Salomón versificado por Juan Carlos Mieses

Entre las prácticas poéticas desterradas por los vanguardismos que predominaron desde principios del siglo XX estuvieron la rima y la métrica. Toda creación con esos recursos que el clasicismo exigía como imprescindibles fue calificada por los movimientos en boga como decadente. Es por eso que nos resulta sorprendente el reciente poemario del poeta dominicano Juan Carlos Mieses, Apocryphus: Variaciones en torno al Eclesiastés, en el que exhibe un dominio de la versificación con las exigencias clásicas, al estilo del romántico español Gustavo Adolfo Bécquer.

Dividido en doce capítulos, Mieses retorna al lector a la nunca bien ponderada sabiduría del rey Salomón, quien llegó a plantear que en la vida todo es vanidad y que no hay nada nuevo bajo el sol, sentencias respetadas hasta el día de hoy tras más de dos milenios. “Todo, gloria, veleidades/ Poder, honor o renombre/ Es necedad. ¡Vanidad de vanidades,/ todo en la tierra del hombre/ Es vanidad”, canta el laureado poeta la vieja expresión salomónica.

El dominio del verso clásico, presente en todo el libro, le da nuevo sabor a la filosofía del sabio monarca, donde sostiene que “lo que ha sido en el pasado/ quedará como recuerdo/ de ilusión;/ ya todo ha sido creado;/ en verdad, no hay nada nuevo/ bajo el sol”. Y remata seguidamente: “Nunca falta alguien que dice: ‘Esto sí que es algo nuevo’,/ en realidad/ el tiempo lo contradice./ Aunque nos parezca un juego/ es la verdad”.

Las creaciones salomónicas ofrecen consejos dignos de ser tomados en cuenta en el complejo y estresante mundo que nos ha tocado vivir. “Aprovecha cada instante/ mientras segundo a segundo/ vas viviendo;/ no lo olvides, caminante,/ mientras vas girando el mundo/ vas muriendo”. En el mismo tenor, refiere: “El hombre es un ser finito./ No puede todo saber/ ni todo oír./ Como el mundo es infinito/ siempre queda algo por ver/ y descubrir”.

Congratulamos a la Editorial Santuario, empresa responsable de la edición de Apocryphus: Variaciones del Eclesiastés, por retornarnos al verso clásico algo olvidado.

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