Trinitarios

Es una miniserie producida por RTVD en su tránsito hacia una televisión pública real y es, por tanto, una declaración de principios. Pero empecemos citando a Avatar (2009), que nos mostró un nuevo camino con su carácter de enciclopedia visual. Su desarrollo de la captura de movimiento facial, el 3D estereoscópico y el uso de “Simulcam” fueron más que avances técnicos; fueron una declaración de principios: la construcción de mundos completos donde se fusionaban lo emocional y lo digital. Pasó el tiempo y solamente lo veíamos asociado a blockbuster de ciencia ficción. Y muy humildemente se posó en la cabeza de varios dominicanos que buscaban el preciso resultado que hoy tenemos con “Trinitarios”, que más que mostrarnos la fiera actitud de quienes se niegan a vivir indignamente, como ocurrió con las luchas independentistas de 1844, es en sí un manifiesto audiovisual que señala hacia el horizonte donde se contarán historias reales mediante el poder de la animación. Constatamos que esta miniserie, como Avatar, usa la tecnología al servicio de una narrativa que genera conexión emocional. En vez de dirigirse hacia el cine de evasión, Trinitarios se va a la acera de enfrente: la inmersión en nuestros orígenes como nación que se quiere libre e independiente de toda potencia extranjera. La humanidad vibrante del líder Juan Pablo Duarte y Diez ya no es la estatua y –como en el filme Duarte, traición y gloria– vemos la determinación en rostros digitales. Quizás o sin quizás para las nuevas generaciones, nativas de un lenguaje hipermediático, es el puente perfecto como “realismo emocional”. Y es que la animación, como los cómics, es un vehículo pedagógico de primera línea. Ante nuestros ojos se transforma esa compleja trama política que fue la Sociedad Secreta La Trinitaria en una clara narrativa visual memorable y dinámica. Los gringos crearon un mundo alienígeno en cuanto RTVD reconstruye un mundo perdido: el de las coloniales calles y fachadas del siglo 19 y las clandestinas reuniones trinitarias. Demuestra que esta herramienta dejó de ser un coto exclusivo de poderosos estudios. Es accesible para dar a nuestra historia el tratamiento épico y emocionante que merece. Ha dejado de ser un género menor del cine y se convierte en herramienta de preservación cultural y educación cívica. ¿Hay un legado más valioso de revolución técnica que el de Avatar? Sí. La capacidad de contar nuestra historia con semejante o parecido poderío visual con el que se cuentan ficciones. Y lo más crucial: convierte nuestra memoria nacional en experiencia viva y, sobre todo, imborrable.
HHHHH Género: miniserie animada.

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