El País Trinitario, de Rafael García Bidó

El nuevo pensamiento dominicano tiene en el poeta e investigador Rafael García Bidó uno de sus principales exponentes, con una visión renovada del acontecer histórico, cultural y espiritual de la dominicanidad. Tras la publicación de investigaciones sobre la sociedad aborigen antes de la colonización, el escritor petromacorisano acaba sacar de la imprenta su libro República Dominicana: El País Trinitario, en el que defiende la tesis de que el estilo de organización utilizado por los fundadores de la nación se origina en las raíces de lo que hemos sido como pueblo con características muy particulares.

García Bidó demuestra que la “trinidad dominicana” se observa en la composición de tres razas fundamentales, negra, blanca y taína, como ya lo cantó hace tiempo Juan Luis Guerra. Refuerza el argumento resaltando las tres estatuas que se yerguen frente al Museo del Hombre Dominicano, del africano Sebastián Lembá, el español Fray Bartolomé de las Casas y del indígena Enriquillo.

Para el autor, el país es trinitario con creencias populares en Alta Gracia, de origen español; Anaísa, africana y Atabey, aborigen. Los nombres de personas, objetos y lugares son energía, que, al abandonarse con la nueva civilización, dejan de tener efecto en los habitantes. “Los nombres propios taínos desaparecieron primero que los mismos taínos. A todo indio bautizado se le cambiaba el nombre”, comenta. Debieron transcurrir 300 años después del 1492 para que el romanticismo, con su teoría del “buen salvaje”, rescatara los nombres indígenas, hasta el punto de que, en el caso dominicano, los hijos volvieron a llamarse Ambiorix, Anacaona, Caonex, Caonabo, Cotubanamá, Guarina, Guarién, Guarionex, Guaroa, Guarocuya, Hatuey, Higuaniona, Mairení, Mayobanex, Onaney, Ozema y Quisqueya, entre muchos otros.

En República Dominicana: El país Trinitario, se comprueba que en la etapa reciente tuvo tres padres de la política, Bosch, Peña y Balaguer. En lo religioso, el mulataje criollo practica el cristianismo en sus diferentes denominaciones, cultos de origen africano como el de Ogún Balenyó y originales como el olivorismo, de Olivorio Mateo, extendiendo así su condición trinitaria.

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