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A finales de la década de 1980, el galerista Ranier Sebelén logró insertar la obra de Tovar en numerosas muestras colectivas como Expo Miramar que tuvo varias ediciones. También, en la exposición “100 Años de la Pintura Dominicana” en Casa de Bastidas con motivo de la celebración del centenario de la marca de ron Brugal, donde Sebelén fungió como miembro de la directiva para la organización del evento.

Asimismo, el galerista se ocupó de coordinar una colectiva muy especial para Tovar en 1988, teniendo como escenario los salones del Ayuntamiento municipal de su natal San Francisco de Macorís. La muestra fue comisariada por Abil Peralta Agüero y contó con la museografía de don Justo Liberato (fallecido).

Por aquel entonces, Tovar se enfocó en hacer esculturas en gran formato en hierro forjado en su taller de Haina y recibió una tentativa oferta para vender toda su propuesta tridimensional al coleccionista Isaac Rudman.

Sebelén continuó manejando sus pinturas. No obstante, luego, Isaac Lif, el socio de Rudman en Radiocentro, se encaprichó por conocer a Tovar y convertirse en el apoderado exclusivo de sus pinturas, sobre todo, porque sabía que se trataba de un artista bien posicionado y que valoraba su trabajo.

Isaac Lif le insiste a Sebelén que quería conocer al artista, quien en principio estaba negado. Luego de mucho insistir y negociar, Tovar aceptó.

Se hizo un acuerdo entre Tovar, Lif y Sebelén por unos cuatrocientos mil pesos (RD$400,000.00). El contrato fue a través del abogado Antonio López Rodríguez (Tony) que era compadre de Tovar, testigo de su boda con María Castillo. El coleccionista le adelantó el monto de referencia y, luego, le descontaba un 50 % del valor de cada obra. Se fijaron los cuadros 81 x 100 cm en treinta mil pesos (RD$30,000.00) en el taller del artista y, en cuarenta y cinco mil pesos (RD$45,000.00) los 101 x 127 cm. En caso de que se quisiera trabajar en otras dimensiones, los firmantes del contrato debían estar de acuerdo. Continuará.

Posted in Crítica Arte
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