Rebelión poética en el enfermo siglo XXI

Un año antes de que la peste del coronavirus nos obligara al confinamiento y la virtualidad, se publicó en el país la antología de la Séptima Semana Internacional de la Poesía, cuyos participantes dejaron claro de que su quehacer está umbilicalmente vinculado a la rebeldía, en medio del “capitalismo salvaje” que reduce a los humanos a la condición de simples consumidores, sometidos por los designios del “Dios mercado” a simples objetos de la oferta y la demanda. De manera que el ambiente de la llamada era posmoderna resulta hostil para los poetas y los auténticos artistas en general.

Orlando Muñoz, oriundo de la provincia Valverde, uno de los 56 antologados, nacionales y extranjeros, canta en una de sus creaciones: “Poetas, amigos poetas…Luego de la catástrofes,/ ¿en verdad queréis volver a escribir algún poema?”. En la presentación que titula “Poesía y anhelo ante la palabra herida”, con la que demuestra la unidad temática de la antología, Jochy Herrera dice que la crítica “ha desnudado certeramente algunos de los rasgos de la crisis de la poesía contemporánea”, en un sistema que ha utilizado la tecnología para sus fines “que arrastra vertiginosamente toda intención cuestionadora, y con ella, por supuesto, todo rastro de memoria”.

Como una forma de reivindicar la acción poética, el presentador expresa que, profetas o arúspices, “los autores aquí reunidos reparten a los cuatro vientos, como las lluvias de estrellas en una clara noche primaveral, irrebatibles declaraciones sobre el devenir de los códigos éticos contemporáneos a favor de las voces que claman el digno respeto a la vida”.

De su lado, Chiqui Vicoso, en Luz de ciertas horas; Poemas para el regreso, proclama: “La poesía es el canal que irriga/ Todos los sentidos donde la creatividad mora/ Espacio que revela los caminos interiores/ Donde la memoria es apenas el lugar/ Para un infatigable corazón que nunca envejece”.

En 435 páginas, poetas nigerianos, mexicanos, puertorriqueños, argentinos, haitianos, italianos, salvadoreños, bolivianos, guadalupanos y dominicanos, cantan a una sola voz, junto a Mateo Morrison, el inspirador.

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