El poeta, narrador, sicólogo y profesor universitario César Augusto Zapata nació en Santo Domingo, en 1958, es graduado en sicología por la UASD y cursó un posgrado en la Universidad del Estado de Nueva York, también es miembro fundador del Taller Literario César Vallejo y ha ganado varios premios por sus obras, entre ellos el premio de poesía Pedro Mir, de Funglode.
Lilas sobre tierra árida (1965), el libro del que nos vamos a ocupar, es una novela publicada recientemente, que narra una serie de hechos ficticios que transcurren en la Guerra de Abril de 1965, cuando un grupo de militares constitucionalistas se alzó contra el gobierno instalado tras el derrocamiento de Juan Bosch.
El libro se abre con un poema del poeta norteamericano Thomas Stearns Eliot: “Abril es el mes más cruel, engendrando lilas de la tierra muerta, mezclando memoria y deseo…” que es en cierto modo una prefiguración de lo que viene en las páginas siguientes, porque la visión de la guerra que se presenta en esta novela no es una historia épica al estilo de los cantares de gesta, mucho menos a la manera hollywodense que nos muestra héroes hermosos y muchachas bonitas.
Lilas sobre tierra árida es una visión de la guerra del 65 desde el seno del pueblo que salió a defender la dignidad nacional y la voluntad popular en ese periodo que René Fortunato bautizó como “trinchera del honor”, pero los personajes de la narración de César Augusto Zapata son gente de pueblo, hombres y mujeres que viven oscuras vidas, sometidos primero a la intervención norteamericana de 1916, que persiguió, mató y maltrató a los campesinos para robarles sus tierras y entregárselas a terratenientes que establecieron sus propios feudos azucareros.
Soriano Batista es el protagonista, un campesino que llega a la capital tras la muerte de su abuelo, un hombre que tenía supuestos poderes mágicos como la capacidad de estar en dos lugares al mismo tiempo y había podido hacerse invisible para las tropas norteamericanas que lo buscaron en su campo, lo que lo convirtió en una leyenda hasta el día de su partida definitiva de este mundo. “…Soriano fue a la capital a comprobar que lo arcano que permitía que el abuelo estuviera en dos lugares al mismo tiempo, amansara las avispas y cantara como los pájaros, no existía; todo era de este mundo”, dice el relato.
Soriano está juntado, concubinado con Lidia, una mujer que nunca lo amó, pero aceptó vivir con él por soledad, y tuvieron un hijo, otro personaje es Fellito, famoso por ser un fabulador, y también está Príamo Hernández, cuyo nombre de pila evoca el del legendario último rey de Troya, derrotado por los invasores aqueos.
Los discursos de Peña Gómez incitan a la gente a unirse, a juntarse y finalmente, a resistir, el coronel Caamaño se alza en armas, Wessin se pone del lado de los otros, los aviones bombardean la radio y Soriano huye con su mujer hacia Bonao para ponerlos a salvo, pero regresa para pelear en el barrio de la capital donde está su casucha, el Barrio Obrero.
La guerra que retrata esta novela de César Augusto Zapata aparece como una desgracia o una maldición que se abate sobre la ciudad de Santo Domingo y sobre las vidas de gente pobre, vulnerable, acostumbrada más a sobrevivir que a vivir propiamente, tanto Príamo como Soriano lo único que tienen para ofrecer a esta lucha es su propio coraje y la fortaleza con la que están acostumbrados a sobrevivir a la adversidad, a la miseria en la que transcurren sus días mientras el país se desangra.
En algún momento aparece un estudiante universitario joven, lleno de ideales, Héctor Petro, que es capaz de teorizar sobre la libertad y que se enamora de Nuris, la muchachita hermosa que lo cautiva con sus ojos azules y por la que “albergó tres sueños: terminar la universidad, llegar a ser un ejecutivo donde ahora es un obrero y esperarla, en alguna esquina del tiempo, hasta que sea adulta”. Pero Héctor es capturado, torturado y desaparece por un largo tiempo y Nuris, cansada de esperarlo, se va del país con “un gringo”. Hay también una leyenda, que cuando lo capturaron él se puso a cantar el himno del 14 de Junio, dicen que le dispararon, y que después de llevárselo para enterrarlo en una tumba sin nombre, una mujer vio en el polvo unas manchas de sangre, un color lila sobre la tierra árida… En recuerdo del estudiante la gente de Barrio Obrero crea el “Comando Héctor Petro”, el mismo Héctor que vuelve, arruinado por la tortura y se marcha cuando se entera de que Nuris ya no está. Nunca más se supo de él: “Y fue la segunda muerte de Héctor Petro”, dice la narración.
La novela de César Augusto Zapata transcurre en un ambiente de pobreza y miseria, en un barrio como tantos de la capital dominicana, donde la gente sobrevive mientras las élites se disputan el poder político que es una prolongación, mal disimulada y espuria, del poder económico, en un país donde todo intento de resistencia y autodeterminación es aplastado con la fuerza de los invasores, superiores en armamento, despiadados en su accionar, impunes en su crueldad.
La Guerra de Abril fue un periodo muy corto que exhibió ante el mundo los crudos, implacables mecanismos de la Guerra Fría, cuando las potencias, acaso de la misma manera en que lo hacen hoy, se disputaban o se repartían el mundo y para ello contaban con el auxilio interno de los que coincidían con sus intereses económicos y estaban dispuestos a imponer su ideología con el poder de los fusiles y de los misiles.
Los protagonistas de esta novela no son héroes de una epopeya legendaria, sino gente de a pie, habitantes de un barrio, hombres que vivieron una existencia sin ninguna resonancia, que no figurarán en ningún libro de historia porque si no son cadáveres acumulados tras los enfrentamientos son apenas sobrevivientes sin rostro, sin importancia para los que toman las decisiones.
En esta novela lo que vemos es precisamente ese lado de la guerra, oscurecido porque nadie se ha tomado el trabajo de investigar y mucho menos de relatar cómo transcurrían las vidas de esa gente que existía apenas, entre la miseria y la indigencia, ante un poder que ignoraba su pequeñez.
Detrás de Caamaño, detrás del coronel Fernández Domínguez y de todos los héroes que encabezaron este movimiento, que se jugaron la vida en una fiera lucha contra un enemigo superior y no tuvieron miedo, aunque sabían que terminarían derrotados, estuvo ese pueblo que aparece en esta obra de César Augusto Zapata, gente que trabaja, gente que arrastra creencias ancestrales, pero que sobrevive a pesar de todo.
Muchas veces, la única manera de interpretar o de entender los periodos más confusos y enrevesados de la historia de los pueblos suele ser a través de la imaginación, un elemento que César Augusto Zapata maneja con maestría para trazar una historia profundamente humana, que retrata el sufrimiento de un pueblo oprimido que se niega a dejar de creer en la libertad y, lo que es más importante, se niega a dejar de luchar por ese ideal absolutamente legítimo.
