Hablemos sobre curaduría II

Tal como comentamos en la pasada entrega, la curaduría es un oficio que, a pesar de considerarse como nuevo al oído de algunos, ya tiene bastante tiempo en el contexto cultural; su presencia es esencial en el proceso artístico.
El curador es una figura definitoria en la puesta en escena de lo que se pretende exhibir, pues tiene la capacidad de diagnosticar tendencias, inclinaciones y tensiones propias de la cultura y el arte. Es facultad del curador propiciar lecturas sobre las propuestas del artista o colectivo, a fin de conectar al público con las obras.

Sin embargo, para generar un discurso comprensible en torno a la producción visual que se pretenda abordar, es imperativo un juicio hermenéutico por medio del cual aflore la sinergia entre: curador (es), artista (s), las obras y el público.

El curador deviene como un propiciador de lecturas coherentes que excede el análisis de las piezas en sí, pues más bien procura una visión general acorde con los procesos actuales.

Lo antes expuesto obedece a que no siempre se tiene contacto directo con el artista, por lo que no se conoce de modo concreto el móvil que ha inspirado la creación artística. Así que, en base a la experiencia, la formación en historia del arte, los estudios culturales, los fundamentos de la forma y, la estética en tanto filosofía del arte, se logra consolidar una propuesta equilibrada sobre el conjunto.

A grandes rasgos, la curaduría comprende tres dimensiones importantes, a saber: la axiológica (interpretación del valor de las obras), la expositiva (puesta en escena del conjunto de piezas) y la hermenéutica (interpretación de las obras).

El curador, tiene el mérito de aportar los criterios rectores para la formación de colecciones institucionales, corporativas, privadas o particulares, teniendo como apoyo la museografía, la crítica de arte y la gestión cultural.

De modo que la curaduría es un oficio de intermediación, estrechamente vinculado a la crítica, que agrega un grado de especialización mayor en el campo de la difusión cultural. Para desempeñar con éxito las funciones de curador, se requiere de imaginación, conocimientos y vocación.

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