The Trial of the Chicago 7

Aficionados como somos a dramas judiciales tan sustanciosos como este, no se puede dejar pasar por alto uno de los juicios más emblemáticos de la historia reciente: el proceso contra siete jóvenes activistas, acusados de conspiración e incitación a la violencia tras las protestas contra la guerra de Vietnam en 1968. Lo que comenzó como una manifestación terminó convirtiéndose en un espectáculo político que sacudió los cimientos del sistema judicial estadounidense. La trama que gira en torno al juicio del gobierno estadounidense —con Richard Nixon— contra siete jóvenes a quienes se acusó de liderar un movimiento conspirativo y de incitación a la violencia, durante mítines sociales ocurridos en el otoño de 1968. EE. UU. pasaba por algunos de los acontecimientos más importantes, tales como los asesinatos de Martin Luther King y Robert F. Kennedy, el incremento de la lucha por los derechos civiles y el rechazo generalizado a la guerra de Vietnam, lo que hizo causa común entre hippies, negros, mujeres y estudiantes. Pues bien, durante la Convención Nacional Demócrata en Chicago, los manifestantes colisionan con la policía. Fueron arrestadas ocho personas, pero la demanda del octavo fue juzgada por separado. El juicio se prolongó durante 5 meses. La narrativa se apega con fuerza alrededor de Abbie Hoffman, con su grupo de hippies, de Jerry Rubin liderando la tribu de la contracultura y de Tom Hayden, líder de la organización de estudiantes de clase media. Con el uso de un diligente lawfare (guerra jurídica), se nos presenta la judicialización de las ideas, del discurso político y de las libertades de protestar. La materia prima es vigorosa para el guion lúcido, con una dinámica que logra conectar con el público, puesto que desde el inicio los personajes son mostrados rigurosamente caracterizados sin caer en estereotipos. La estrategia para impactar se afianza del juez Hoffman con su modo perverso y autoritario que condena a estos jóvenes de obvia afición liberal. De todos, es el personaje más bien puesto y elaborado. En eso el director fue perspicaz, ya que el resto de la película es un tanto inverosímil en su unidad, y obvio que es con el fin de subrayar el acoso político. Hay que destacar que lo más meritorio en términos cinematográficos y de puesta en escena, con la interpretación del actor Frank Langella como el juez Julius Hoffman, que tal parecería que todo el filme se hizo para que se luciera y nos generara tanta tirria como la que en la historia real produce aún hoy con su retorcida conducta. En Netflix.

HHH Género: drama judicial. Duración: 129 minutos

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