Con solo observar detenidamente la portada de La crueldad alegre: La música y el poder; Una historia sonora de la dictadura de Trujillo, ensayo de investigación publicado por el laureado académico Darío Tejeda con el patrocinio del Archivo General de la Nación, el lector crítico recibe la impresión de que disfrutará de un enfoque novedoso sobre la compleja realidad que vivió el país durante la dictadura de Trujillo (1930-1961), tema que la intelectualidad dominicana ha tratado con una serie de prejuicios que impiden llegar a conclusiones saludables sobre sus causas y consecuencias.
En medio de una democracia melancólica, como la que se ha vivido tras la caída de la dictadura, el investigador Tejeda descubre “la crueldad alegre” de la Era, con la musicalización de la sociedad que acompañó a bailar al dictador, cuyo régimen dio importancia a la música popular, como parte de su estrategia para conservar el poder personal y su proyecto de nación.
Sin ignorar las crueldades de un modelo gubernamental que surgió tras un largo desorden social, el autor del enjundioso ensayo demuestra que Trujillo no fue un “lobo estepario” como el de Hermann Hesse, sino un “lobo gregario” que disfrutaba del baile, lo mismo que quien fuera su yerno, el play boy Porfirio Rubirosa, con quien se encontrara en una de esas parrandas y luego lo nombrara en la embajada de Alemania, con su hija Flor de Oro como su primera esposa en la larga lista de millonarias conquistadas.
Por más propagada que esté la narrativa maniquea sobre la dictadura trujillista, obras como la de Tejeda demuestran que la música, disfrutada por la población junto al “Jefe”, jugó un papel trascendental para el ascenso, consolidación y duración del régimen. Nombres como Luis Alberti, Francis Santana, Rafael Solano, Guandulito, Joseíto Mateo, Casandra Damirón y Elenita Santos, junto a otros grandes artistas nacionales y extranjeros brillaron en el cielo multicolor de la dictadura.
Una basta bibliografía de autores universales sustenta la tesis convincente de “La crueldad alegre”, apegada al rigor histórico científico.
