo: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana también nuestra fe” (1 Corintios 15, 14).
La Biblia de Jerusalén comenta así este versículo: “Todos los aspectos del mensaje y de la correspondiente aceptación creyente no tienen sentido si no es con referencia a la realidad central: el Cristo resucitado. Sin ella, todo se desploma”.

Él no es un Maestro más que enseñó una doctrina moral muy alta, luego murió y todo quedó ahí. De ninguna manera. Él supera su viernes de rechazo y muerte y entra de nuevo a la vida para, vivo, comunicar vida.

La Iglesia presenta cada año la centralidad de la Pascua y de la Resurrección de manera impactante y sabia a través de su Liturgia: “La Pascua no es simplemente una fiesta entre otras: es la “Fiesta de las Fiestas” (Catecismo de la Iglesia Católica #1159), que da su sentido profundo y último a las demás fiestas.

La Pascua es una realidad, que resume la realidad total de la vida de la Iglesia, siendo su origen, centro, camino, meta y sentido último.

He aquí diez datos que visualizan esta afirmación:

a) La Cuaresma, un tiempo muy intenso e importante cada año en la vida cristiana, es un gran retiro comunitario de cuarenta días de preparación para la Pascua. Mediante las prácticas y ejercicios espirituales cuaresmales, se busca morir a los propios pecados, defectos o debilidades para resucitar, “pasar”, a una vida mejor y más plena.

b) La Semana Santa, conocida como “la gran Semana” en Oriente o la “Semana Mayor” en occidente, con toda la fuerza e impacto propio que tiene, es también una preparación, pero más inmediata, para la Pascua.

c) El Triduo Pascual, los últimos de la Semana Santa, es la celebración de la esencia misma del cristianismo. Así, el Jueves Santo en la noche tiene lugar la Cena pascual de Jesús, la Eucaristía, que es memorial y actualización sacramental del acontecimiento; y “el paso” propiamente dicho, la Pascua, se realiza del Viernes Santo al Domingo.

d) La Vigilia Pascual, que va del Sábado Santo al Domingo, “es la celebración más importante del año, la culminación de la Semana Santa y el eje de toda la vida cristiana, hasta el punto de haber sido denominada “madre de todas las vigilias” (Casiano Floristán, pastoralista español). Es, por otra parte, la más larga del año y su estructura permite organizar una celebración que puede durar de dos horas hasta toda la noche.

e) El Bautismo de adultos se tiene normalmente durante la Vigilia Pascual, como parte importante de ella. El rito bautismal, puerta de entrada a la vida cristiana, es una Pascua. “Fuimos, pues, con él (con Cristo) sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Romanos 6, 4).

f) La Octava pascual es una extensión interesante y muy pedagógica del Domingo de Resurrección: la Iglesia considera los ocho días siguientes del acontecimiento pascual como si fuera el Domingo mismo. Impresionada por un hecho de tal magnitud, no lo puede reducir a una sola jornada. Como influjo de esta práctica, en muchos países de vieja tradición cristiana, el lunes inmediato a la Pascua es festivo, no laborable.

g) La Cincuentena Pascual, llamada también Tiempo pascual, es la prolongación por espacio de cincuenta días, de la Fiesta de la Pascua. La Iglesia en ellos celebra el mensaje pascual de la resurrección del Señor, su alegría por la renacida esperanza, la nueva vida de los adultos recién bautizados y la acción de Dios en la comunidad cristiana. Se trata, en definitiva, de celebrar prolongadamente la Pascua.

En el número “cincuenta” no deja de influir el simbolismo de los números: así como “cuarenta” (“cuaresma”) significa tiempo de prueba, de tentación, de purificación, de transición, “cincuenta” (“cinquentena”) es el número signo de perfección, de consumación, de conclusión, de eternidad.

h) Pentecostés o fiesta de la venida del Espíritu Santo hace parte importante de la Pascua: es su corona. Pentecostés es la comunicación del hecho pascual a todo el universo y a la humanidad entera, representadas en los múltiples pueblos y lenguas presentes en Jerusalén, venidos de todas partes para celebrar precisamente el Pentecostés judío, con el que se culminaba su cincuentena de días después de la Pascua, dedicados a su fiesta de las Cosechas (Hechos de los Apóstoles 2, 1-11).

i) Cada Domingo es Pascua: “La Iglesia, desde la tradición apostólica que tiene su origen en el mismo día de la resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que se llama con razón “día del Señor” o “Domingo” (Concilio Vaticano, Constitución sobre la Liturgia, No. 106). Precisamente el acto central de cada Domingo es la Eucaristía, “el Banquete del Señor”, memorial de su Pascua. Más aún, la misa diaria es la celebración diaria de la Pascua.

j) “Día del Señor” es llamada la Pascua y el Domingo, “el día que no conoce ocaso”. Por eso la comunidad cristiana ha hecho suyo, como su himno pascual, himno de victoria y de triunfo, el Salmo 117 y repite de él sin cesar en Pascua y en Domingo el versículo: “Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”.

(Tomado de mi libro Para vivir Pascua. Enseñanzas y meditaciones, primera edición, págs. 101, 102, 103 y 104).
Conclusión

CERTIFICO que los contenidos de mi trabajo fueron extraídos textualmente de mi libro Para vivir Pascua. Enseñanzas y meditaciones, primera edición.

DOY FE en Santiago de los Caballeros, el primer (1) día del mes de abril del año del Señor 2021.

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