Ala luz de los acontecimientos actuales de la guerra iniciada por EE.UU.-Israel contra Irán quizás podríamos entender de una buena vez el carácter ideológico del cine en su labor de lavado de cerebro de grandes plateas. Este filme es uno de esos productos que preparan el terreno cultural para que aceptemos ciertas políticas exteriores que hoy continúan produciendo narrativas audiovisuales que justifiquen intervenciones militares o alianzas estratégicas. En los años 60 dominicanos pudimos constatar, percibir, entender mucho mejor esta realidad, sobre todo con la intervención militar del ejército estadounidense en la guerra civil de 1965. Lo vimos con estos ojos que se los van a tragar la tierra. El cine y filmes como Lawrence de Arabia se plantan como un brazo cultural del poder, moldean percepciones antes de que los hechos políticos se consumen. Verbigracia de cómo al ejército y a la policía de RD se les ofrecía en bandeja de plata en salas de cine exclusivas para ellos. Si hay gente que apoya una guerra como la que nos afecta sobremanera ahora se debe a ese resultado del trabajo en predisponer a las masas a aceptar guerras y proyectos imperiales. Pues bien, en este filme hay una escena en el minuto 10 que presenta de entrada el carácter mítico del protagonista, es la escena de la cerilla. Vamos viendo que es un héroe carismático que apaga cerillas con los dedos, que lidera una batalla con camellos al galope; un oficial rubio inglés aclamado como libertador que enseña a los árabes cómo luchar, que nos retrotrae a la forma en cómo ese cine épico contrabandea sus mentiras. Entierran culturas milenarias bajo una guerra narrativa que viéndola en las noticias y los videos en las redes sociales contra Irán, verbigracia, le entran como la conga a la culturas como la persa —poesía milenaria, arquitectura de Isfahán, cine de Abbas Kiarostami y Asghar Farhadi— para reducirla a un régimen de ayatolás e imponer una libertad y una democracia dirigida por los Lawrence del siglo XXI y que ellos mismos deciden el concepto. En el filme hay una significativa secuencia en la que Lawrence ordena atacar a los turcos en una matanza “sin prisioneros” y, como es el protagonista, no se le ve como villano (que así actúan en el cine), pero no, es el heroico Lawrence. Eso se llama hegemonía cultural, que se transcribe en una forma de “consentimiento fabricado”, donde los dominados internalizan la visión del mundo de los dominadores. En Netflix.
HHH Género: Cine épico histórico. Duración: 226 minutos
