Joker (2 de 2)

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Un filme está mucho más ligado con la propia expresión individual del artista. No representa un objeto de la realidad o la naturaleza, es lo que ves y cómo lo procesas.
La primera impresión con Joker fue descifrar su propensión al dadaísmo (es escepticismo en la sociedad, arte de contenido anárquico). Así el filme resulta dadaísta en el sentido nihilista de la visión de Nietzsche que señala al individuo que da la espalda a la realidad e intenta un acceso por medio de otra cosa, se desprende del ambiente terrenal. Joker reniega de su propia realidad y construye la propia donde posea control arbitrario. Su payaso, profana su máscara dándole un carácter terrorífico a un personaje (tradicional de la festividad donde el arlequín era el bufón de la corte, hoy es también señal de verdugo). La máscara del joker de Joaquín Phoenix tiende al dolor que nace en sí mismo, en su otro yo. Su careta desluce así toda creación referente anterior a la suya. Le da sentido (la más impactante es la que muestra en toda su dolencia en la escena del metro cuando es atacado por tres individuos). Su creación responde a la pérdida de su identidad (expresión del modernismo). También notamos el surrealismo, instigado por la dirección temeraria con perspectiva mixta y narrativa compleja donde cada quien tendrá su propia reacción. La narrativa resulta así poliédrica, un calidoscopio visual, con una agraciada paleta de colores matizada por el verde –en la paleta de colores hay preponderancia de azul, amarillo y verde. Se sabe que azul con amarillo es verde. El filme es verde, relleno de los colores primarios que lo integran–. En conjunto llama la atención esa realidad multifacética y despótica que saca su entelequia estética del caos mundano. De ahí que la interpretación del Joker de Phoenix exprese esa absurdidad en la interrupción de un ser fragmentario, disforme; tan amorfo como los formidables instantes en la banda sonora que es lo único que completa la estética del personaje tan elocuente en sus escenas bailoteadas. Teatral en su composición, esta interpretación es en esencia una ruptura estilística. Es por tanto, esta actuación lo único expresivamente maduro e inteligente de todo el filme, aunque por momentos sabiamente expresivo en su metáfora apolítica. Hay quien diga que es una alegoría –es más que eso–. Es un filme cruel en su representación del mal humano. Y en cierta medida, distintivo de un mundo distópico y amoral que justifica a la extrema derecha.

HHHH Género: Drama psicológico. Duración: 121 minutos

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