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El denominado “Salón de Otoño” empezó a celebrarse en París en 1903. Este tipo de exposiciones se han desarrollado con éxito en otros espacios, incluido Santo Domingo, amén de que tal vez la acepción muchas veces no se emplee oportunamente.

Ahora bien, estas iniciativas permiten aupar in situ las obras de los más prestigiosos exponentes de las artes visuales en un momento determinado con la libertad de que no se sigue un orden en específico, pues hay libertad compositiva y estilística.

De modo pues que al revisar el catálogo del “Salón de Otoño 86” de Mi Galería en Santo Domingo, la cual se desarrolló bajo la coordinación del artista Daniel Henríquez, para nuestra sorpresa, además de confirmar la presencia de estos modelos de proyección para el arte, nos encontramos con una pieza de Iván Tovar de temprana factura.

Es muy probable que el artista haya sido invitado en 1986 y que, al no contar con obras disponibles en su taller, decidiera participar por medio de una creación que bien pudo ser cedida por alguno de sus coleccionistas.

Se trata de la obra “Sin título” fechada en 1965, de unos 62.5 x 37 cm, correspondiente a un dibujo aguada, en el que el artista se auxilió de celulosa, óleo, carboncillo, lápiz y crayón. Y, aunque se encuentra en blanco y negro en el catálogo, poder apreciarla a color es un espectáculo.

El solo hecho de estar frente a la pieza, imprime una sensación exploratoria que permite recorrer la línea del dibujo en busca de significados y significantes. Pareciera una combinación perfecta entre lo humano y lo animal.

Mediante la pieza, el artista dejó fluir las referencias del entorno, transmutando los fragmentos de sus proyecciones internas. Así, porque varios elementos concatenados forman el todo.

Hay que tener en cuenta que en la primera mitad de la década de 1960, Tovar estaba dando forma a su estilo. Increíblemente, se las ingenió para combinar la planimetría del fondo con la volumetría de la forma, lo que va a marcar buena parte de su producción visual.

Posted in Crítica Arte
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